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domingo, 3 de agosto de 2008

"Servir a los demás"


Alfonso Aguiló
www.interrogantes.net

"Siempre tiene su retorno..."

Una noche de tormenta, hace ya bastantes años, un matrimonio mayor entró en la recepción de un pequeño hotel en Filadelfia. Se aproximaron al mostrador y preguntaron: "¿Puede darnos una habitación?".

El empleado, un hombre atento y de movimientos rápidos, les dijo: "Lo siento de verdad, pero hoy se celebran tres convenciones simultáneas en la ciudad. Todas nuestras habitaciones y las de los demás hoteles cercanos están ocupadas.” El matrimonio manifestó discretamente su agobio, pues era difícil que a esa hora y con ese tiempo tan horroroso pudieran encontrar dónde pasar la noche. El empleado entonces les dijo: "Miren..., no puedo dejarles marchar sin más con este aguacero. Si ustedes aceptan la incomodidad, puedo ofrecerles mi propia habitación. Yo me arreglaré con el sillón de la oficina, pues tengo que estar toda la noche pendiente de lo que pase.”

El matrimonio rechazó el ofrecimiento, pues les parecía abusar de la cortesía de aquel hombre. Pero el empleado insistió con cordialidad y finalmente ocuparon su habitación. A la mañana siguiente, al pagar la estancia, aquel hombre dijo al empleado: "Usted es el tipo de gerente que yo tendría en mi propio hotel. Quizás algún día construya uno para devolverle el favor que hoy nos ha hecho". Él tomó la frase como un cumplido y se despidieron amistosamente.

Pasados dos años, recibió una carta de aquel hombre, donde le recordaba la anécdota y le enviaba un billete de ida y vuelta a New York, con la petición expresa de que por favor acudiese. Con cierta curiosidad, aceptó el ofrecimiento. Después de un breve recorrido, el hombre mayor le condujo hasta la esquina de la Quinta Avenida y la calle 34, señaló un imponente edificio con fachada de piedra rojiza y le dijo: "Este es el hotel que estoy construyendo para usted". El empleado le miró con asombro: "¿Es una broma, verdad?". "Puedo asegurarle que no", le contestó. Así fue como William Waldorf Astor construyó el Waldorf Astoria original y contrató a su primer gerente, de nombre George C. Boldt.

Es evidente que Boldt no podía imaginar que su vida estaba cambiando para siempre cuando tuvo el detalle al atender cortesmente al viejo Waldorf Astor en aquella noche tormentosa en Filadelfia. Pero lo sucedido es una muestra de cómo servir a los demás es algo que siempre tiene un buen retorno, sobre todo cuando uno no lo busca ni lo espera.

Pero contemplando a los demás

La amistad, el amor, la felicidad y el servicio a los demás, son realidades muy vinculadas. Nadie puede asegurarnos la felicidad, pero lo que a cada uno corresponde es procurar merecerla. La felicidad es como el premio de la virtud. Por eso decía Platón que “si el semblante de la virtud pudiera verse, enamoraría a todos”.

Mejorar en nuestra propia virtud —y ser por tanto personas más sinceras, leales, generosas, pacientes o trabajadoras—, no debe ser un empeño narcisista, ni una búsqueda ansiosa de la propia excelencia que acaba en una obstinación egoísta y ridícula. La mejora personal no se alcanza cuando se considera un fin en sí misma, sino cuando nos apremia la necesidad de tratar bien a las personas.

Habituarse a pensar en los demás y a prestarles ayuda, sin servilismos, es una buena forma de superar ese sentimentalismo bobalicón que inicialmente exhala generosidad pero luego se echa atrás, siempre con muy razonados motivos, cuando llega el momento diario de la verdad. A medida que las personas adquirimos la madurez y la libertad necesarias para superar los imperativos del egoísmo, se abre paso ese criterio de servicio que llena la vida de interés y de alegría espontáneas. Templar el propio yo, con sus deseos y sus miserias, purifica el espíritu de muchos pequeños motivos de tristeza que nacen del excesivo apego y preocupación por uno mismo.

sábado, 7 de junio de 2008

La Madonna de Stalingrado


La paz nace en Navidad
Por Elisabeth Reinhardt*

Con su segunda Encíclica Spe salvi, el papa Benedicto XVI nos ha despertado la esperanza; nos ha enseñado en qué y sobre todo en Quién podemos esperar. El Quién no es otro que el Verbo eterno del Padre encarnado en María Virgen que lo dió a luz en Navidad. Elisabeth Reinhardt nos ofrece un testimonio elocuente de cómo viviendo el sentido profundo de la Navidad, se encuentra la paz aún en las circunstancias más duras.


El nombre de Stalingrado evoca una de las batallas más cruentas de la Segunda Guerra Mundial. Esta ciudad situada a orillas del Volga se llamaba antiguamente Tsaritsyn, luego fue Stalingrado o "ciudad de Stalin" de 1925 a 1961, cuando se cambió a Volgogrado o "ciudad del Volga" durante la época de desestalinización.

