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martes, 27 de enero de 2009

Conversos: historias de una vuelta a Dios (IV)


El terrorista que conoció el perdón de Cristo

Su conversión se produjo en un contexto peligroso y arriesgado. Nacido en la localidad irlandesa de Derry en 1955, a los quince años Shane Paul O´Doherty entró en el IRA (siglas en inglés del Ejército Republicano Irlandés, organización militar irlandesa ilegal fundada en 1919 inicialmente para luchar contra el dominio británico en Irlanda) y se especializó en explosivos. A los 18 años ya enviaba cartas bomba y a los 20 fue capturado, sentenciado y encarcelado.

Corría el año de 1976 cuando, en la cárcel londinense de Brixton, aparecieron en su vida los capellanes de la prisión. De la misa y el diálogo con ellos, se dio un paso natural hacia una lectura cada vez más asidua y atenta de la Biblia. Fue en su contacto con la Palabra de Dios que se encontró con dos palabras hasta entonces huecas para él: culpa y perdón.

Su conversión fue inevitable. “Había en Él [en Jesucristo, ndr] un mensaje, puro y libre de transigencias y errores, que me atrajo de inmediato. Empezaba a sentir la contrariedad de que, debido a la lucha armada y a sus muchas víctimas, mi idealismo republicano comenzaba a resquebrajarse”, escribió en su libro No más bombas (editorial Libros Libres). Y así fue. Shane es un caso excepcional de terrorista converso.

Se hace grande eco de que el cristianismo está a la baja. Se hace pensar que creer es cosa de gente retrógrada o estancada en el pasado. A la religión se le suele poner la objeción de que carece de razones, de que priva de la libertad… Nada más lejano de la realidad. Hoy por hoy los casos de gente que a través de la fe le dan un feliz giro a su vida siguen sucediéndose.

Las conversiones siempre han interpelado a la humanidad; quizá sea ese el motivo por el que algunos periódicos, canales de televisión, sitios de Internet y programas de radio les dediquen pocos espacios. Allá ellos. Lo cierto es que las conversiones están a la orden del día; siguen siendo una constante en la historia; una línea invariable que hunde sus raíces en la aparición del cristianismo y que se alarga hasta nuestro presente.

sábado, 24 de enero de 2009

Conversos: historias de una vuelta a Dios (III)


Masones y además abortistas

“Yo era racionalista, masón y ateo. Tampoco estaba bautizado, pero mi mujer Claude estaba enferma y decidimos ir a Lourdes. Mientras ella estaba en las piscinas, el frío me obligaba a refugiarme en la cripta, donde asistí, con interés, a la primera misa de mi vida. Cuando el cura, al leer el Evangelio, dijo: ‘Pedir y se os dará; buscad y hallaréis; llamad y se os abrirá’, se produjo un choque tremendo en mí porque esta frase la oí el día de mi iniciación en el grado de Aprendiz y la solía repetir cuando, ya Venerable, iniciaba a los profanos [en la masonería, ndr].

En el silencio posterior -pues no había homilía- oí claramente una voz que me decía: `Bien. Pides la curación de Claude. Pero, ¿qué ofreces?´. Instantáneamente, y seguro de haber sido interpelado por Dios mismo, sólo me tenía a mí mismo para ofrecer. Al final de la misa acudí a la sacristía y pedí inmediatamente el bautismo al cura. Éste, estupefacto, cuando le conté mi pertenencia masónica y mis prácticas ocultistas, me dijo que fuera a ver al arzobispo de Rennes. Ese fue el inicio de mi itinerario espiritual” (Cf. Confesiones de un antiguo masón, ZENIT 6.11.2008).

Es la historia de Maurice Caillet quien llegó al grado 18, de un total de 33, en una logia masónica francesa, organización que abandonó tras 15 años de pertenencia. En el libro autobiográfico Yo fui masón (Libros Libres, 2008) confiesa haber nacido en una familia que había rechazado cualquier tipo de religión y de jamás haber sido bautizado. Antes de entrar en la masonería, muy joven, se adhirió al materialismo y al ateísmo. Médico ginecólogo, practicó abortos antes de que fueran ‘legales’ durante mucho tiempo en Francia.

La historia de Stojan Adasevic es parecida a la de Caillet aunque no por lo de masón. Durante 26 años fue el ginecólogo abortista más famoso de Belgrado, en Serbia. Llegó a practicar más de 48 mil abortos durante el régimen comunista y ni el ultrasonido que le permitía ver al feto le hizo cambiar su opinión y sus prácticas.

Pero, una noche soñó “con un hermoso campo, lleno de niños y de jóvenes que jugaban y reían, de 4 a 24 años, pero que huían aterrados de él”. En sus sueños también veía a un hombre de hábito blanco y negro que le miraba. Y el sueño se repitió muchas noches. Al fin, en uno de esos sueños, el monje le dijo que era Tomás de Aquino.

Stojan jamás había oído hablar del santo dominico. “¿Por qué no me preguntas quiénes son estos niños? –le dijo Tomás–. Son los niños que tú has ayudado a abortar”. A partir de ese momento Adasevic jamás volvió a hacer ningún aborto. Pero le seguían viniendo presiones para que lo hiciera. Dos años más tarde, Tomás de Aquino, según dice Adasevic, se le volvió a aparecer en sueños para animarlo a perseverar.

Actualmente el doctor Stojan Adasevic es uno de los líderes pro vida en Serbia.

miércoles, 21 de enero de 2009

Conversos: historias de una vuelta a Dios (II)


Dos comunistas que conocieron la fe

Antonio Gramsci (1891-1937) es ampliamente conocido en la bibliografía de cariz comunista. Sardo de nacimiento, fue uno de los pensadores, políticos y fundadores del comunismo revolucionario en Italia, al grado de considerar a la Iglesia católica como un enemigo que imposibilitaba su implantación. Su conversión en el lecho de muerte había sido afirmada y desmentida desde hace varios años. Pero ha sido el penitenciario mayor emérito, Mons. Luigi de Magistris, quien ha venido a zanjar la cuestión.

Hacia el final de su vida, el fundador del Partido Comunista italiano estuvo internado en un hospital tratando de recuperarse de salud. “Gramsci tenía en su habitación la imagen de santa Teresita del Niño Jesús. Durante su enfermedad, las monjas de la clínica en que estaba ingresado llevaban a los enfermos la imagen del Niño Jesús, para que lo besaran. Como a Gramsci no se la llevaron, él se quejó: `¿Por qué no me la habéis traído?´, les dijo. Entonces le trajeron la imagen del Niño Jesús y la besó. Recibió también los sacramentos y volvió a la fe de la infancia”, reveló Mons. Luigi de Magistris a Radio Vaticana.

Aldo Brandirali es otro comunista italiano. El periodista Pablo Ginés recogió en el diario español La Razón un poco de su suave paso a la fe desde la revolución comunista. “Entendí que es posible construir, que si Cristo es Dios que se ha hecho Hombre, entonces los hombres pueden unirse. Me bauticé y puse nombre al misterio: Jesucristo […] Muchos amigos no quisieron seguirme y bautizarse. ¡Es tan doloroso reconocer el error, el pecado! Pero si no reconozco mi pasado, no puedo relacionarme con lo real”, ha dicho Brandirali.

Tras algunas desilusiones dentro del comunismo, Aldo conoció al fundador de Comunión y Liberación, Mons. Luigi Giussani, y trabajó con él diez años, antes de hacerse católico. Fue ahí donde, poco a poco, como él mismo dice, “Aprendí a pedir, es decir, a rezar”.

lunes, 19 de enero de 2009

Conversos: historias de una vuelta a Dios (I)


Las conversiones siempre han interpelado a la humanidad, hunden sus raíces en la aparición del cristianismo y se alargan hasta nuestro presente.
Jorge Enrique Múgica
ForumLibertas.com

De racionalista a creyente y de agnóstico a exorcista

Vittorio Messori es un intelectual católico ampliamente conocido y autor de varios best seller. Pero, ¿siempre fue el creyente convencido racionalmente de su fe que es hoy? En el libro entrevista Por qué creo. Una vida para dar razón de la fe (Perché credo. Una vita per rendere ragione della fede, editorial Piemme) queda dada la respuesta.

Messori nació y creció en una familia agnóstica e incluso anti clerical. Se educó en un ambiente racionalista, ajeno al hecho religioso y hostil a la sola posibilidad de que Dios existiera. Pero a pesar de todo ese ambiente, en los años previos a los conflictos de 1968, Messori encontró a Cristo o, por mejor decir, Cristo encontró a Vittorio.

Posiblemente el hecho que impulsó esa conversión es muy poco conocido. Tal vez porque es poco plausible para mentes cuadradas… como la del mismo Messori, quien aún no se lo puede explicar: un tío fallecido muchos años atrás le llamó por teléfono.

Meses más tarde, cuando se desempeñaba como trabajador de la compañía telefónica Stipel, encontró un ejemplar de los Evangelios. Leyéndolos tuvo lugar el ‘encuentro misterioso’, casi físico con Jesús, que Vittorio jamás imaginó y él mismo ha referido. Una experiencia que describe como “la claridad de haber visto la Verdad, con toda su fuerza y evidencia”. La historia de la vida de Jesús-Dios de los Evangelios golpeó profundamente su existencia y, de suyo, fue el pretexto que dio origen a su primera obra, la conocida Hipótesis sobre Jesús.

El padre Antonio Fortea es autor de libros y manuales de exorcismo y de alguna que otra novela de ficción. Su nombre y apellido son reconocidos en muchos ambientes, no sólo españoles. Pero pocos saben que cuando ese sacerdote de sotana negra contaba con 15 años, era más bien indiferente hacia el catolicismo y todo lo que oliera a Dios. Así lo ha narrado en su libro Memorias de un exorcista (Ed. Martínez Roca 2008).

Pero, el 12 de octubre de 1983 Dios irrumpió en su vida: “Un día como cualquier otro entré en mi habitación y, de pronto, sentí que era un egoísta y una mala persona. Me entró un gran arrepentimiento y vi que la Iglesia era el camino por donde iría progresando hacia la virtud. Todo esto no duró más de medio minuto, no oí ninguna voz celestial ni tuve ninguna visión, pero de pronto se había operado en mí una gran conversión: había comprendido que era un pecador y que el camino de salvación era la Iglesia”.

Y más adelante agrega: “En aquel mismo momento me arrodillé al lado de mi cama y oré intensamente, sabiendo que alguien me escuchaba […] Sin ningún tipo de resistencia entendí que debía confesarme […] Externamente seguí igual, pero internamente ya era otra persona”.

domingo, 30 de noviembre de 2008

Mercedez Aroz da su testimonio de conversión al cristianismo



La ex senadora socialista plantea la abolición del aborto como "medida de progreso"
Mercedes Aroz dejó su escaño como senadora socialista en noviembre de 2007, anunciando su conversión al cristianismo. Pero no explicó cómo había sido esta conversión. Durante un año se negó a conceder entrevistas, diciendo que hablaría en el Congreso Católicos y Vida Pública. Pero, llegado el Congreso, tampoco se animó a aceptar entrevistas. Trajo su ponencia escrita y se limitó a leerla. Pero cuando un periodista usó el turno de preguntas para preguntarle por "la relación de su itinerario con la espiritualidad de los Hermanitos del Cordero y con Juan Pablo II", muy asombrada, la ex-senadora empezó a hablar.

"Me han preguntado por mi relación con los Hermanitos del Cordero, Juan Pablo II y mi conversión", empezó. "Tengo dos hijos. Toda la vida, en casa, los eduqué en los valores de la izquierda y del marxismo. Mi hijo menor, siendo estudiante, en una comuna, estaba en una situación delicada. Él conoció a los Hermanitos del Cordero y se convirtió al cristianismo."

Al llegar a este punto, la antigua marxista y cofundadora del PSC se emocionó, se le quebró la voz y casi llora. Los asistentes al Congreso de Católicos y Vida Pública le aplaudieron, también emocionados.

"Mi hijo ha sido... es difícil recordar esto ahora... ha sido un proceso de... ¡la Gracia de Dios!", dice. Los Hermanitos del Cordero son una orden de monjes y monjas mendicantes, pobres, jóvenes en su mayoría, que viven en los barrios más deprimidos de las grandes ciudades, vestidos con hábitos de color azul.

Mercedes Aroz recordó que "En verano del año 2000 fueron las Jornadas de la Juventud en Roma. Mi hijo estuvo allí; los Hermanitos del Cordero le ayudaron en su proceso, pero realmente él se convirtió de la mano de Juan Pablo II", especificó, refiriéndose al encuentro de dos millones de jóvenes con el Papa polaco en la explanada de Tor Vergata, la mayor reunión juvenil de la historia de Occidente.