Nos situamos en noviembre de 1942. Era pleno invierno en la cuenca del Volga. El sexto ejército alemán, en número de unos 220.000 hombres, había avanzado hasta Stalingrado. El plan de tomar la ciudad fracasó al avanzar el Ejército Rojo casi simultáneamente por tres flancos. Las órdenes desde Berlín continuaron inalterables, pues Hitler insistía en lograr la victoria, costara lo que costara. Las temperaturas descendieron de forma implacable, franqueando los veinte bajo cero. A finales de noviembre empezaron a escasear los víveres al quedar bloqueados los suministros, pues la nieve y el hielo impedían el aterrizaje de aviones. Aún estaba abierta una brecha de comunicación en el lado occidental del cerco, un espacio suficiente para emprender la retirada si el Führer lo consentía. El general Friedrich Paulus, que mandaba el sexto ejército, solicitó la orden de retirada, pero la contestación del mando supremo fue negativa. Hitler prometió refuerzo de tropas y suministros aéreos de alimentos. Los combates alemanes se redujeron a débiles esfuerzos por resistir, mientras fue aumentando el número de víctimas mortales y de heridos. En diciembre la ración diaria de alimentos por cabeza se había reducido a 300 gramos de pan, tres cigarrillos, 15 gramos de margarina y 40 gramos de miel sintética. Se servía una vez al día sopa de agua caliente con reminiscencias de carne de caballo y alguna patata.

El 24 de diciembre por la tarde, Kurt Reuber, médico encargado de la unidad de acorazados, regresó a su barracón después de atender a los heridos. "Es Noche Buena", pensó, noche de luz, de paz y de amor. Era fuerte la tentación de tomarse el trozo de pan duro reservado para ese momento y acurrucarse cerca de la estufa de hierro que funcionaba a media potencia debido a la escasez de combustible. Los demás soldados aún no habían regresado de las trincheras. El Dr. Reuber, además de médico, era pastor luterano y licenciado en teología, y le gustaba pintar. Se acordó de su esposa y de la comunidad de creyentes que había atendido en un pueblo cerca de Göttingen antes de ser reclutado para el ejército. Por un momento su rostro marcado por el sufrimiento perdió la tensión habitual. También para nosotros es Navidad, pensó. La palabra “nosotros” estimuló su ingenio: quería sorprender a los demás con un dibujo navideño. A falta de papel desdobló el mapa ruso que llevaba en la mochila, y con uno de los carboncillos que conservaba hizo un dibujo. Los trazos negros sobre el mapa, hechos con los dedos entumecidos de frío, fueron construyendo la imagen de la Virgen María, sedente, con el niño en brazos, al que abriga cuidadosamente con su manto. Alrededor del dibujo el Dr. Reuber puso las palabras: "1942 Weihnachten im Kessel. Licht - Leben - Liebe. Festung Stalingrad" (1942 Navidad en el cerco. Luz - Vida - Amor. Fuerte de Stalingrado). Delante de la imagen colocó un cabo de vela. Los soldados que fueron llegando a la barraca experimentaron un ambiente acogedor. Se pusieron en semicírculo ante la imagen y cantaron “Noche de paz”. Uno de ellos sacó de su mochila una armónica que siempre llevaba y empezó a tocar villancicos y melodías de su tierra, la región de la Selva Negra. Fueron recordando Navidades de otros tiempos, cuando eran niños. Sacaron los restos de víveres y cigarrillos que habían guardado para tiempos todavía peores, y en un instante todo era de todos. Cuando se fueron a dormir notaron menos que otras veces el frío que penetraba por las rendijas que no habían logrado cerrar del todo.

El día de Navidad de 1942 murieron en Stalingrado 1280 soldados del sexto ejército. El prometido suministro de víveres no pudo llegar por la imposibilidad de aterrizar, y los paquetes tirados desde el aire no siempre alcanzaban su destino. En enero de 1943, el general Paulus solicitó cada vez con más insistencia el permiso para la rendición, pero el Führer se negó. Por fin, el 30 de enero se rindió Paulus, después de recibir la sarcástica noticia de parte de Hitler, de su ascenso a mariscal de campo. Cayeron prisioneros unos 113.000 soldados alemanes, de los que sólo unos miles sobrevivieron la cautividad.

El Dr. Reuber cayó prisionero y murió el 21 de enero de 1944 en el campo de Yelabuga, mil kilómetros al este de Moscú. Antes de su cautividad logró enviar la “Madonna de Stalingrado” y una carta a su esposa, a través del cerco. A propósito del dibujo escribió: “Madre e Hijo están inclinados el uno hacia el otro, envueltos en un gran manto, que protege a ambos. Me vinieron a la mente las palabras de San Juan: Luz, Vida, Amor”. Esta imagen de la Virgen, bajo la advocación de "Stalingrad-Madonna", se encuentra desde 1983 en la iglesia memorial (Kaiser-Wilhelm-Gedächtniskirche) de Berlín, una iglesia luterana bombardeada en 1943 que se reconstruyó sólo en parte, para recordar el terror de la guerra y exhortar a la paz.