"Ese verano leí un artículo de una periodista de izquierda, que ponía el foco en los encuentros de Roma, la afluencia de jóvenes. ¿Qué le pasaba a la izquierda, nuestros ideales dónde estaban, por qué no teníamos capacidad de convocatoria? Ese artículo me hizo reflexionar sobre mis ideales", dijo quien fuera miembro de la Liga Comunista Revolucionaria en su juventud.

"A finales de ese año recibí la llamada de Dios. ¡Bueno, Mercedes, ya está bien! ¡Yo no recordaba ni el Padrenuestro! Empezó ahí mi proceso. Me formé, básicamente, leyendo libros de Ratzinger", explicó, refiriéndose al entonces prefecto de la Doctrina de la Fe y actual Papa Benedicto XVI.

"En 2005 me encuentro el proyecto de ley para equiparar jurídicamente las uniones del mismo sexo con el matrimonio. Yo no sabía como argumentar en contra jurídicamente. Tomé entonces conciencia de la contradicción entre el proyecto socialista y el compromiso cristiano, que no es una ideología. Me pareció que no sólo debía votar en contra sino dar argumentos. Ahí fue el divorcio con el proyecto socialista", aseguró.

Más aún: "también voté después contra las leyes de manipulación genética. Y ya al final de mi etapa de senadora voté contra la ley de Memoria Histórica, no contra las familias que buscan a sus muertos, sino por su preámbulo de ideología discriminatoria, sin objetivos de reconciliación ni de verdadera memoria."

Preguntada por asistentes sobre si hay un proyecto laicista en el PSOE dijo: "Creo que el PSOE no tiene un proyecto laicista, pero están muy desorientados sobre qué es laicidad en una sociedad pluralista y democrática. Deberíamos debatir sobre la laicidad. Pero cuando se descalifica desde el poder político a los que nos oponemos al aborto y la eutanasia se impide el debate."

¿Y qué piensa de la corriente "Cristianos por el Socialismo"?, le preguntan.

"Durante la Transición eran personas que pensaban que el socialismo podía aportar algo en el tema de la defensa de la justicia social. Pero entonces, cuando yo era marxista, no veía como se podía ser también cristiano. Y ahora que soy cristiana, no veo como ser "cristiana por el socialismo". ¿No va primero el cristianismo? ¡Lo que hace falta es ser cristianos por el evangelio!", dice con convicción.

Un historial brillante en la política socialista

Mercedes Aroz fue en su juventud una marxista ortodoxa, militante de la Liga Comunista Revolucionaria. Se afilió al PSOE en 1976 y fue una de las fundadoras del PSC en 1978. Formó parte de la dirección política del PSC durante 18 años. Economista y asesora de UGT, fue diputada socialista de 1986 hasta el año 2000, cuando pasó al Senado. En 2004 se convirtió en la senadora más votada de la democracia, con 1,6 millones de votos en Barcelona (Pío García Escudero, del PP, la superaría en marzo de 2008 con 57.000 votos más en Madrid). Dejó el escaño en noviembre de 2007. La candidata socialista que la sustituyó en Barcelona, Maite Arqué, obtuvo en marzo 224.000 votos menos que ella.

Durante al menos 3 años escribió cartas en privado al presidente Rodríguez Zapatero pidiéndole moderación y reflexión en temas de vida y familia, sin ningún éxito. En junio de 2005, el senado votó contra el matrimonio homosexual: 136 a 119. Aroz y su compañero de bancada, Francisco Vázquez (laico carmelita, incombustible alcalde de La Coruña y hoy embajador en el Vaticano), se ausentaron para no votar a favor. Más aún, Aroz emitió un comunicado explicando que sus razones eran muy similares a las del líder socialista francés Lionel Jospin y la socialdemocracia europea: proteger a los niños, defender el matrimonio basado en la ley natural y ofrecer a los homosexuales otros pactos de convivencia. Fue una defensa valiente del matrimonio en boca de una mujer divorciada muchos años antes de experimentar la fe.

Al final, el matrimonio homosexual se aprobaría en el Congreso pese al voto en contra del Senado, el Consejo de Estado (dictamen 628/2004), la Real Academia de Legislación y Jurisprudencia, el Consejo General del Poder Judicial, 700.000 firmas de ciudadanos avaladas por la Junta Electoral Central y una manifestación de un millón de personas en Madrid el 18 de junio de 2005. Fue, sin duda alguna, la ley con menos consenso de la democracia española.

En noviembre de 2007, Mercedes Aroz hacía pública su conversión al cristianismo (que había empezado, en secreto, en el 2000) y en una nota daba las razones.

"Mi actual compromiso cristiano me ha llevado a discrepar con determinadas leyes del Gobierno que chocan frontalmente con la ética cristiana, como la regulación dada a la unión homosexual o la investigación con embriones, y que en conciencia no he podido apoyar", dijo.

"He querido hacer pública mi conversión para subrayar la convicción de la Iglesia Católica de que el cristianismo tiene mucho que decir a los hombres y mujeres de nuestro tiempo, porque hay algo más que la razón y la ciencia", decía su texto. "A través de la fe cristiana se alcanza a comprender plenamente la propia identidad como ser humano y el sentido de la vida", proseguía. Además pedía, en nombre de la libertad religiosa, "respeto y un reconocimiento positivo del hecho religioso, frente a un intento de imponer el laicismo".

Esa misma semana, en un programa de la BBC, el primer ministro inglés Tony Blair declaraba: "si hablas de tu fe religiosa, la gente te toma por un pirado". También a él le quedaban unos meses para anunciar su conversión al catolicismo. La diferencia es que Aroz ha luchado por defender la bioética católica basada en la ley natural, mientras que Blair aún no ha mostrado un catolicismo coherente en los temas de clonación, aborto ni matrimonio.

En la inmensa mayoría de países, Mercedes Aroz habría podido seguir siendo senadora socialista y defender la vida, el matrimonio y la libertad de los padres para elegir la educación de sus hijos. En España, después de años de intentar conciliar su fe y su cargo político, la radicalidad del particular socialismo español se lo ha hecho imposible.

Varios políticos socialistas salieron al paso expresando su respeto por la decisión y repitiendo un "mantra": que se puede ser socialista y católico. Pero, pese a años de discreción y silencio, Mercedes Aroz, con su ejemplo y coherencia, con su vida misma, pone en cuestión, por la vía de los hechos, que el cristianismo sea compatible con el proyecto abortista y anti-familia del socialismo español actual.

jueves, 25 de septiembre de 2008

Del "thriller erótico" a Cristo,


La conversión de Joe Eszterhas

Joe Eszterhas es un guionista de cine conocido en Hollywood como el creador del "thriller erótico", un género compuesto por películas oscuras que combinan el sexo y la violencia. En unos días publicará su más reciente libro en el que narra su asombrosa conversión al Catolicismo.

Eszterhas se hizo millonario por escribir los guiones de películas taquilleras como Basic Instinct, Showgirls y Jagged Edge, todas conocidas por su explícito contenido sexual. Además fue editor de la revista Rolling Stone. El escritor, nacido en 1944, creció en campos de refugiados en Hungría después de la Segunda Guerra Mundial hasta que llegó con su familia a Cleveland, Estados Unidos. Trabajó como reportero de noticias policiales, cubriendo incontables tiroteos y peleas urbanas. En ese tiempo, sostiene que su vida era muy oscura, llena de muerte, asesinatos, crímenes y caos, lo que marcó su posterior carrera de guionista.

En el verano del año 2001, Eszterhas fue diagnosticado con cáncer de garganta. Debió someterse a una delicada cirugía y recibió la orden médica de dejar el alcohol y el tabaco. Eszterhas tenía 56 años, siempre tuvo un estilo de vida alocado y sabía que cambiar sus hábitos no sería fácil. Un día, que Eszterhas describe como "infernalmente caluroso", estaba caminando por la calle cuando se dio cuenta que su vida había tocado fondo. "Me estaba volviendo loco. Estaba muy nervioso. Temblaba. No tenía paciencia para nada. Cada terminación nerviosa demandaba un trago y un cigarrillo", recuerda. Se sentó en el piso, comenzó a llorar y de repente comenzó a rezar. "Por favor, Dios, ayúdame", dijo. En ese momento, se dio cuenta de que no rezaba desde niño. "No podía creer lo que había dicho. No supe por qué lo había dicho. Nunca antes lo había dicho", recuerda. Inmediatamente, Eszterhas se sintió sobrecogido por un sentimiento de paz y se acabaron sus temblores. En ese momento, tal como le ocurrió a Saulo camino a Damasco, vio "una luz brillante, deslumbrante, casi cegadora que me hizo cubrir mis ojos con las manos".

Para Eszterhas, esta experiencia fue determinante. Pasó de dudar sobre poder vivir sin tabaco ni alcohol, a saber que podía vencerse a sí mismo y triunfar. En ese momento comenzó su camino de regreso a la Iglesia pero el escándalo sexual que afectó duramente a los católicos en Estados Unidos se convirtió en un escollo para terminar su retorno. Por eso optó por asistir a servicios no denominacionales, pero finalmente se convenció de que no podía dejar de ser católico. "La Eucaristía y la presencia del cuerpo y sangre de Cristo está en mi mente y es una experiencia sobrecogedora. La Comunión es poderosa y es casi un sentimiento celestial", afirma. Aún ahora recibe ofertas para escribir guiones sobre temas siniestros. Sin embargo, asegura que ha "gastado mucha vida explorando el lado oscuro de la humanidad y no quiero regresar a eso nunca más". "Mi vida cambió desde que Dios entró a mi corazón. No me interesa la oscuridad. Tengo cuatro hijos hermosos, una esposa a la que adoro, adoro estar vivo y gozo de cada momento de mi vida. Mi visión se ha iluminado y no quiero regresar a ese lugar oscuro".

En el último año, los médicos le dieron de alta y asegura que ha vencido al cáncer gracias a lo que él considera un milagro. Éste es el motivo por el cual escribió su nuevo libro titulado "Crossbearer: A memoir of faith" (Portador de Cruz: Un recuerdo de fe), para dar gracias a Dios y contarle al mundo lo que Él hizo en su vida.

martes, 1 de julio de 2008

«Dios nos grita a través de nuestro dolor»


Entrevista con el filósofo José Ramón Ayllón

El diario La Vanguardia publicó una entrevista a José Ramón Ayllón en la que el filósofo, respondiendo a las preguntas de Ima Sanchís, abordó el misterio del sufrimiento y del dolor.

Originario de Santoña (Cantabria, España), Ayllón es católico, tiene 47 años y fue profesor de enseñanza secundaria durante 15 años. Actualmente, se dedica a escribir. Su especialidad es la ética.

Entre sus publicaciones, el libro «Dios y los náufragos» (Editorial Belacqua, Barcelona, 2002), al que alude en la entrevista, es un ensayo sobre el sentido de la vida, referido a su clave divina. En el volumen, el autor selecciona y deja hablar a 26 pensadores agnósticos, ateos, conversos, enfrentados a la más radical de las cuestiones, la pregunta sobre Dios.

–¿Dios es el espejo del hombre?

–Yo creo que más bien es al revés: el hombre está hecho a imagen y semejanza de Dios.

–Puede que nuestro papel en este planeta no sea alabar a Dios sino crearlo.

–Si usted está dispuesta a esgrimir las tesis hegelianas, defender que Dios es una sublimación de los deseos humanos, vamos a estar animados; pero déjeme advertirle…

–Adelante.

–Todos los conversos tienen en común que no se convierten a una teoría o a unas ideas, sino a una persona que tuvo nombre y apellidos y que se llamaba Jesucristo.

–¿Y qué más tienen en común?

–Todos los hombres de ciencia, novelistas, filósofos y pensadores que he seleccionado en «Dios y los náufragos» han tenido vidas conmovedoras y difíciles. Todos hablan desde un profundo conocimiento de la experiencia humana, del dolor y el sufrimiento.

–¿Dios se esconde detrás del sufrimiento?

–Una noche la Guardia Civil llamó a Narciso Yepes: «Su hijo ha fallecido». ¿Cree que alguien puede ver a Dios detrás de eso?

–A Dios o al diablo.

–«Cuando se vive con fe, le diría Yepes, se entiende mejor el dolor humano. El dolor acerca a la intimidad de Dios».

–¿Sabe?, adoro la alegría.