*Profesora de Historia de la Teologia Medieval
Universidad de Navarra Departamento de Teología Histórica

martes, 20 de mayo de 2008

El dolor



Tanya era una niña conducida a su consultorio con un vendaje sobre un tobillo dislocado. El medico lo movió en una y en otra dirección. Llegó a hacer ciertos movimientos extremos, pero Tanya no notaba ningún dolor. Sacó entonces el vendaje y descubrió que su pie estaba infectado con llagas en ambos pies. Nuevamente examinó el pie, profundizó las heridas hasta llegar al hueso. El Doctor quería ver si había alguna reacción en Tanya, pero ella se mostraba más bien aburrida. Su madre entonces le contó al doctor algunos episodios de Tanya cuando tenía dos años: "Pocos minutos después fui a la habitación de Tanya y la encontré sentada en el suelo. Dibujaba remolinos rojos con sus dedos sobre un plástico. Al principio no me di cuenta, pero cuando me acerqué grité espantada. Era algo horrible. Tanya se había cortado la punta de su dedo y estaba sangrando y esa era la tinta que estaba utilizando para hacer sus diseños. Grité horrorizada: "Tanya, ¿qué pasa?" Ella me sonrió y allí comprendí todo al ver la sangre manchando sus dientecitos. Ella misma se había mordido el dedo y estaba jugando con su sangre. Durante varios meses los padres de Tanya trataron de que no se mordiera los dedos. Pero ella se los fue mordiendo todos, uno por uno. El padre llegó a llamarle "El Monstruo". El Dr. Brand escribe: "Tanya no es un monstruo, sino un ejemplo extremo -una metáfora humana- de lo que puede ser la vida sin dolor. La vida sin dolor nos puede producir un daño enorme. El dolor nos indica que estamos enfermos y que necesitamos ser curados". Si no existiera el dolor, la salud sería imposible. Y algo semejante sucede en la vida del espíritu.

domingo, 18 de mayo de 2008

Mi guerra con Dios



Testimonio de Ángela de la Comunidad "Nuovi Orizzonti". Festival de Jóvenes Medjugorje 2006. Hace poco tiempo, el Padre Ljubo me pregunto si estaba dispuesta a compartirles mi historia. Y les puedo garantizar que no es fácil. Pero cuando se experimenta el amor de Dios, se aprende que no se puede guardar para uno mismo. Yo llevo 10 años viviendo esta forma de amor. Llevando el amor a quienes no conocen el amor de Dios. La comunidad nace en 1984 de Chiara Amirante, que comienza a llevar la palabra de Dios a los puntos de muerte de la ciudad de Roma. Tantos jóvenes que no conocían la palabra de Dios le pedían "Clara sácanos de este infierno".

Yo llevo 10 años, tengo 38 años y cuando entré a la comunidad no creía absolutamente en Dios. Creía que los sacerdotes y las religiosas se hacían sacerdotes y religiosas por la falta de trabajo. Veía una Iglesia que solo daba reglas. Una Iglesia que prohibía todo. Pero había una pregunta que me hacia: "Si es verdad que Dios es amor, por qué en el mundo hay sufrimiento?". Y con el sufrimiento tuve contacto apenas nací. Porque mi papa y mi mama me abandonaron en un hospital recién nacida. Viví mis primeros 6 años de vida en un orfanato. Dos meses después de mi adopción el instituto fue clausurado por maltrato a menores. Yo había conocido todo menos el amor. Y cuando un niño no conoce el amor es difícil que de adulto sepa dar amor. Crecí rebelde. En la escuela era instrumento de santificación para los profesores. Un día iba a la escuela y dos me suspendían.

Origen y primeras experiencias

A los 18 años eres mayor de edad en Italia, así que me fui de casa. Pude hacerlo porque tenía un trabajo, una ocupación. Yo soy una ex chef internacional de cocina. Comencé a trabajar en Italia y el resto de Europa. El dinero empezó a ser el Dios de mi vida. Entre más tenia, mas quería tener. Pero a fin de mes no quedaba nada. Todo lo que pertenece al mundo de la afectividad era un desastre. Tenía novios en base a la estación del año. Por lo tanto, tenía un novio para la estación invernal y otro para el verano. Y me decía, por lo pronto yo el corazón no lo meto. Pero cada vez era una herida más que dejaba al corazón muy lastimado.

Un duro golpe

Finalmente me enamoro de una persona que todas las madres de familia soñarían para su propia hija, inteligente, bueno, perfecto. Pero tenía un pequeño defecto: era un católico, un católico convencido. Y empezó a hablarme de Dios. Y le dije: "Escucha Luca las relaciones de 3 no funcionan, somos tu y yo y punto. Dios debe estar fuera". El fingió seguirme la corriente. Después de 2 años, una noche viene a mi casa y me dice: escucha Ángela, hablé con mi padre espiritual porque tengo intención de casarme contigo. Yo lo observé un poco perpleja pero por un solo motivo, porque no sabía qué era un padre espiritual. Y le respondí: "Vamos al registro de la ciudad, una cita, dos firmas y estamos casados". Y me dijo: "No, para mí es importante el sacramento del matrimonio. Nos dan la posibilidad de efectuar un matrimonio mixto donde tu declares ser no creyente pero yo puedo casarme contigo dentro de la Iglesia". Entonces mi siguiente pregunta fue: "Y esto cuánto cuesta?". "Nada". Por lo tanto, pensé, no cuesta nada, la imagen no la pierdo, puedo hacerlo. Puse una condición: "Tú organizas la boda".

El comenzó a organizar la boda, pero de repente se enferma, se enferma gravemente... Después de una serie de análisis, nos dicen que debido a una transfusión de sangre había contraído el HIV, tenía SIDA. Sentencia: ni un año de vida. Y ahí entro en contacto con la primera verdad de mi vida. Porque yo con el dinero hasta ese día había comprado todo y a todos. Pero una sola cosa no podía comprar, y esta era la vida. Y para mí fue una derrota. Luca partió para el paraíso 4 días antes del matrimonio. Y ahí se me derrumba el mundo… Recuerdo la tarde del funeral, yo estaba en una playa y dije: "Dios, si tú existes, yo te destruyo. Pero si tú no existes, pasaré mi vida diciéndole al mundo que no existes". Y ahí comenzó mi guerra con Dios.

Adónde llevan las sectas

Primero me acerqué a varias filosofías. Todo lo que era la New Age y Reiki. Pero no encontraba nada de la presencia de Dios. Hasta que un día una colega de trabajo me dijo que tal vez necesitaba ir a psicoterapia. Pensé: he probado todo, pruebo también esto. Y comencé a ir un día a la semana, dos días, tres días, cuatro veces por semana. La psicoterapia se convirtió en mi droga. No tenía la facultad de decidir nada de mi vida. Poco después la doctora me dice: sabes, Ángela, tal vez necesites hipnosis porque tenemos que entrar a lo más profundo de tus heridas. Le dije que sí. Desafortunadamente no estaba en situación de tomar ninguna decisión.

Desafortunadamente esta doctora era una sacerdotisa de una de las sectas satánicas más importantes de Italia. Ahí pasé dos años de mi vida. Dos años que me llevaron a perder mi dignidad de mujer, mi dignidad de ser humano. Solo el poder, solo el tener. Llegué a alcanzar la muerte del alma. La noche de Navidad de hace diez años, durante un rito, me dicen que hay una ciudad en Italia en la que puedo ir yo como líder, pero me dicen que tengo que demostrar mi pertenencia, mi afiliación. Y me dicen: "En Roma hay una joven, de nombre Chiara, que ha fundado hace poco tiempo una comunidad. Esta muy protegida por la Iglesia y para nosotros es un obstáculo. Si tu verdaderamente quieres pertenecer a nosotros y tener el poder, debes hacer una cosa: destruye Nuovi Orizzonti y mata a Chiara". Y acepté.

Parto para Roma la noche del 5 de Enero. Eran las 8 de la noche y Chiara estaba cenando. Toqué la puerta de la comunidad. Estaba segura de aquello que haría. Chiara cuenta siempre que en ese momento en su corazón escucho la voz de María que le decía: "Abre tú la puerta que es una hija mía que tiene una gran necesidad". Chiara se levantó y abrió la puerta y cuando abrió la puerta hizo una sola cosa. Me abrazó y me dijo: "Finalmente estás en casa". Es el abrazo que cambia mi vida. Un abrazo indeleble que llegó a mi corazón. Chiara me llevó a su habitación y hablamos un poco. Le entregué el arma y le dije: "Chiara, para mí ya no hay esperanza". Y me respondió: "Sí. Sí hay esperanza, porque el amor ha vencido a la muerte. Porque un hijo dio la vida por ti. Y Jesús te ama". Le dije: "Chiara, yo los conozco. Tengo pocos minutos. Ellos me matarán a mí y te matarán a ti". "No Ángela, no lo harán. Porque María te quiso en esta casa".

En la Iglesia Católica

Llamaron a un sacerdote, pues obviamente la primera cosa por hacer era una buena confesión. Debido a las actividades en las que estaba involucrada no me pudieron dar la absolución inmediatamente. Escribieron a la Santa Sede, a la Doctrina de la fe, mi historia. Y un cierto cardenal Ratzinger en pocos días respondió: "Hoy la Iglesia está de fiesta porque un Hijo ha regresado a casa". Con un permiso muy especial la noche del 27 de Enero, en la capilla de las hermanas de la Madre Teresa en Roma, pude recibir la comunión, pude consagrar mi corazón al Corazón Inmaculado de María, y pude hacer votos de pobreza, obediencia, castidad y la alegría de Cristo Resucitado. Y ahí comenzó mi camino. Mi camino de sanación. Donde ninguno había conseguido sanar ciertas heridas, solamente el amor de Jesús.