–Yepes, un converso, dijo que había alcanzado la certeza moral y hasta física de que la muerte es un paso maravilloso: «Llegar por fin a la felicidad que nunca se acaba y que nada ni nadie puede desbaratar».

–¿Qué le sucedió a este ilustre hombre?

–Había sido ateo toda su vida y un día, de repente, cuando estaba acodado en un puente del Sena, escuchó dentro de él una voz: «No sólo se hizo oír, escribió, sino que entró de lleno y para siempre en mi vida».

–¿No tiene un ejemplo más racional?

–Sí, Agustín de Hipona.

–¡Pero si era obispo y además santo!

–San Agustín fue un «play-boy» total y absoluto y, si no, lea sus «Confesiones». Lo que pasa es que era un tipo muy listo y llegó a Dios por eliminación de posibilidades. Él se da cuenta de que el corazón humano está hecho para ser feliz y no le salen las cuentas.

–Hasta ahí estoy de acuerdo.

–Pues sigamos. Tenemos un corazón con una capacidad inmensa para amar y ser amados y está claro que aquí, en la tierra, no lo vamos a llenar nunca.

–No me diga eso.

–San Agustín, Platón y Kant argumentaban que las necesidades del hombre existen porque pueden ser colmadas.

–Aunque no siempre lo sean…

–Ese es otro tema. El caso es que tenemos sed y hay agua, sentimos hambre y hay comida… Todos tenemos necesidad de justicia y el sentimiento interno de la dignidad humana; si no, no saltaríamos cuando nos pisan.

–El mundo está lleno de pisoteados.

–Eso le demuestra que existe un Dios que hará justicia; si no, por qué tenemos ese instinto. Ahí tiene la demostración kantiana de la existencia de Dios.

–Una idea simple.

–Y muy profunda. Recuerde lo que dijo Pascal, máximo exponente del racionalismo: «Para los que quieren creer en Dios hay suficiente luz. Para los que no quieren creer hay suficiente oscuridad».

–Hay un viejo proverbio que dice: «Dios escribe derecho con renglones torcidos».

–Todo agnóstico se encuentra con el escollo del sufrimiento humano. En su libro «El hombre en busca de sentido», Viktor Frankl, discípulo de Freud y superviviente de Auschwitz, explica que si ponemos a un chimpancé una dolorosa vacuna que puede salvar la humanidad, el mono no lo entenderá. La respuesta al dolor humano la tiene Dios.

–Es como un pez que se muerde la cola.

–El filósofo Clives S. Lewis, otro converso, reflexionó mucho sobre el dolor y concluyó que Dios nos habla por medio de la conciencia y nos grita por medio de nuestros dolores: los usa como megáfono para despertar un mundo de sordos.

–Bonita manera de devolvernos a la cruda realidad.

–«El dolor, la injusticia y el error –dice Lewis– son tres tipos de males con una diferencia: la injusticia y el error pueden ser ignorados por el que vive en ellos, mientras que el dolor no puede ser ignorado y toda persona sabe que algo anda mal cuando sufre».

–¿No tendría en su chistera una visión de Dios más «humana»?

–Je, je, vayamos a Gilbert K. Chesterton, considerado uno de los grandes escritores del siglo XX: «Después de haber permanecido en los abismos del pensamiento contemporáneo, tuve un fuerte impulso interior para rebelarme y desechar semejante pesadilla».

–Lúcido.

–Je, je… «Como encontraba poca ayuda en la filosofía y ninguna en la religión, inventé una teoría mística rudimentaria: la mera existencia era lo suficientemente extraordinaria para ser estimulante».

–Me gusta.

–En su opinión, la depresión del hombre era el peor pecado. Chesterton llegó a la conclusión de que los valores que predica el cristianismo –prudencia, templanza, justicia, fortaleza…– eran racionalmente la mejor opción: «La tremenda imagen que alienta en las frases del Evangelio se alza más allá de todos los sabios tenidos por mayores».

–De ahí a la Iglesia católica…

–Escuche, escuche a Chesterton: «Estoy orgulloso de verme atado por dogmas anticuados, como dicen mis amigos periodistas, porque sólo el dogma razonable vive lo bastante para que se le llame anticuado».

domingo, 29 de junio de 2008

Conmovedora historia de un médico abortista


Publicado en la Gaceta de los Negocios

En un testimonio a la emisora de radio 'Rainha da Paz', un médico brasileño que efectuó durante años el aborto relató su dolorosa e intensa experiencia de conversión, iniciada después de la muerte de su hija.

El médico comentó que es el único hijo hombre de una familia humilde del interior de Minas, y que "con sacrificio y unión" fue el único que tuvo la oportunidad de estudiar, "pues mis hermanas no terminaron la enseñanza secundaria".

"Mi madre era una simple costurera que trabajaba hasta las madrugadas para ayudar a mi padre. Mi padre era un guardia nocturno. Por eso se pueden imaginar el sacrificio que hicieron para tener un hijo médico. Luego escogí la ginecología y la obstetricia", afirmó.

"Entre las mayores dificultades enfrentadas como médico recién formado, choqué con la realidad de lo que es mi profesión. En un largo tiempo los médicos se vuelven ricos, y yo quería más, quería enriquecerme y tener más dinero".

"Me enriquecí escondido tras la máscara de la vitalidad"

"Fue así como violé el juramento que hice cuando me formaba para dar la vida, para salvar la vida. Ayudé a muchos niños a venir al mundo, pero también a muchos de ellos no les permití nacer y me enriquecí escondido tras la máscara de la vitalidad", agregó el médico.

Sobre su vida abortista, el experto explicó que "puse un consultorio que en poco tiempo se convirtió en el más visitado de la región. Y saben ¿qué es lo que hacía?: abortos".

"Y como todos los que cometen el crimen, me decía a mi mismo que todas las mujeres tienen el derecho de escoger y que era mejor que sean ayudadas por un médico para no correr los riesgos de ir a una clínica clandestina donde los índices de muertes son alarmantes".

"Un ciego e inhumano oficio de medicina"

"Y fue así, en un ciego e inhumano oficio de medicina, que construí una familia con muchos bienes, muy rica y que nada le faltaba. Mis padres murieron con la ilusión de que su hijo era un doctor bien logrado, exitoso".

"Crié a mis hijas con el dinero manchado con la sangre de inocentes y fui el más despreciable de los humanos. Mis manos, que debieron ser bendecidas para la vida, trabajaron para la muerte", agregó.

Su conversión

Entrando al tema de su conversión, el médico explicó emocionado que "sólo paré cuando Dios en su sabiduría infinita, rasgó mi conciencia e hizo sangrar a mi corazón con la misma sangre de todos los inocentes que no dejé nacer".

"Mi hija menor, Leticia, dejó de respirar por una infección generalizada después de haberse sometido a un aborto. Ella, de 23 años de edad, salió embarazada y buscó el mismo camino de tantas otras que me fueron a buscar: el camino del aborto. Y sólo supe de esto cuando ya nada se podía hacer".

"Al lado del lecho de muerte de mi hija, vi las lágrimas de todos esos angelitos que yo maté. Mientras ella esperaba la muerte, yo agonizaba junto a ella".

"Fueron seis días de sufrimiento para que en el séptimo día ella partiese hacia el encuentro con su hijo, al cual un médico asesino le impidió nacer", comentó.

"Cansado por las noches que pasé al lado de mi hija, yo soñé que andaba por un lugar absolutamente oscuro y muy húmedo, en el que quería respirar pero no podía, yo quería salir desesperadamente pero fui envuelto por un lugar en donde el estruendo me dejaba atónito".

"Eran los llantos dolidos de los niños que en mi pensamiento, como si un rayo me cortase por la mitad, veía en mi entendimiento: los llantos eran de dolor, eran los lamentos de los angelitos que yo no dejé nacer. Era la triste consecuencia de mis actos sin pensar, esos llantos que gritaban ¡asesino!, ¡asesino!", afirmó el médico.

"Asustado para salir de aquel lugar, pasé mi mano por mi rostro para secar mi sudor y mis manos se mancharon de sangre! Aterrorizado grité con toda la fuerza que me quedaba un pedido de perdón: ¡Dios me perdone! Sólo así logré respirar nuevamente y me acordé de que era tiempo de acoger y valorar el último respiro de mi hija, que murió por las consecuencias de la infección que le produzco el aborto. Yo sé eso a través de mi sueño", agregó.

El experto comentó que "Dios me hizo entender que a partir del momento de la fecundación del óvulo existe vida, por lo que entendí que soy un asesino".

"Ahora, practico una medicina de verdad"

"No sé si algún día Dios me va a perdonar, pero para restar mi culpa y mi dolor, vendí mi consultorio y todos los bienes que conseguí con la práctica del aborto y con ese dinero, construí una casa de amparo para madres solteras y me dedico hoy a atender y practicar ¡una medicina de verdad!".

"Hoy soy médico de los pobres, de los desamparados y desvalidos, y los niños que vienen al mundo a través de mis manos son hijos que adopto pues sé que tengo una sola misión: traer la vida al mundo y dar condiciones para que los niños tengan un lugar feliz donde el padre es Jesús".

"Recen por mí, recen para que Dios tenga piedad de mí y me perdone, porque tengo la seguridad de que participaré del juicio final", concluyó.

sábado, 28 de junio de 2008

«EL TIEMPO PASA, PERO LA ETERNIDAD NO»


"Hablando bajito, como en confidencia, Caviezel confiesa que es un católico fervoroso y practicante; y añade que jamás ha ocultado aquello en lo que cree, aunque alguien pueda violentarse".

Por Luis Olivera
Periodista

Tras unos inicios difíciles en el mundo del celuloide, Jim Caviezel está empezando a despuntar. Después de conseguir pequeños papeles en varios filmes, estos días se ha estrenado en España su película «La venganza del Conde de Montecristo», nueva adaptación norteamericana para el cine de la obra inmortal de Alejandro Dumas. Jim Caviezel ("La delgada línea roja", "Frequency") es el actor que da vida al protagonista de la famosa novela (Edmond Dantès). Acaba de visitar Madrid para hablar del filme que, por ahora, está funcionando bastante bien en taquilla. Pero Caviezel no es un actor común y corriente dentro del complejo universo de Hollywood.

Tras su aspecto de galán, hablando bajito, como en confidencia, Caviezel confiesa que es un católico fervoroso y practicante; y añade que jamás ha ocultado aquello en lo que cree, aunque alguien pueda violentarse: «Prefiero eso a que Dios sienta vergüenza de mí». Primera sorpresa, dentro de unas declaraciones que sólo acaban de empezar. Desde luego es poco común en el mundo de las estrellas de la pequeña pantalla, en las que se fijan muchos jóvenes como modelos a imitar. Parece difícil compaginar la vida que llevan las estrellas de Hollywood, lugar de lujo, glamour y materialismo por excelencia, con una vida espiritual seria. Caviezel, sin embargo, tiene una explicación contundente: «Cuando una persona empieza a sentir a Dios, no está dispuesto a tener menos que eso».

El atractivo y enigmático Caviezel afirmaba en Madrid que, «cuando vimos cómo iba a desarrollarse mi personaje, leí el libro. Pero no quería centrarme sólo en el tema de la venganza». Porque el personaje ha sido encarcelado injustamente, tras ser delatado por un amigo suyo (Guy Pearce). Pero consigue evadirse de la prisión y volver con otra identidad y con sed de venganza. El actor matiza que no ha querido apoyarse sólo en esa ansia negativa de revancha: «Porque existe otro (tema) más importante, el de la libertad. No puedes considerarte una persona libre, si espiritualmente no lo eres». Así, Dantès sale de la cárcel de mazmorras lóbregas y húmedas, pero sigue sin ser un hombre libre.

Jim Caviezel siguió hablando de su experiencia vital en la meca del cine, llevándonos de sorpresa en sorpresa: «Perdí la inocencia en Hollywood, porque también yo estuve en el camino equivocado. Porque quería vivir con sus propias reglas y eso no ayuda a tu alma». Pero la fe y el empeño personal de Jim Caviezel le ayudaron a salir de esa jaula dorada, de ese dilema hamletiano del ‘ser o no ser'. Precisamente ahí ve él la cuestión: «Dios te da a elegir entre el bien y el mal. La libertad te la da una creencia, la creencia en Dios. Cuando decidí que las reglas de Hollywood no me valían, retomé mi libertad». Y es que la libertad auténtica estriba en escoger el bien, que es el que te da alas para volar por encima de tus limitaciones, que son siempre tan humanas: el afán de placer, de poder o de dinero, girando siempre alrededor de uno mismo. Es lo que Alejandro Llano ha denominado “generación del yo”.