Pero había todavía una herida que no había podido sanar, y era la falta de una madre… porque me faltaba… Me faltaba cuando en Navidad todas la madres telefonaban y yo no recibía una llamada. Y entonces un día Chiara me envía a abrir un centro de ayuda a la vida. Un centro para jóvenes madres y menores en riesgo. Me fui con el entusiasmo de abrir una casa. Pero después de poco tiempo, empecé a recoger un grito de dolor. Madres que habían dado a luz en cárceles, que no sabían leer ni escribir, habían firmado ciertos documentos y una vez dado a luz el niño, les era arrebatado. Y entonces me decían: "Sabes, hoy tendría un hijo, pero está en alguna parte, tiene 8 años, nunca lo he visto". Comencé a recoger el grito de dolor de mujeres que habían abortado y me decían: "Sabes, hoy tendría un hijo pero lo asesiné".

La Cruz de Cristo

Por la noche, cuando llegaba frente a Jesús para entregarle todo este dolor. Empecé a escuchar una cosa en mi corazón: "Ángela, si hoy tú existes es porque tu madre dijo sí a la vida". Cuando se experimenta la misericordia de Dios, la primera cosa que se aprende es a no juzgar. Y yo no tenía ningún derecho de juzgar a mi madre. Porque si una madre llega a abandonar a un hijo es porque hay un gran dolor.

La ley italiana permite obtener información del propio origen. Encontré a mi madre. Comenzó a telefonearme y un día me sugirió conocernos personalmente. El 2 de Junio de 2004 partí para la ciudad donde ella vivía, para encontrarla. Y había dos partes de mí. Estaba la parte humana que decía finalmente podré llamar a alguien mamá. Pero había una parte operativa que me decía: Ángela, no sabes qué puedes encontrar allá. Mi error es que venció la parte humana. Pero el hombre propone y Dios dispone… porque pocos minutos después de encontrarnos, con una mirada que yo no le deseo ni a mi peor enemigo me dijo: "Tú para mi no has existido hasta ahora, no existes hoy, sal de mi vida". Yo no sé qué siente una madre cuando un hijo dice no al amor, pero les puedo decir lo que siente un hijo cuando una madre le dice no al amor…

Fue un gran dolor, regresé a Roma con Chiara y le dije: "Pero yo qué he hecho de malo a Jesús, trabajo para Él, por qué no me puede ayudar?", y Chira me respondió con una frase de Santa Teresa de Ávila a mi pregunta de por qué Jesús me trata así, me contestó: "Sabes, Ángela, a sus amigos los trata así". Y Santa Teresa había respondido: "Ahora entiendo por qué tienes tan pocos amigos"…

Una franca resistencia

Chiara me dijo: "Escucha, Ángela, tienes 20 días de vacaciones, hay un lugar al que puedes ir. Este lugar es Medjugorje, toma tus vacaciones y ve allá". Era el periodo del aniversario. Y pensé: yo a Medjugorje no voy. Mejor me pagas las vacaciones a Croacia que tiene un mar estupendo y un día voy a Medjugorje. Pero yo no voy a ir a meterme en las piedras, las colinas, el calor... Y ella me dijo: "Te recuerdo que tienes un voto de pobreza y un voto de obediencia. Y por obediencia vas a Medjugorje". Así que vine a Medjugorje.

Llego a Medjugorje. Y me daban pena los peregrinos. Porque decía: al menos ellos podrían ir al mar y no van. Yo estoy obligada a estar aquí. Los primeros 10 días no quise saber de nada. El undécimo día, cerca de la tienda verde, pasa la vidente Marija me saluda y me invita a una aparición. Y de golpe, riéndome, le contesto: "Escucha, Marija, la Virgen tiene que venir a mí porque yo no me muevo". Me observó un poco sorprendida y me dice: "De todas formas vienes".

Era al día siguiente en el Oasis de la Paz, estaba lleno de gente. Yo llego a las 6:20 p.m. y había gente que llevaba 2 o 3 horas esperando. Y yo decía: para qué llegar tan temprano, de todas formas no la veo. Llego al Oasis, pasa Marija, me toma por el brazo y me lleva con ella dentro de la capilla del Oasis. Y empieza la aparición. Me hizo arrodillarme, ella estaba al lado de mí. Yo veía a todos los peregrinos, y decía: "¡qué buenos, como rezan!", pero mi corazón estaba cerrado.

Por otro lado pensaba, no se podía estar al lado a un personaje como Marija y no verse afectado. De repente la observaba y veía que movía sus labios de vez en cuando, y en ese momento ¿saben cuál era mi preocupación? ¿Pero ella con la Virgen habla en italiano o en croata? Quince días después le hice esta pregunta y me dijo que hablaba en croata.

Contacto con lo divino

Pero en cierto momento sucedió una cosa, y se lo dice la persona más racional que existe. Empecé a sentir un calor en el cuerpo, era un calor que me envolvía, era como si algo me abrazara, pero lo más increíble era como si fuera un transplante de corazón y subrayo la palabra transplante porque no era un corazón reparado, era un corazón nuevo…

Termina la aparición, y yo continuaba repitiéndome, Ángela no ha pasado nada. Y entre más lo decía mejor me sentía. Marija se levanta e hizo lo que hace siempre, explica lo que ha sucedido. Delante a todos dice: "He presentado a la Virgen todas las intenciones de oración, la Virgen ha orado por ustedes, los ha bendecido" y después delante a todos me observa y me dice: "La Virgen hace suyo el dolor que llevas, pero a partir de hoy sólo Ella será tu Madre".

Marija de mi historia no sabia absolutamente nada. Salí de la capilla, Marija me toma por el brazo y nos vamos a casa. Y aún sin convencerme le hago una pregunta: ¿Marija, estabas ahí, tú en la capilla me viste? Y ella sonriendo me respondió: "Yo no, pero la Virgen sí". Y desde aquel día he sentido a María en mi vida.

He descubierto que cada vez que tengo el rosario en las manos es María quien me toma de la mano. Aquella tarde aprendí otra cosa, que era cierto que hasta ese día había trabajado para Dios. Pero que María quería que trabajara con Dios. Y otra cosa bellísima es que si yo quería llegar a ser santa, debería tomar a María como modelo de santidad. Y para un carácter como el mío no era fácil. No era fácil vivir la obediencia de María. No era fácil vivir la humildad de María. No era fácil vivir el silencio de María. El silencio de María bajo la cruz. María estaba bajo la cruz.

Un profundo en inexplicable cambio

Fue una experiencia bellísima. Porque descubrí que el dolor, puede ser transformado en amor por la humanidad. Cuando el Padre Ljubo me llamó, a través de Chiara, porque si hoy yo les hablo es porque me han autorizado a hacerlo, me imagino en el paraíso. Me imagino la Santísima Trinidad, con Maria, y los santos. ¡Cuantos se están formando en este momento!

Porque si aquella tarde yo dije que Dios no existe, después de 12 años puedo decirles que Dios existe. Por 8 años, viví en el silencio. Viví escondida. Pero hace 2 años, durante un capitulo general de la familia salesiana, Chiara y otras personas importantes me pidieron contar mi historia. Al principio tuve miedo. Pero cuando aprendes que la vida no te pertenece a ti, que la vida es un regalo..., hice este pacto con Jesús: "Jesús te ruego, si mi vida, mi historia, sirve a un solo joven a encontrar tu misericordia, daré mi vida por esto".

Seguridad en medio de la indigencia

Queridos Jóvenes: no tengan miedo al sufrimiento. El sufrimiento existe. El mundo nos enseña que no existe. El mundo nos enseña a cubrir el sufrimiento. Pero Jesús nos ha enseñado a vivirlo con Él. Lo que tiene clavado a Jesús a la cruz no son los clavos sino el amor especial que tiene por cada uno de nosotros… Les ruego, como decía San Francisco, no permitan que el amor de los amores no sea amado. Llevemos el amor de Dios a todo el mundo. La Madre Teresa decía: somos gotas en el mar, pero tantas gotas hacen un océano.

Queridos Jóvenes: como decía San Pedro, yo no tengo oro ni plata. Queridos Jóvenes: todo lo que tengo me llega de la Providencia, ni siquiera este rosario, me lo han dado. Queridos Jóvenes: yo no tengo nada. A diferencia de San Pedro, yo no hago milagros. Pero les puedo decir una cosa: que hay un Dios que ha dado la vida. Que hay un Dios que nos ama. Que debemos experimentar la alegría. La alegría de Cristo resucitado. Ese pedazo de pan que nosotros adoramos, ese pedazo de pan con el que nos nutrimos. Ahí está realmente el cuerpo de Jesús. Y lo digo con un gran dolor, porque los satanistas creen más que nosotros que ahí está el cuerpo de Jesús. Nosotros tenemos que empezar a creer. Tenemos que empezar a vivir a Jesús. San Pablo decía, no soy yo quien vivo, es Jesús quien vive en mí.

Entonces jóvenes, ya saben donde está la verdadera libertad. Está en una sola palabra, la verdadera libertad está en la obediencia. Y lo repito, no escapen al sufrimiento. Llévenlo con Jesús, y entonces ese sufrimiento se transformará en amor. Me despido con una frase de Edith Stein. Cuando Edith Stein se convirtió le preguntaron: ¿por qué te convertiste a la religión católica? Y ella respondió: "Porque busqué el amor y encontré a Jesús".