En este caso concreto, Caviezel considera que «el problema en Hollywood es el dinero». Algo que, sin embargo, también ocurre en la política o en un pueblo pequeño. «Pero un día deberás rendir cuentas». Allí sabremos qué cosas están mal: hay quien se impone una meta y, para conseguirla, justifica cuestiones con las que antes no estaba de acuerdo. «El problema del siglo XX es que no se diferencia entre lo bueno y lo malo». Que la norma es precisamente no tener ninguna regla objetiva de medir los propios actos y los ajenos. Eso también le ocurre al conde de Montecristo, «a quien todos le dicen que no se olvide de Dios». Lo que demuestra que esa preocupación no es algo de una época determinada, más o menos oscurantista y perdida en la noche de los tiempos, sino una constante que se presenta en la vida, a todo hombre o mujer, antes o después. Y que la lucha entre el bien y el mal, con nuestra libertad por en medio, también es otro de los problemas humanos fundamentales.

Pero Caviezel nos sorprendió todavía más: «Dos semanas antes de que Malick me diese el papel de ‘La delgada línea roja', soñé que Dios me mostraba lo que iba a ser mi carrera. También el poder, la tentación; y me llevó a un lugar que debía ser el Edén. «Yo quería una manzana, pero Dios me dijo que no podía tenerlo todo».

«Cuando desperté –añadió el actor, poniendo la guinda a su suculenta confesión en voz alta--, supe que Malick me ofrecería ese trabajo. Dios me mandó a Hollywood. Desde entonces, decidí que hablaría sin pelos en la lengua de mis creencias. Porque el tiempo pasa, pero la eternidad no» .

miércoles, 18 de junio de 2008

Del sexo casual a la castidad


La periodista Dawn Eden ha publicado el libro "The Thrill of the Chaste: Finding Fulfillment While Keeping Your Clothes On" (La Emoción de la Castidad: Encontrando Satisfacción con la Ropa Puesta), en el que sostiene que para la mujer tiene mucho más sentido la castidad que el sexo casual. Una controvertida periodista americana experta en música rock, y que por muchos años fue una abanderada de la "revolución sexual", se ha convertido -tras abrazar la fe católica- en una ferviente promotora de la castidad. Ella misma explica sus razones. El pasado 10 de marzo, Eden publicó el siguiente artículo traducido al español por El Espectador de Bogotá:

Del sexo casual a la castidad

Un mantra de la generación de los sesenta era que todo debía ser gratis. Pero en las reediciones del festival de Woodstock décadas después, los hippies ya vendían como buhoneros el agua a US$5 la botella. El “amor libre”, sin embargo, era todavía alentado al ritmo en que el Nuevo Establecimiento se aferraba a su autoestima revolucionaria, mediante la promoción del sexo por el sexo como puro placer sin consecuencias.

Hoy, ese dogma está siendo confrontado por una nueva contracultura —de mujeres castas— que está derribando las puertas para protestar porque el sexo de los buhoneros, como su agua, tiene en realidad un precio muy alto.

Pueden contarme entre esas hijas insatisfechas de la revolución sexual. Nací en 1968, como millones de otras niñas, en un mundo que alentaba a las mujeres a explorar su sexualidad. Se nos presentaba casi como un acto feminista. Incluso, la llamativa pregunta que sirvió de fundamento filosófico de la novela y programa de televisión Sex and the City —¿Puede una mujer tener sexo como un hombre?— no es más que una versión moderna de la misma pregunta que en 1962 hizo Helen Gurley Brown en Sex and the Single Girl.

Era el amanecer de la revolución sexual, cuando los bolsos de las mujeres comenzaron a cargar píldoras anticonceptivas al lado del Revlon Fire y el Ice Lipstick. Brown, quien sería después editora de Cosmopolitan, se preguntaba entonces si la mujer podía tener sexo libre sin consecuencias emocionales, y se contestaba que sí porque “igual que el hombre, es una criatura sexual”.

Su aporte dio origen a millones de artículos sobre “100 nuevos trucos sexuales” en las revistas femeninas. Y uno de los íconos feministas de la época, Germaine Greer, habló con entusiasmo de que “los rockeros son importantes porque desmitifican el sexo; lo aceptan como algo físico, y no son posesivos con sus conquistas”.

La filosofía olorosa a patchouli de Greer sigue viva en las revistas modernas, las series de televisión y las películas que dicen sin parar a las mujeres que si no son felices teniendo sexo premarital es porque lo están haciendo mal. Más que eso, las excepciones a la norma cultural —la pequeña minoría de mujeres que, por varias y tristes razones, se sienten impulsadas a ser meros objetos sexuales— son mostradas como el ideal platónico. Si rockeros, modelos, galanes de la televisión y del cine y estrellas pop se pueden llevar a la cama a un hombre diferente cada noche —y aparentan tener el mejor tiempo de sus vidas— con seguridad usted, humilde lectora, puede ocasionalmente esconder sus valores pasados de moda y follarse a un tipo al que acaba de conocer.

Sexo casual... y frecuente

El fruto de este aceptado estilo de vida de la mujer soltera es más semejante al de un hábito de drogas que a un paradigma de los encuentros amorosos. En un círculo vicioso, la mujer se siente sola porque no es amada y entonces tiene sexo casual con hombres que no la aman.

Esa fue mi vida. Me gasté mis 20 y mis tempranos 30 buscando sexo premarital de cualquier manera —anhelando el matrimonio pero buscando descansar en el placer físico, la validación del ego y un respiro de la soledad. Como historiadora del rock basada en Nueva York, colaborando para revistas como Mojo y Bilboard y escribiendo las notas de los discos remasterizados, las oportunidades para travesuras no tenían límite.

Me leí entonces I’m With the Band (‘Estoy con la banda’), de la super fanática del rock Pamela Des Barres, y envidié su habilidad para beber todo lo deseable de los rockeros —su buena figura, ingenio, creatividad y fama— sin que al parecer perdiera nada en sus aventuras con ellos. Mi gran secreto era que, bajo ese anhelo por tener una conexión amorosa, me aterrorizaba la intimidad. Mostrarme vulnerable abría la puerta a la posibilidad de un rechazo. Desde ese punto de vista, un músico de gira era mi compañero sexual ideal. Podía disfrutar con él una suerte de vínculo temporal de cuento de hadas, sin tener que derribar los muros que debía levantar para protegerme. El rechazo vendría cuando él siguiera al siguiente pueblo, y a la siguiente mujer, —pero de alguna manera, verlo venir me hacía sentir en control—. Estaba escogiendo, pensaba, el dolor menor.

Pero en esa época de sexo casual, había un momento que aprendí a temer más que cualquier otro. Me atemorizaba, no que el sexo fuera malo, sino que fuera bueno.

Si el sexo era bueno, incluso aunque en mi corazón sabía que la relación no iba a funcionar, sentía de todos modos como si el acto me hubiera unido a mi compañero sexual de una manera más profunda que antes. Está en la naturaleza del sexo despertar emociones profundas dentro de nosotras —que no son bienvenidas cuando uno está tratando de mantenerlas ligeras—.

En esas noches, el peor momento era cuando todo terminaba. De un momento a otro me sentía sacudida de regreso a la tierra. Entonces me tiraba boca arriba y me sentía despojada. Él podría seguir ahí, y si estaba de mucha suerte, se recostaría a mi lado. Aun así, no podía dejar de sentir que el hechizo se había roto. Podíamos frotarnos las narices, reírnos como bobos o quedarnos dormidos en los brazos del otro pero sabía que era teatro, y él también. No estábamos realmente intimando —todo había sido solo un juego—.

Los campeones de la revolución sexual son en esencia cínicos. Saben en sus corazones que el sexo casual no hace felices a las mujeres —y por eso sienten la necesidad de promocionarlo todo el tiempo—. El sexo que tuve, antes que acercarme a la satisfacción personal y el matrimonio que buscaba, solo me había vuelto menos capaz de alcanzar un matrimonio o siquiera una relación comprometida. Sacrifiqué los que deberían haber sido los mejores años de mi vida, por una mentira negra.

Si bien creo que hay que enseñarles a las jóvenes que deben reservar el sexo para el matrimonio, hay un área en la que estoy de acuerdo con los opositores: la abstinencia no significa nada a menos que uno entienda exactamente lo que es. Y agregaría que para entender lo que es uno debe entender también lo que son el sexo y el matrimonio, qué significan, cuál es su propósito.

Eso suena simple, pero mientras crecía yo tuve poca idea del significado y el propósito del sexo y del matrimonio. Pensaba que el sexo era algo que uno hacía para divertirse o si quería tener hijos (bueno, en esto último iba por buen camino). El matrimonio, creía, significaba una autorización social para tener sexo con una persona en particular. La gente casada debía tener sexo solamente con su pareja porque... bueno, porque no era agradable poner cuernos, la infidelidad podía llevar al divorcio y sabía que eso era doloroso.

Todas estas suposiciones se basaban en lo que había visto viviendo con mi madre y, en menor grado, visitando a mi papá. Mis padres habían quedado heridos por el fracaso de su propia unión y su amargura manchó la imagen del matrimonio que me heredaron.

Como una quinceañera sin un fundamento moral que sostuviera mi decisión de guardarle la virginidad a Mr. Right —diferente del temor a ser lastimada por Mr. Wrong— me sentí libre de empujar el sobre. No, más que libre; me sentí con autoridad para forzar las cosas, pues tenía resentimiento de que Dios —si existía— no me hubiera enviado mi alma gemela. Me convertí en una de esas vírgenes míticas que llegan a “todo, menos...” El nombre Lewinsky todavía no se había vuelto un verbo, pero si hubiera existido, me imagino a los hombres diciéndoselo en secreto a mis espaldas.

El placer por el placer

Cuando, a la edad de 23 años, finalmente me cansé de esperar y perdí mi virginidad con un hombre al que no amaba, fue un gran acontecimiento para mí. Aunque, mirándolo en retrospectiva, no fue en realidad tan significativo. Cierto, mis aventuras se volvieron menos complicadas. Cuando hacía “todo, menos...”, me preocupaba de tener que explicar por qué no quería seguir hasta el final; una vez comencé a tener sexo, eso no era necesario. Pero en un sentido más amplio, la pérdida de mi virginidad, lejos de constituirse en la frontera entre el pasado y el presente, fue apenas un instante en mi continua degradación sexual. El descenso había comenzado desde que comencé a buscar el placer por el placer.

La filosofía hedonista que urge a los jóvenes ese tipo de comportamiento hace daño tanto a los hombres como a las mujeres; pero es particularmente dañina para la mujer, pues la presiona a subvertir sus más profundos deseos emocionales. He probado esa filosofía —de que una mujer puede fornicar como un hombre— y no funciona. No estamos hechas para eso. Las mujeres están hechas para un vínculo.

Por eso, por mucho que tratemos de convencernos de que no es así, el sexo siempre nos dejará sientiéndonos vacías a no ser que estemos seguras de que somos amadas, de que el acto es parte de una pintura mayor, de que somos amadas por lo que somos y no solamente por nuestros cuerpos. A mí me tomó mucho tiempo entenderlo.

Encuentro con la castidad

Ahora vivo un tipo de vida muy diferente. Todavía me encuentro de vez en cuando con viejos amigos músicos, pero me veo más con coristas de iglesia. Mi decisión de resistirme al sexo casual, de nuevo, estuvo influenciada por mi madre —aun cuando no de la manera que ella hubiera querido—.

Cuando era una quinceañera, mi madre abandonó sus creencias en la Nueva Era por el Cristianismo. Yo no tenía esos planes. Mi misión en la vida, como la veía, era diferente —creativa, liberal, rebelde—.

Pero un día, en diciembre de 1995, estaba haciéndole una entrevista a Ben Eshbach —líder de una banda de rock de Los Angeles llamada Sugarplastic— y le pregunté qué estaba leyendo. Me contestó The Man Who Was Thursday (‘El hombre que fue jueves’), de G.K. Chesterton. Lo conseguí por curiosidad y me dejó cautivada. Pronto estaba consiguiendo lo que podía de Chesterton, comenzando por Orthodoxy (Ortodoxia).

Me mantuve leyendo a Chesterton, incluso mientras continuaba con mi estilo de vida libertino, hasta que una noche, en octubre de 1999, tuve una experiencia hipnótica —de esas en las que una no sabe si está despierta o dormida—. Escuché una voz de mujer que decía: “Algunas cosas no están para ser conocidas. Algunas lo están para ser entendidas”. Me arrodillé y me puse a rezar —y eventualmente entré a la Iglesia Católica—.

Una noche el año pasado salí a comer con un amigo, un encantador periodista inglés con el que hubiera comenzado a salir si compartiera mi fe (no lo hacía) y si estuviera interesado en casarse (tampoco). Me acribilló con preguntas sobre la castidad, llegando hasta a sugerir que, ya que llevaba tanto tiempo buscándolo, quizás no iba a encontrar al hombre que buscanba.

“No es así”, le respondí. “Mis posibilidades son mejores ahora que nunca antes, porque antes de ser casta estaba buscando el amor en los lugares equivocados. Apenas ahora es que estoy realmente preparada para el tipo de hombre que quiero que sea mi esposo”.

“Puedo tener 38”, concluí, “pero en términos de búsqueda de marido, tengo apenas 22”.

Hasta aquí su artículo. Dawn Eden es actualmente editora del Daily News de Nueva York, periódico que la contrató después de que su rival, el New York Post, la despidiera por defender abiertamente sus convicciones cristianas. Ganó su prestigio como periodista e historiadora del rock hace unos años, tiempo en el que se acostaba con algunos de sus entrevistados. Esa transformación de defensora y practicante del sexo libre a activista del celibato la llevó a la fama en Estados Unidos, país que ahora debate el tema por la aparición de su primer libro: ‘The Thrill of the Chaste: Finding Fulfillment While Keeping Your Clothes On” (“La emoción de la castidad: encontrando satisfacción con su ropa puesta”). Dawn Eden es un símbolo del movimiento que defiende la abstinencia sexual, cuyos miembros usan un anillo de plata para indicar que son castos.

martes, 17 de junio de 2008

Cambia mi vida o mátame


Juan Antonio Ruiz

"Hasta tres millones de dólares mensuales"

Multimillonario y famoso, galán de varias actrices de Hollywood, jefe de uno de los cárteles de droga más importantes del mundo y ser quien decidía, para decirlo con sus palabras, «a qué Presidente teníamos que sobornar». No, no les estoy describiendo al personaje de Al Pacino en Carlito’s Way o a Marlon Brando en El Padrino. Es el simple retrato de Jorge Valdés.

De 52 años y cubano de origen, Jorge es consciente de que su vida representa un milagro. Salido de Cuba cuando Castro llegó al poder, perdió la fe al no entender la pobreza económica en que vivía su familia en sus primeros años en Estados Unidos. Los ruegos de su madre resultaron vanos: se declaró agnóstico.

Después de graduarse como contador, un profesor le pidió ayuda para unos clientes suyos que trabajaban en un almacén. Accedió y descubrió que «se trataba de los cabecillas del “Cartel de Medellín”», con los que empezó a colaborar como su contador, ayudándoles a lavar dinero en el extranjero, manejando unos 50 millones de dólares al mes.

«A los 21 años –son palabras suyas– me hicieron cabecilla de la distribución del Cartel en Estados Unidos. Manejaba el 95% de toda la cocaína que entraba a ese país. Ganaba hasta tres millones de dólares mensuales. Ya había cruzado la línea, yo era jefe de todo».

Casado y con dos hijos, Jorge crecía en poder y placeres: «Con el dinero ganado mantenía mansiones en Nueva York, Los Ángeles, Miami, Medellín, Cartagena, todas compradas. Empecé a salir con todas las artistas de Hollywood; pensaba que entre más tuviera, más feliz sería». Para completar la corona de sus bienes, sumaba aviones y barcos para trasladar la droga.

Su hija de tres años

Pero mira por dónde, una niña de tres años tocó a la puerta y cambió el rumbo de su vida. Sí, es verdad que ya antes su madre había estado rezando por él y que un vacío interior se había apoderado de su alma, pero fue su hijita la que dio la primera gran estocada.

«Tenía una fiesta en mi casa y mi ex esposa fue a dejar a mi hija, que me empezó a tocar la puerta. Me decía "papi, soy yo, Cristal". Fue la primera vez en mi vida que me sentí sucio y pensé “lo único que tengo en mi vida es esa niñita de 3 años”. Todo ya estaba corrupto y no le pude abrir la puerta, porque si lo hacía, la corrompería a ella también. Ella siguió tocando y una hora después le abrí: lloraba en el piso».

Decidió terminar. Dejó Miami, se recluyó en un rancho y contrató a un maestro para que le enseñara karate. La primera lección que recibió fue abrir una Biblia… Se topó, después de varios años, con la Palabra de Dios.

"... o mátame"

Además, empezó a ver cómo su maestro vivía en un mundo muy reducido, con una casa pequeña, un automóvil viejo y casado con la misma mujer 25 años. Y, cosa extrañísima para él, ¡era plenamente feliz!

Un día, hastiado ya de sí mismo… pero permítanme que sea él quien nos lo cuente: «me fui a mi cuarto, me puse de rodillas y dije “Dios, si tú existes y eres capaz de perdonar a alguien como yo, cambia mi vida o mátame. Pero yo no puedo vivir más así”».

Dos meses después, lo arrestaron por su pasado criminal. Cumplió cinco años de condena, ya transformado. Ahí en la cárcel, estudió teología, en la que sacó su doctorado al salir.

Actualmente, Jorge lleva a cabo diversas misiones: asesora al Pentágono y ayuda, con una compañía por él fundada, en la restauración de lugares afectados por catástrofes, entre otras cosas. Pero, aquello que más gozo le produce y a lo que siente que Dios le ha llamado, es cambiar el corazón de los hombres, a «traer un mensaje de esperanza».

Dios se vale de todo para acercarnos a Él. Con Jorge, se sirvió de una niña de tres años y de unas clases de karate. A lo mejor también lleva tiempo tocando a nuestra puerta, pero tal vez nos falte la valentía de Jorge Valdés para lanzar esa no fácil oración: Señor, «¡cambia mi vida o mátame!».

Con datos de La Segunda (Chile), 11 de abril de 2008.

miércoles, 4 de junio de 2008

Los famosos también creen



Es obvio que no se precisa la fama humana para testimoniar la fe. Pero tampoco vamos a desecharla cuando puede servirnos como interpelación para ser coherentes.

Pocos eran los testimonios públicos de personajes famosos que expresaran públicamente su fe cristiana y hablaran de la gran importancia que ha jugado en sus vidas. De un tiempo a esta parte hemos sido testigos de declaraciones edificantes, de palabras que dan esperanza, de conversiones más o menos sorprendentes, de proyectos de TV, radio, Internet y películas de cine que ponen los medios tecnológicos a disposición de la evangelización; o que promueven los valores humanos y las virtudes que el cristianismo defiende: todavía son pocas voces, pero cada vez hacen más ruido.

Ahí están las palabras de la conocida lesbiana afroamericana, fundadora y editora de la revista homosexual "Venus", Charlene Cothran. En el artículo "¡Redimida! 10 maneras de dejar ´la vida´ homosexual si quieres salir de ella", comunicaba a los casi 40 mil suscriptores de la revista y a los cientos de lectores del sitio web, su decisión de cambiar el rumbo de la publicación para ayudar a la recuperación de homosexuales.

“He decidido -decía- entregar todos mis dones de nuevo al Señor, incluyendo la revista “Venus”. El público será el mismo, pero la misión ha sido renovada: “Nuestra nueva misión es animar, educar y asistir a todos aquellos en la vida que quieren cambiar, pero no han encontrado una salida. Hermano mío, hermana mía, por favor, sígueme en el camino de salida a todo esto”.

Y más impresionante aún: "Aunque he vivido como lesbiana a lo largo de toda mi vida adulta, no tengo duda alguna de que el propósito de mi alma es el de usar mis dones para AMOROSAMENTE compartir la verdad de cómo llegamos aquí: cómo nos convertimos en un gay o una lesbiana, cómo llegamos a disfrutar de nuestro ´estilo de vida´ y cómo llegamos a creer –erróneamente- que esto estaba de acuerdo con Dios".

Mucho antes que ella, lo hizo el escritor Oscar Wilde (autor, entre otros, de "El retrato de Dorian Gray"). Pero hay otro que vale la pena rescatar y recordar: el del también escritor, aunque éste italiano, Pier Giorgio Tondelli. Éste, declaradamente homosexual, aunque ya converso hacia el final de su vida, dijo que la castidad "es una virtud mística para todos aquellos que la han elegido, y quizá el uso más sobrehumano de la sexualidad [...] quien ama a la vida no es el libertino sino el monje, porque este último busca el absoluto". Pocos días antes de fallecer dejo unas notas conmovedoras que reflejaban el discurso hacia el que se decantó su vida: "Sólo salva el Amor, la fe y la recaída de la Gracia".

Por otra parte, en una reciente entrevista concedida al ‘National Catholic Register’, Sylvester Stallone ha manifestado su intención de, además del mensaje cristiano que ha mostrado en “Rocky Balboa”, hacer ahora lo mismo con su nueva producción "Rambo IV: Pearl of the Cobra". En el semanario, Stallone narra la historia de su vuelta a la fe católica y cómo el nacimiento de su hija a finales de los 90 jugó un papel determinante: "Cuando mi hija nació enferma y me di cuenta de que necesitaba ayuda, comencé a poner todo en las manos de Dios, su omnipotencia y su gran misericordia".

De novicio budista a religioso camilo: es el caso de Nidal Ranatunga, ex principiante de monje budista y ahora primer sacerdote srilankés de la Orden de san Camilo. Atraído por la belleza del perdón y la alegría de servir a los demás, emprendió su camino hacia el cristianismo. Su andar fue sencillo: quinto de seis hermanos, nació en una familia budista pobre. Tras morir su padre, fue acogido para el servicio doméstico por una familia católica ya que su madre no podía mantenerlo. Ahí comenzó su deseo de hacerse monje budista pero, por curiosidad, empezó a ir a escondidas a la parroquia y, después de algún tiempo, como él mismo declaró a la agencia "Asia News", "me encontré, con estupor, rezando a la Virgen". Tras cinco años volvió a su hogar y, tras seis meses de catequesis, fue bautizado. La vocación fue un paso natural. Llegó a Italia en 1992 y conoció a religiosos de la orden de san Camilo. En 1994 ingresó en ella y fue ordenado sacerdote en 2004. Ahora es el padre Maximiliano Ranatunga y trabaja como capellán del hospital san Camilo en Roma, además de atender a la comunidad de cingaleses que viven en esa ciudad

En Italia destacan las conversiones en los últimos años del escritor Vittorio Messori, la del empresario editorial Leonardo Mondadori, la de la princesa Alessandra Borghese, la de la novelista Susanna Tamaro o la del vaticanista de la prensa laica Domenico del Rio, quien había abandonado el sacerdocio y recuperó la fe por el testimonio de Juan Pablo II.

O, al otro lado del Atlántico, la vuelta a la fe de Anne Rice que, en 1998, después de pasar la mayor parte de su vida adulta como una autora denominada atea, regresó a la fe católica, la cual no había practicado desde sus 18 años de edad. Ha vendido más de 100 millones de ejemplares de sus libros. En octubre de 2005, Rice anunció en la revista ‘Newsweek’ que, de ahora en adelante, "sólo escribiría sobre Jesús nuestro Señor". Su primer libro en esta línea se llama ‘Cristo el Señor: Fuera de Egipto’, que es el comienzo de una trilogía que pretende narrar la cronología de la vida de Jesús. Con este hecho finaliza la saga de "Las Crónicas Vampíricas" y de "Las Brujas de Mayfair", siendo por tanto el último libro Blood Canticle.

El actor Glenn Ford decía, hace años, que “me da pena la gente que no cree, porque es una gran pérdida para el hombre no tener fe”. Es obvio que no se precisa la fama humana para testimoniar la fe. Pero tampoco vamos a desecharla cuando puede servirnos como interpelación para ser coherentes. Son pequeñas voces que se alzan, que salen a flote; pero bien podríamos transformarlas en un grito, unánime y firme. No vale sólo creer, hay que poner en práctica la propia fe. Las conversiones siempre han interpelado a la humanidad; quizá sea ése el motivo por el que los medios de comunicación les dediquen poco espacio. De por sí, son incómodas, porque hacen pensar. Y para eso hace falta la valentía de enfrentarse con la verdad desnuda de las cosas.