sábado, 17 de mayo de 2008

El amor del padre

Hubo hace años un hombre muy rico el cual compartía la pasión por el coleccionismo de obras de arte con su fiel y joven hijo. Juntos viajaban alrededor del mundo añadiendo a su colección tan solo los mejores tesoros artísticos. Obras maestras de Picasso, Van Gogh, Monet y otros muchos, adornaban las paredes de la hacienda familiar.
El anciano, que se había quedado viudo, veía con satisfacción como su único hijo se convertía en un experimentado coleccionista de arte. El ojo clínico y la aguda mente para los negocios del hijo, hacían que su padre sonriera con orgullo mientras trataban con coleccionistas de arte de todo el mundo.
Estando cercano el invierno, la nación se sumió en una guerra y el joven partió a servir a su país. Tras solo unas pocas semanas, su padre recibió un telegrama. Su adorado hijo había desaparecido en combate. El coleccionista de arte esperó con ansiedad más noticias, temiéndose que nunca más volvería a ver a su hijo. Pocos días más tarde sus temores se confirmaron: el joven había muerto mientras arrastraba a un compañero hasta el puesto médico.
Trastornado y solo, el anciano se enfrentaba a las próximas fiestas navideñas con angustia y tristeza. La alegría de la festividad, la festividad que él y su hijo siempre había esperado con placer, no entraría más en su casa.
En la mañana del día de Navidad, una llamada a la puerta despertó al deprimido anciano. Mientras se dirigía a la puerta, las obras maestras de arte en las paredes únicamente le recordaban que su hijo no iba a volver a casa. Cuando abrió la puerta fue saludado por un soldado con un abultado paquete en la mano. Se presentó a sí mismo diciendo: "Yo era amigo de su hijo. Yo era al que estaba rescatando cuando murió. ¿Puedo pasar un momento? Quiero mostrarle algo."
Al iniciar la conversación, el soldado relató como el hijo del anciano había contado a todo el mundo el amor de su padre por el arte. "Yo soy un artista", dijo el soldado, "y quiero darle ésto". Cuando el anciano desenvolvió el paquete, el contenido resultó ser un retrato de su hijo. Aunque difícilmente podía ser considerada la obra de un genio, la pintura representaba al joven con asombroso detalle. Embargado por la emoción, el hombre dió las gracias al soldado, prometiéndole colgar el cuadro sobre la chimenea.
Unas pocas horas más tarde, tras la marcha del soldado, el anciano se puso a la tarea. Haciendo honor a su palabra, la pintura fue colocada sobre la chimenea, desplazando cuadros de miles de dólares. Entonces el hombre se sentó en su silla y pasó la Navidad observando el regalo que le habían hecho.
Durante los días y semanas que siguieron, el hombre comprendió que, aunque su hijo ya no estaba con él, seguía vivo en aquellos a los que había rozado. Pronto se enteró de que su hijo había rescatado docenas de soldados heridos antes de que una bala atravesara su bondadoso corazón. Conforme le iban llegando noticias de la nobleza de su hijo, el orgullo paterno y la satisfacción empezaron a aliviar su pena. El cuadro de su hijo se convirtió en su posesión más preciada, eclipsando sobradamente cualquier interés por piezas por las que clamaban los museos del mundo entero. Dijo a sus vecinos que era el mejor regalo que jamás había recibido.
En la primavera siguiente, el anciano enfermó y falleció. El mundo del arte se puso a la expectativa. Con el coleccionista muerto y su único hijo también fallecido, todas aquellos cuadros tendrían que ser vendidos en una subasta. De acuerdo con el testamento del anciano, todas las obras de arte serían subastadas el día de Navidad, el día en que había recibido su mayor regalo.
Pronto llegó el día y coleccionistas de arte de todo el mundo se reunieron para pujar por algunas de las más espectaculares pinturas a nivel mundial. Muchos sueños podían realizarse ese día; podía conseguirse la gloria y muchos podrían afirmar "Yo tengo la mejor colección de todas".
La subasta empezó con una pintura que no estaba en la lista de ningún museo. Era el cuadro de su hijo. El subastador pidió una puja inicial. La sala permanecía en silencio. "¿Quién abrirá la puja con 100 dólares?, preguntó.
Los minutos pasaban. Nadie hablaba. Desde el fondo de la sala se escuchó: ¿A quien le importa ese cuadro? Sólo es un retrato de su hijo. Olvidémoslo y pasemos a lo bueno". Más voces se alzaron asintiendo. "No, primero tenemos que vender éste", replicó el subastador. "Ahora, ¿quién se lse queda con el hijo?". Finalmente, un amigo del anciano habló: "¿Cogería usted diez dólares por el cuadro? Es todo lo que tengo. Conocía al muchacho, así que me gustaría tenerlo". "Tengo diez dólares. ¿Alguien da más?" anunció el subastador. Tras otro silencio, el subastador dijo: "Diez a la una, diez a las dos. Vendido". El martillo descendió sobre la tarima. Los aplausos llenaron la sala y alguien exclamó: "¡Ahora podemos empezar y pujar por estos tesoros!" El subastador miró a la audiencia y anunció que la subasta había terminado. Una aturdida incredulidad inmovilizó la sala. Alguien alzó la voz para preguntar: "¿Qué significa que ha terminado? No hemos venido aquí por un retrato del hijo del viejo. ¿Qué hay de estos cuadros? ¡Aquí hay obras de arte por valor de millones de dólares! ¡Exijo una explicación de lo que está sucediendo!". El subastador replicó: "Es muy sencillo. De acuerdo con el testamento del padre, el que se queda con el hijo... se queda con todo". Viéndolo desde otra perspectiva, como aquellos coleccionistas de arte descubrieron en el día de Navidad, el mensaje es aún el mismo: El amor de un Padre, cuya mayor alegría vino de su Hijo que se le dejó para dar su vida rescatando a otros. Y a causa de ese amor paterno, el que se queda con el Hijo lo obtiene todo. (Autor desconocido)

Dos estrellas

Un ermitaño recogía diariamente un hato de ramas, lo cargaba en su borriquillo y lo intercambiaba en el pueblo por lo que le ofrecieran: queso, verduras… A mitad de camino de regreso, cuando el cansancio y el calor arreciaban, pasaba delante de una fuente de agua fresca, y el ermitaño pasaba de largo ofreciéndoselo a Dios. Por la noche Dios le obsequiaba ese sacrificio con una luminosa estrella en el firmamento. Un día un muchacho se unió al ermitaño en su camino. Ese día el sol apretaba especialmente y la cuesta se hacía pesada. Cuando se acercaban a la fuente, el viejo ermitaño leyó en los ojos del joven que el chico no bebería si él no lo hacía. Decidió beber aun a costa de quedarse sin estrella. Esa noche, brillaron dos estrellas.

sábado, 10 de mayo de 2008

Dio su vida por sus amigos

Al final de la Primera Guerra Mundial, un destacamento de soldados ingleses esperaba entrar en un pequeño pueblo cerca del Rhin, cuando repentinamente un soldado salió corriendo de un edificio gritando: "¡Alerta!". Instantáneamente, una descarga de rifles le dejaron muerto en el suelo. Pero la advertencia salvó a la compañía de una emboscada. El destacamento luchó haciendo retirar al enemigo y pronto se supo la historia del que les había salvado. Era un soldado de la guardia real irlandesa, prisionero de los alemanes quien conociendo los planes del enemigo esperó el momento oportuno y sacrificó su propia vida para salvar la de muchos compatriotas. Reconocidos y conmovidos los ingleses le dieron una buena sepultura, poniendo sobre ella una cruz con este texto: "A otros salvó, a sí mismo no se pudo salvar".

Estas fueron precisamente las palabras que los judíos lanzaron contra Cristo cuando estaba pendiente de la cruz. No pudo salvar a otros y a sí mismo a la vez, y prefirió sacrificarse él en favor de otros, incluso de aquellos que le crucificaron.

Descubrir al que sufre

Edith Zirer es judía y en 1995, cuando contaba este relato, tenía 66 años. En 1945 fue liberada por los soldados rusos después de pasar tres años en campos de concentración y haber perdido a su familia. Dos días después llegó a una pequeña estación ferroviaria. “Me eché en un rincón de una gran sala donde había docenas de prófugos. Wojtyla me vio. Vino con una gran taza de te, la primera taza caliente que probaba en unas semanas. Después me trajo un bocadillo de queso. No quería comer, pero me forzó levemente a hacerlo. Luego me dijo que tenía que caminar para poder subir al tren. Lo intenté, pero caí al suelo. Entonces me tomó en sus brazos y me llevó durante mucho tiempo, kilómetros, a cuestas, mientras caía la nieve. Recuerdo su chaqueta marrón y su voz tranquila que me contaba la muerte de sus padres, de su hermano, y me decía que él también sufría, pero que era necesario no dejarse vencer por el dolor y combatir para vivir con esperanza. Su nombre se me quedó grabado para siempre”.

Tomado de Miguel Angel Velasco, “Juan Pablo II, ese desconocido”, p.20.

viernes, 2 de mayo de 2008

Convertido por una frase del Papa

París. Parque de los Príncipes. Un universitario logra acercarse al Papa y le grita: “Santo Padre, soy ateo, ¡ayúdeme!”. El Papa se le acercó. Hablaron a solas unos instantes. De regreso a Roma, Juan Pablo II recordó a ese chico y le dijo a don Estanislao (su secretario y años después arzobispo de Cracovia): “Pienso que quizá podía haberle ayudado mejor. Quizá todavía se puede hacer algo por él”. Escribieron a París. La respuesta fue algo así como “lo intentaremos pero va a ser más difícil que encontrar una aguja en un pajar”. Sin embargo, al final se localizó al muchacho y le dijeron: “El Papa quiere que sepas que reza diariamente por ti y está preocupado porque quizá no resolvió tu problema”. Aquel muchacho explicó que al salir de allí fue a una librería y compró un Nuevo Testamento, como el Papa le había dicho..., “y nada más abrirlo, encontré la respuesta que buscaba. Díganselo al Papa. Ya me preparo para mi bautismo”.
Tomada de Miguel Angel Velasco, “Juan Pablo II, ese desconocido”, p.56.