Luis Olivera

domingo, 1 de junio de 2008

Por qué me convertí al catolicismo



Aunque sólo hace algunos años que soy católico, sé sin embargo que el problema "por qué soy católico" es muy distinto del problema "por qué me convertí al catolicismo". Tantas cosas han motivado mi conversión y tantas otras siguen surgiendo después... Todas ellas se ponen en evidencia solamente cuando la primera nos da el empujón que conduce a la conversión misma. Todas son también tan numerosas y tan distintas las unas de las otras, que, al cabo, el motivo originario y primordial puede llegar a parecernos casi insignificante y secundario. La "confirmación" de la fe, vale decir, su fortalecimiento y afirmación, puede venir, tanto en el sentido real como en el sentido ritual, después de la conversión. El convertido no suele recordar más tarde de qué modo aquellas razones se sucedían las unas a las otras. Pues pronto, muy pronto, este sinnúmero de motivos llega a fundirse para él en una sola y única razón. Existe entre los hombres una curiosa especie de agnósticos, ávidos escudriñadores del arte, que averiguan con sumo cuidado todo lo que en una catedral es antiguo y todo lo que en ella es nuevo. Los católicos, por el contrario, otorgan más importancia al hecho de si la catedral ha sido reconstruida para volver a servir como lo que es, es decir, como catedral.

¡Una catedral! A ella se parece todo el edificio de mi fe; de esta fe mía que es demasiado grande para una descripción detallada; y de la que, sólo con gran esfuerzo, puedo determinar las edades de sus distintas piedras.

A pesar de todo, estoy seguro de que lo primero que me atrajo hacia el catolicismo, era algo que, en el fondo, debería más bien haberme apartado de él. Estoy convencido también de que varios católicos deben sus primeros pasos hacia Roma a la amabilidad del difunto señor Kensit.

El señor Kensit, un pequeño librero de la City, conocido como protestante fanático, organizó en 1898 una banda que, sistemáticamente, asaltaba las iglesias ritualistas y perturbaba seriamente los oficios. El señor Kensit murió en 1902 a causa de heridas recibidas durante uno de esos asaltos. Pronto la opinión pública se volvió contra él, clasificando como "Kensitite Press" a los peores panfletos antirreligiosos publicados en Inglaterra contra Roma, panfletos carentes de todo juicio sano y de toda buena voluntad.

Recuerdo especialmente ahora estos dos casos: unos autores serios lanzaban graves acusaciones contra el catolicismo, y, cosa curiosa, lo que ellos condenaban me pareció algo precioso y deseable.

En el primer caso —creo que se trataba de Horton y Hocking— se mencionaba con estremecido pavor, una terrible blasfemia sobre la Santísima Virgen de un místico católico que escribía: "Todas las criaturas deben todo a Dios; pero a Ella, hasta Dios mismo le debe algún agradecimiento". Esto me sobresaltó como un son de trompeta y me dije casi en alta voz: "¡Qué maravillosamente dicho!" Me parecía como si el inimaginable hecho de la Encarnación pudiera con dificultad hallar expresión mejor y más clara que la sugerida por aquel místico, siempre que se la sepa entender.

En el segundo caso, alguien del diario "Daily News" (entonces yo mismo era todavía alguien del "Daily News"), como ejemplo típico del "formulismo muerto" de los oficios católicos, citó lo siguiente: un obispo francés se había dirigido a unos soldados y obreros cuyo cansancio físico les volvía dura la asistencia a Misa, diciéndoles que Dios se contentaría con su sola presencia, y que les perdonaría sin duda su cansancio y su distracción. Entonces yo me dije otra vez a mi mismo: "¡Qué sensata es esa gente! Si alguien corriera diez leguas para hacerme un gusto a mi, yo le agradecería muchísimo, también, que se durmiera enseguida en mi presencia".

Junto con estos dos ejemplos, podría citar aún muchos otros procedentes de aquella primera época en que los inciertos amagos de mi fe católica se nutrieron casi con exclusividad de publicaciones anticatólicas. Tengo un claro recuerdo de lo que siguió a estos primeros amagos. Es algo de lo cual me doy tanta más cuenta cuanto más desearía que no hubiese sucedido. Empecé a marchar hacia el catolicismo mucho antes de conocer a aquellas dos personas excelentísimas a quienes, a este respecto, debo y agradezco tanto: al reverendo Padre John O'Connor de Bradford y al señor Hilaire Belloc; pero lo hice bajo la influencia de mi acostumbrado liberalismo político; lo hice hasta en la madriguera del "Daily News".Este primer empuje, después de debérselo a Dios, se lo debo a la historia y a la actitud del pueblo irlandés, a pesar de que no hay en mí ni una sola gota de sangre irlandesa. Estuve solamente dos veces en Irlanda y no tengo ni intereses allí ni sé gran cosa del país. Pero ello no me impidió reconocer que la unión existente entre los diferentes partidos de Irlanda se debe en el fondo a una realidad religiosa; y que es por esta realidad que todo mi interés se concentraba en ese aspecto de la política liberal. Fui descubriendo cada vez con mayor nitidez, enterándome por la historia y por mis propias experiencias, cómo, durante largo tiempo se persiguió por motivos inexplicables a un pueblo cristiano, y todavía sigue odiándosele. Reconocí luego que no podía ser de otra manera, porque esos cristianos eran profundos e incómodos como aquellos que Nerón hizo echar a los leones.

Creo que estas mis revelaciones personales evidencian con claridad la razón de mi catolicismo, razón que luego fue fortificándose. Podría añadir ahora cómo seguí reconociendo después, que a todos los grandes imperios, una vez que se apartaban de Roma, les sucedía precisamente lo mismo que a todos aquellos seres que desprecian las leyes o la naturaleza: tenían un leve éxito momentáneo, pero pronto experimentaban la sensación de estar enlazados por un nudo corredizo, en una situación de la que ellos mismos no podían librarse. En Prusia hay tan poca perspectiva para el prusianismo, como en Manchester para el individualismo manchesteriano.

Todo el mundo sabe que a un viejo pueblo agrario, arraigado en la fe y en las tradiciones de sus antepasados, le espera un futuro más grande o por lo menos más sencillo y más directo que a los pueblos que no tienen por base la tradición y la fe. Si este concepto se aplicase a una autobiografía, resultaría mucho más fácil escribirla que si se escudriñasen sus distintas evoluciones; pero el sistema sería egoísta. Yo prefiero elegir otro método para explicar breve pero completamente el contenido esencial de mi convicción: no es por falta de material que actúo así, sino por la dificultad de elegir lo más apropiado entre todo ese material numeroso. Sin embargo trataré de insinuar uno o dos puntos que me causaron una especial impresión.

Hay en el mundo miles de modos de misticismo capaces de enloquecer al hombre. Pero hay una sola manera entre todas de poner al hombre en un estado normal. Es cierto que la humanidad jamás pudo vivir un largo tiempo sin misticismo. Hasta los primeros sones agudos de la voz helada de Voltaire encontraron eco en Cagliostro. Ahora la superstición y la credulidad han vuelto a expandirse con tan vertiginosa rapidez, que dentro de poco el católico y el agnóstico se encontrarán lado a lado. Los católicos serán los únicos que, con razón, podrán llamarse racionalistas. El mismo culto idolátrico por el misterio empezó con la decadencia de la Roma pagana a pesar de los "intermezzos" de un Lucrecio o de un Lucano.

No es natural ser materialista ni tampoco el serlo da una impresión de naturalidad. Tampoco es natural contentarse únicamente con la naturaleza. El hombre, por lo contrario, es místico. Nacido como místico, muere también como místico, sobre todo si en vida ha sido un agnóstico. Mientras que todas las sociedades humanas consideran la inclinación al misticismo como algo extraordinario, tengo yo que objetar, sin embargo, que una sola sociedad entre ellas, el catolicismo, tiene en cuenta las cosas cotidianas. Todas las otras las dejan de lado y las menosprecian.

Un célebre autor publicó una vez una novela sobre la contraposición que existe entre el convento y la familia (The Cloister and the hearth). En aquel tiempo, hace 50 años, era realmente posible en Inglaterra imaginar una contradicción entre esas dos cosas. Hoy en día, la así llamada contradicción, llega a ser casi un estrecho parentesco. Aquellos que en otro tiempo exigían a gritos la anulación de los conventos, destruyen hoy sin disimulo la familia. Este es uno de los tantos hechos que testimonian la verdad siguiente: que en la religión católica, los votos y las profesiones más altas y "menos razonables" —por decirlo así— son, sin embargo, los que protegen las cosas mejores de la vida diaria.

Muchas señales místicas han sacudido el mundo. Pero una sola revolución mística lo ha conservado: el santo está al lado de lo superior, es el mejor amigo de lo bueno. Toda otra aparente revelación se desvía al fin hacia una u otra filosofía indigna de la humanidad; a simplificaciones destructoras; al pesimismo, al optimismo, al fatalismo, a la nada y otra vez a la nada; al "nonsense", a la insensatez.

Es cierto que todas las religiones contienen algo bueno. Pero lo bueno, la quinta esencia de lo bueno, la humildad, el amor y el fervoroso agradecimiento "realmente existente" hacia Dios, no se hallan en ellas. Por más que las penetremos, por más respeto que les demostremos, con mayor claridad aún reconoceremos también esto: en lo más hondo de ellas hay algo distinto de lo puramente bueno; hay a veces dudas metafísicas sobre la materia, a veces habla en ellas la voz fuerte de la naturaleza; otras, y esto en el mejor de los casos, existe un miedo a la Ley y al Señor.

Si se exagera todo esto, nace en las religiones una deformación que llega hasta el diabolismo. Sólo pueden soportarse mientras se mantengan razonables y medidas. Mientras se estén tranquilas, pueden llegar a ser estimadas, como sucedió con el protestantismo victoriano. Por el contrario, la más alta exaltación por la Santísima Virgen o la más extraña imitación de San Francisco de Asís, seguirían siendo, en su quintaesencia, una cosa sana y sólida. Nadie negará por ello su humanismo, ni despreciará a su prójimo. Lo que es bueno, jamás podrá llegar a ser DEMASIADO bueno. Esta es una de las características del catolicismo que me parece singular y universal a la vez. Esta otra la sigue:

Sólo la Iglesia Católica puede salvar al hombre ante la destructora y humillante esclavitud de ser hijo de su tiempo. El otro día, Bernard Shaw expresó el nostálgico deseo de que todos los hombres vivieran trescientos años en civilizaciones más felices. Tal frase nos demuestra cómo los santurrones sólo desean —como ellos mismos dicen— reformas prácticas y objetivas.

Ahora bien: esto se dice con facilidad; pero estoy absolutamente convencido de lo siguiente: si Bernard Shaw hubiera vivido durante los últimos trescientos años, se habría convertido hace ya mucho tiempo al catolicismo. Habría comprendido que el mundo gira siempre en la misma órbita y que poco se puede confiar en su así llamado progreso. Habría visto también cómo la Iglesia fue sacrificada por una superstición bíblica, y la Biblia por una superstición darwinista. Y uno de los primeros en combatir estos hechos hubiera sido él. Sea como fuere, Bernard Shaw deseaba para cada uno una experiencia de trescientos años. Y los católicos, muy al contrario de todos los otros hombres, tienen una experiencia de diecinueve siglos. Una persona que se convierte al catolicismo, llega, pues, a tener de repente dos mil años.

Esto significa, si lo precisamos todavía más, que una persona, al convertirse, crece y se eleva hacia el pleno humanismo. Juzga las cosas del modo como ellas conmueven a la humanidad, y a todos los países y en todos los tiempos; y no sólo según las últimas noticias de los diarios. Si un hombre moderno dice que su religión es el espiritualismo o el socialismo, ese hombre vive íntegramente en el mundo más moderno posible, es decir, en el mundo de los partidos. El socialismo es la reacción contra el capitalismo, contra la insana acumulación de riquezas en la propia nación. Su política resultaría del todo distinta si se viviera en Esparta o en el Tíbet. El espiritualismo no atraería tampoco tanto la atención si no estuviese en contradicción deslumbrante con el materialismo extendido en todas partes. Tampoco tendría tanto poder si se reconocieran más los valores sobrenaturales. Jamás la superstición ha revolucionado tanto el mundo como ahora. Sólo después que toda una generación declaró dogmáticamente y una vez por todas, la IMPOSIBILIDAD de que haya espíritus, la misma generación se dejó asustar por un pobre, pequeño espíritu. Estas supersticiones son invenciones de su tiempo —podría decirse en su excusa—. Hace ya mucho, sin embargo, que la Iglesia Católica probó no ser ella una invención de su tiempo: es la obra de su Creador, y sigue siendo capaz de vivir lo mismo en su vejez que en su primera juventud: y sus enemigos, en lo más profundo de sus almas, han perdido ya la esperanza de verla morir algún día.


G. K. Chesterton

jueves, 29 de mayo de 2008

Encontré a Dios durante el rodaje de "Apocalypse Now"



El actor hispano-irlandés Martin Sheen cuenta cómo ha vuelto a descubrir a Dios en un programa televisivo italiano.

—P: "Usted es conocido como un bravo actor, un buen católico pero también como un rebelde, un crítico de la vida política y civil. ¿Esta vocación por la protesta nace del ciudadano o del católico?"

—R: "No logro separar las dos cosas: espero ser la misma persona en misa, en una manifestación de protesta, ante una cámara o ante mi mujer, mis hijos, mi comunidad, en mi trabajo de voluntariado.

—P: "¿Recuerda los motivos de sus arrestos, o al menos de alguno?"

—R: "No siempre he practicado el catolicismo, de joven casi lo abandoné y viví muchos años sin fe. Volví a la fe en 1981 cuando vivía en París. Todo había iniciado cuatro años antes en Filipinas, mientras estaba rodando «Apocalypse Now». Me puse enfermo gravemente, estuve a punto de morir. Tuve una crisis de conciencia y al mismo tiempo de identidad. No tenía ninguna espiritualidad, no sabía cómo unir la voluntad del espíritu al trabajo de la carne ¿entiende? Estaba dividido. Tenía miedo de morir. Llamé a un sacerdote y recibí la extremaunción. Era el 5 de marzo de 1977. Estaba muriendo. Pero yo considero aquél día como el día de mi renacimiento. Me acerqué de nuevo a los sacramentos, volví a ir a Misa, pero iba con miedo: Dios me había golpeado y podía golpearme de nuevo si no me portaba bien. Y esto siguió durante varios meses hasta que un día me dije: «¿No hay amor, no hay alegría, no hay libertad en todo esto?».

—P: "Como la historia del hijo pródigo..."

—R: "¡Exacto! Entonces volví a beber y a llevar una vida loca. Pero algo había nacido. Había sido plantada una semilla y comenzó a crecer. Gradualmente empecé a preguntarme quién era, porqué estaba allí, dónde quería ir. Al final llegué a París, donde encontré a un viejo y muy querido amigo mío que se convirtió en un consejero espiritual muy importante, un guía. Era Terrence Malick, el director con el que había trabajado en «Badlans». Empezó a darme libros. Filosofía, espiritualidad, teología... Un día me dio «Los hermanos Karamazov». Me costó una semana acabarlo, no podía dejar de leer. Aquél libro fue derecho a mi corazón, a mi alma. Así volví al catolicismo en París, el 1 de mayo de 1981.

lunes, 26 de mayo de 2008

¡Esto es la verdad!



S.S. Juan Pablo II canonizó el 11 de octubre de 1998 a la que desde hace unos años era la Beata Edith Stein. Edith no nació católica, sino judía, en Breslau -entonces ciudad alemana, y hoy polaca con el nombre de Wroclaw-, en 1891. Era la menor de una familia numerosa, y perdió repentinamente a su padre apenas dos años después. Su madre se hizo cargo con fortaleza del negocio familiar de maderas y de la educación de sus hijos.

Su madre infundió un elevado código ético a sus hijos: Edith aprendió algunas virtudes que nunca perdería: sinceridad, espíritu de trabajo de sacrificio, lealtad... Pero, aunque se educó en un ambiente claramente judío, la fe era más bien superficial. A los diez años supo de la muerte de un tío muy querido, y acabó enterándose de la causa: suicidio, tras la quiebra de su negocio. Acudió al funeral. "El rabino inició la oración fúnebre. Yo ya había escuchado otras oraciones fúnebres. Eran un resumen de la vida del muerto, en que se realza todo lo bueno que había hecho durante la vida, removiendo el dolor de los familiares y sin que por ello se recibiese ningún consuelo. Por fin, con solemne y engolada voz, dijo el rabino: «si el cuerpo se convierte en polvo, el espíritu vuelve a Dios, que es quien se lo dio». Pero, detrás de todo esto, no había una fe en la pervivencia personal y en un volver a encontrarse tras la muerte.

Tuve una impresión totalmente distinta cuando al cabo de muchos años participé en un culto funerario católico, por primera vez. Se trataba del entierro de un sabio famoso. Pero nada se dijo en la oración fúnebre de sus méritos, ni del apellido que había llevado en el mundo. Solamente se encomendaba a la Misericordia de Dios su pobre alma mediante el nombre de pila. Ciertamente, ¡qué consoladoras y serenantes eran las palabras de la liturgia que acompañaban a los muertos a la eternidad!". Edith supo de bastantes más suicidios: sucedían cuando se derrumbaban las esperanzas terrenas de quienes hasta entonces parecían llenos de amor a la vida.

Las virtudes aprendidas en casa, junto a una profunda y despierta inteligencia, hicieron progresar a Edith en el mundo académico, a pesar de los prejuicios contra las mujeres y los judíos de aquella Alemania rígida. Destacó en el colegio, y fue a Göttingen a estudiar filosofía. Allí conoció a Husserl, y, junto con muchos otros, quedó deslumbrada por la nueva fenomenología. "Las Investigaciones lógicas (de Husserl) habían impresionado, sobre todo porque eran un abandono radical del idealismo crítico kantiano y del idealismo de cuño neokantiano. Se consideraba la obra como una «nueva escolástica». (...) Todos los jóvenes fenomenólogos eran unos decididos realistas". Edith, en filosofía, buscaba la verdad. Pero, a la vez, un intenso trabajo la absorbía, y no dejaba tiempo para la consideración de otras cosas; de hecho, no tenía fe.

Dios preparaba su cabeza, pero también otros aspectos que permitirían descubrirle; entre otros, el contacto con el dolor. En 1914 apareció de improviso la guerra. Muchos de los amigos de Edith fueron al frente. Ella no podía quedarse sin hacer nada, y se apuntó como enfermera voluntaria. La enviaron a un hospital austríaco. Atendió soldados con tifus, con heridas, y otras dolencias. El contacto con la muerte le impresionó. Tras ver morir a uno de los primeros, "cuando ordené las pocas cosas que tenía el muerto reparé en una notita que había en su agenda. Era una oración para pedir que se le conservase la vida. Esta oración se la había dado su esposa. Esto me partió el alma. Comprendí, justo en ese momento, lo que humanamente significaba aquella muerte. Pero yo no podía quedarme allí". Tras los trámites pertinentes, se volvió a refugiar en la incesante actividad. Edith recibió la Medalla al Valor por su trabajo en el hospital.

Tras dejar el hospital, siguió a Husserl a Friburgo, y trabajó como su asistente. Ordenó y recopiló los trabajos del maestro, pero, sin un futuro claro en ese puesto, decidió dejar a Husserl e intentar aspirar a una cátedra universitaria. No lo pudo conseguir por ser mujer, y se tuvo que conformar con la dirección de un colegio privado.

Algunas conversiones de amigos y algunas escenas de fe que pudo ver habían impresionado a Edith. Empezó a leer obras sobre el cristianismo, y el Nuevo Testamento. Un día tomó un libro al azar en casa de unos amigos conversos. Resultó ser la autobiografía -La Vida- de Santa Teresa de Jesús. Le absorbió por completo. Cuando lo acabó, sobrecogida, exclamó: "¡Esto es la verdad!". Inmediatamente, compró un catecismo y un misal. Al poco tiempo se presentó en la parroquia más cercana pidiendo que le bautizaran inmediatamente. Demostró conocer bien la fe, pero había que hacer algunos trámites, y se bautizó el día 1 de enero de 1922, con el nombre de Teresa Edwig.

Lo más duro que le esperaba a la recién conversa era decírselo a su familia. Edith era un orgullo para su madre. Por eso mismo se derrumbó y se echó a llorar cuando su hija se reclinó en su regazo y le dijo: "Madre, soy católica". Edith la consoló como pudo, e incluso le acompañaba a la sinagoga. Su madre no se repuso del golpe -lo consideraba una traición-, aunque no tuvo más remedio que admitir, viendo a su hija, que "todavía no he visto rezar a nadie como a Edith".

Todavía les resultó más costoso aceptar la decisión de Edith de hacerse carmelita descalza. Era una decisión meditada durante años, que se hizo realidad en 1934. Emite sus votos en abril de 1935, en Colonia. Se convirtió en Sor Benedicta de la Cruz.

Mientras todo esto sucede, el ambiente en Alemania se va haciendo progresivamente hostil contra los hebreos, desde la llegada al poder de Hitler en 1933. En 1939 sus hermanas del Carmelo de Colonia deciden que es prudente salga de Alemania, y se traslada al convento de Echt, en Holanda.

En la primavera de 1940 Holanda es ocupada por los nazis. A principios de 1942 se decide en las afueras de Berlín la "solución final": el exterminio programado de los judíos. Unos meses después, la Jerarquía católica holandesa escribe una carta al Comisario del Reich, Seyss-Inquart, protestando contra el trato vejatorio a los judíos; se oyen también protestas en los púlpitos, como la del Obispo de Utrecht. Las SS alemanas reaccionan con represalias, entre ellas la detención de los católicos de origen hebreo. En agosto de 1942 se presentan en el convento de Echt, en busca de Edith Stein y su hermana Rosa, refugiada allí. Al cabo de pocos días, salen de Holanda con destino desconocido. Pocos datos se conocen a partir de este momento, pero todos coinciden en testimoniar la serenidad y entrega ejemplar de Edith.

Más tarde se supo el destino final de Edith Stein: las cámaras de gas de Auschwitz. Allí entregó santamente su alma al Señor el 9 de agosto de 1942.


Las citas son de Estrellas amarillas, autobiografía de Edith Stein.

domingo, 25 de mayo de 2008

Famoso, mujeriego y converso



El arzobispo de Burgos presenta el testimonio del actor Eduardo Verástegui

Eduardo Verástegui es un actor televisivo y cantante mexicano que provoca el entusiasmo de la gente joven. Nació hace 33 años en un pueblecito al norte de México. Comenzó a estudiar derecho en la Universidad, pero al cabo de un año lo abandonó para perseguir el sueño de ser actor y cantante. Marcha a Ciudad de México y allí se consolida como actor latino de moda, entra en el mundo de la telenovela y da el salto a la industria latina cinematográfica. Se traslada a Miami y graba su primer disco como solista.
Un día, mientras viaja a Los Ángeles para promocionar su disco, conoce en el avión a un directivo de la Fox, que le invita a un casting para un largometraje. Le dan el papel y se traslada a Hollywood. Allí tiene su primera experiencia radical: después de conseguir durante diez años todo lo que pensaba que le haría feliz, siente un profundo vacío. «Estaba triste e insatisfecho. Me faltaba algo. Por aquel entonces no sabía qué».
Mientras tanto, exprime el precio de la fama con sobredosis de sexo, droga y fiestas. Esto le lleva a perder la perspectiva de la realidad y a vivir en un profundo relativismo. Como suele ocurrir en esos ambientes, sus amistades, lejos de ayudarle, le meten cada vez más en el abismo de las fiestas y de la nada. «Me di cuenta que yo era como un galgo que perseguía una falsa liebre en las carreras. Cuando llegué a morderla, me quedé herido porque era de metal. Estaba persiguiendo una mentira».
Un día tiene un encuentro con Jarmine, la profesora de inglés que durante seis meses le ponen los de la Fox. Esta mujer católica le hace ir al fondo de su vida y despierta en él las preguntas últimas. El actor siempre se había sentido católico, pero su trato con Jarmine le descubre que su catolicismo es una etiqueta cultural, casi vacía de contenido y, desde luego, carente de convicciones. Verástegui recuerda el día que, terminadas las clases, se despidió, dejándole la herida abierta: «¿qué estás haciendo con tu vida?» Comenzó a llorar en un rincón de la casa y no cesó en varios días. «Temblaba por dentro», confiesa él.
Tenía necesidad de encontrar alguien que hablara español para compartir todo lo que sentía y el arrepentimiento por una vida tan alejada de Dios. Le pusieron en contacto con un sacerdote, que comenzó a ayudarle y a dejarle libros. Empieza a ir a misa diariamente. Otro sacerdote, el Padre Francisco, le propone una confesión general. Tras una larga preparación, Verástegui hace una confesión de tres horas. El actor la califica como su segunda conversión: «Comprendí que no había nacido para actor u otra cosa, sino para conocer, amar y servir a Jesucristo».
Con la audacia del converso, vende todos sus bienes y decide irse a Brasil como misionero. Pero el sacerdote le hace descubrir que Hollywood es el lugar donde Dios le espera para que anuncie la Buena Nueva. Verástegui, con Leo Severino, crea Metanoia Films para hacer películas al servicio de la esperanza y dignidad humanas. «Bella» es la primera cinta de esta compañía. De ella se ha hablado mucho durante estos meses en toda América. Incluso ganó el Festival de Toronto contra todo pronóstico. Verástegui ha creado también un estudio bíblico para actores y directores y un lugar en Hollywood para los que buscan algo más que la fama.
Desde hace cinco años, el mujeriego "latin lover" vive, feliz y radiante, la castidad, reza el rosario y va a misa todos los días. Es el referente contracultural en los corrillos de Hollywood. Se siente libre de verdad e inmensamente feliz.
+ Francisco Gil Hellín
Arzobispo de Burgos

domingo, 18 de mayo de 2008

Mi guerra con Dios



Testimonio de Ángela de la Comunidad "Nuovi Orizzonti". Festival de Jóvenes Medjugorje 2006. Hace poco tiempo, el Padre Ljubo me pregunto si estaba dispuesta a compartirles mi historia. Y les puedo garantizar que no es fácil. Pero cuando se experimenta el amor de Dios, se aprende que no se puede guardar para uno mismo. Yo llevo 10 años viviendo esta forma de amor. Llevando el amor a quienes no conocen el amor de Dios. La comunidad nace en 1984 de Chiara Amirante, que comienza a llevar la palabra de Dios a los puntos de muerte de la ciudad de Roma. Tantos jóvenes que no conocían la palabra de Dios le pedían "Clara sácanos de este infierno".

Yo llevo 10 años, tengo 38 años y cuando entré a la comunidad no creía absolutamente en Dios. Creía que los sacerdotes y las religiosas se hacían sacerdotes y religiosas por la falta de trabajo. Veía una Iglesia que solo daba reglas. Una Iglesia que prohibía todo. Pero había una pregunta que me hacia: "Si es verdad que Dios es amor, por qué en el mundo hay sufrimiento?". Y con el sufrimiento tuve contacto apenas nací. Porque mi papa y mi mama me abandonaron en un hospital recién nacida. Viví mis primeros 6 años de vida en un orfanato. Dos meses después de mi adopción el instituto fue clausurado por maltrato a menores. Yo había conocido todo menos el amor. Y cuando un niño no conoce el amor es difícil que de adulto sepa dar amor. Crecí rebelde. En la escuela era instrumento de santificación para los profesores. Un día iba a la escuela y dos me suspendían.

Origen y primeras experiencias

A los 18 años eres mayor de edad en Italia, así que me fui de casa. Pude hacerlo porque tenía un trabajo, una ocupación. Yo soy una ex chef internacional de cocina. Comencé a trabajar en Italia y el resto de Europa. El dinero empezó a ser el Dios de mi vida. Entre más tenia, mas quería tener. Pero a fin de mes no quedaba nada. Todo lo que pertenece al mundo de la afectividad era un desastre. Tenía novios en base a la estación del año. Por lo tanto, tenía un novio para la estación invernal y otro para el verano. Y me decía, por lo pronto yo el corazón no lo meto. Pero cada vez era una herida más que dejaba al corazón muy lastimado.

Un duro golpe

Finalmente me enamoro de una persona que todas las madres de familia soñarían para su propia hija, inteligente, bueno, perfecto. Pero tenía un pequeño defecto: era un católico, un católico convencido. Y empezó a hablarme de Dios. Y le dije: "Escucha Luca las relaciones de 3 no funcionan, somos tu y yo y punto. Dios debe estar fuera". El fingió seguirme la corriente. Después de 2 años, una noche viene a mi casa y me dice: escucha Ángela, hablé con mi padre espiritual porque tengo intención de casarme contigo. Yo lo observé un poco perpleja pero por un solo motivo, porque no sabía qué era un padre espiritual. Y le respondí: "Vamos al registro de la ciudad, una cita, dos firmas y estamos casados". Y me dijo: "No, para mí es importante el sacramento del matrimonio. Nos dan la posibilidad de efectuar un matrimonio mixto donde tu declares ser no creyente pero yo puedo casarme contigo dentro de la Iglesia". Entonces mi siguiente pregunta fue: "Y esto cuánto cuesta?". "Nada". Por lo tanto, pensé, no cuesta nada, la imagen no la pierdo, puedo hacerlo. Puse una condición: "Tú organizas la boda".

El comenzó a organizar la boda, pero de repente se enferma, se enferma gravemente... Después de una serie de análisis, nos dicen que debido a una transfusión de sangre había contraído el HIV, tenía SIDA. Sentencia: ni un año de vida. Y ahí entro en contacto con la primera verdad de mi vida. Porque yo con el dinero hasta ese día había comprado todo y a todos. Pero una sola cosa no podía comprar, y esta era la vida. Y para mí fue una derrota. Luca partió para el paraíso 4 días antes del matrimonio. Y ahí se me derrumba el mundo… Recuerdo la tarde del funeral, yo estaba en una playa y dije: "Dios, si tú existes, yo te destruyo. Pero si tú no existes, pasaré mi vida diciéndole al mundo que no existes". Y ahí comenzó mi guerra con Dios.

Adónde llevan las sectas

Primero me acerqué a varias filosofías. Todo lo que era la New Age y Reiki. Pero no encontraba nada de la presencia de Dios. Hasta que un día una colega de trabajo me dijo que tal vez necesitaba ir a psicoterapia. Pensé: he probado todo, pruebo también esto. Y comencé a ir un día a la semana, dos días, tres días, cuatro veces por semana. La psicoterapia se convirtió en mi droga. No tenía la facultad de decidir nada de mi vida. Poco después la doctora me dice: sabes, Ángela, tal vez necesites hipnosis porque tenemos que entrar a lo más profundo de tus heridas. Le dije que sí. Desafortunadamente no estaba en situación de tomar ninguna decisión.

Desafortunadamente esta doctora era una sacerdotisa de una de las sectas satánicas más importantes de Italia. Ahí pasé dos años de mi vida. Dos años que me llevaron a perder mi dignidad de mujer, mi dignidad de ser humano. Solo el poder, solo el tener. Llegué a alcanzar la muerte del alma. La noche de Navidad de hace diez años, durante un rito, me dicen que hay una ciudad en Italia en la que puedo ir yo como líder, pero me dicen que tengo que demostrar mi pertenencia, mi afiliación. Y me dicen: "En Roma hay una joven, de nombre Chiara, que ha fundado hace poco tiempo una comunidad. Esta muy protegida por la Iglesia y para nosotros es un obstáculo. Si tu verdaderamente quieres pertenecer a nosotros y tener el poder, debes hacer una cosa: destruye Nuovi Orizzonti y mata a Chiara". Y acepté.

Parto para Roma la noche del 5 de Enero. Eran las 8 de la noche y Chiara estaba cenando. Toqué la puerta de la comunidad. Estaba segura de aquello que haría. Chiara cuenta siempre que en ese momento en su corazón escucho la voz de María que le decía: "Abre tú la puerta que es una hija mía que tiene una gran necesidad". Chiara se levantó y abrió la puerta y cuando abrió la puerta hizo una sola cosa. Me abrazó y me dijo: "Finalmente estás en casa". Es el abrazo que cambia mi vida. Un abrazo indeleble que llegó a mi corazón. Chiara me llevó a su habitación y hablamos un poco. Le entregué el arma y le dije: "Chiara, para mí ya no hay esperanza". Y me respondió: "Sí. Sí hay esperanza, porque el amor ha vencido a la muerte. Porque un hijo dio la vida por ti. Y Jesús te ama". Le dije: "Chiara, yo los conozco. Tengo pocos minutos. Ellos me matarán a mí y te matarán a ti". "No Ángela, no lo harán. Porque María te quiso en esta casa".

En la Iglesia Católica

Llamaron a un sacerdote, pues obviamente la primera cosa por hacer era una buena confesión. Debido a las actividades en las que estaba involucrada no me pudieron dar la absolución inmediatamente. Escribieron a la Santa Sede, a la Doctrina de la fe, mi historia. Y un cierto cardenal Ratzinger en pocos días respondió: "Hoy la Iglesia está de fiesta porque un Hijo ha regresado a casa". Con un permiso muy especial la noche del 27 de Enero, en la capilla de las hermanas de la Madre Teresa en Roma, pude recibir la comunión, pude consagrar mi corazón al Corazón Inmaculado de María, y pude hacer votos de pobreza, obediencia, castidad y la alegría de Cristo Resucitado. Y ahí comenzó mi camino. Mi camino de sanación. Donde ninguno había conseguido sanar ciertas heridas, solamente el amor de Jesús.

Pero había todavía una herida que no había podido sanar, y era la falta de una madre… porque me faltaba… Me faltaba cuando en Navidad todas la madres telefonaban y yo no recibía una llamada. Y entonces un día Chiara me envía a abrir un centro de ayuda a la vida. Un centro para jóvenes madres y menores en riesgo. Me fui con el entusiasmo de abrir una casa. Pero después de poco tiempo, empecé a recoger un grito de dolor. Madres que habían dado a luz en cárceles, que no sabían leer ni escribir, habían firmado ciertos documentos y una vez dado a luz el niño, les era arrebatado. Y entonces me decían: "Sabes, hoy tendría un hijo, pero está en alguna parte, tiene 8 años, nunca lo he visto". Comencé a recoger el grito de dolor de mujeres que habían abortado y me decían: "Sabes, hoy tendría un hijo pero lo asesiné".

La Cruz de Cristo

Por la noche, cuando llegaba frente a Jesús para entregarle todo este dolor. Empecé a escuchar una cosa en mi corazón: "Ángela, si hoy tú existes es porque tu madre dijo sí a la vida". Cuando se experimenta la misericordia de Dios, la primera cosa que se aprende es a no juzgar. Y yo no tenía ningún derecho de juzgar a mi madre. Porque si una madre llega a abandonar a un hijo es porque hay un gran dolor.

La ley italiana permite obtener información del propio origen. Encontré a mi madre. Comenzó a telefonearme y un día me sugirió conocernos personalmente. El 2 de Junio de 2004 partí para la ciudad donde ella vivía, para encontrarla. Y había dos partes de mí. Estaba la parte humana que decía finalmente podré llamar a alguien mamá. Pero había una parte operativa que me decía: Ángela, no sabes qué puedes encontrar allá. Mi error es que venció la parte humana. Pero el hombre propone y Dios dispone… porque pocos minutos después de encontrarnos, con una mirada que yo no le deseo ni a mi peor enemigo me dijo: "Tú para mi no has existido hasta ahora, no existes hoy, sal de mi vida". Yo no sé qué siente una madre cuando un hijo dice no al amor, pero les puedo decir lo que siente un hijo cuando una madre le dice no al amor…

Fue un gran dolor, regresé a Roma con Chiara y le dije: "Pero yo qué he hecho de malo a Jesús, trabajo para Él, por qué no me puede ayudar?", y Chira me respondió con una frase de Santa Teresa de Ávila a mi pregunta de por qué Jesús me trata así, me contestó: "Sabes, Ángela, a sus amigos los trata así". Y Santa Teresa había respondido: "Ahora entiendo por qué tienes tan pocos amigos"…

Una franca resistencia

Chiara me dijo: "Escucha, Ángela, tienes 20 días de vacaciones, hay un lugar al que puedes ir. Este lugar es Medjugorje, toma tus vacaciones y ve allá". Era el periodo del aniversario. Y pensé: yo a Medjugorje no voy. Mejor me pagas las vacaciones a Croacia que tiene un mar estupendo y un día voy a Medjugorje. Pero yo no voy a ir a meterme en las piedras, las colinas, el calor... Y ella me dijo: "Te recuerdo que tienes un voto de pobreza y un voto de obediencia. Y por obediencia vas a Medjugorje". Así que vine a Medjugorje.

Llego a Medjugorje. Y me daban pena los peregrinos. Porque decía: al menos ellos podrían ir al mar y no van. Yo estoy obligada a estar aquí. Los primeros 10 días no quise saber de nada. El undécimo día, cerca de la tienda verde, pasa la vidente Marija me saluda y me invita a una aparición. Y de golpe, riéndome, le contesto: "Escucha, Marija, la Virgen tiene que venir a mí porque yo no me muevo". Me observó un poco sorprendida y me dice: "De todas formas vienes".

Era al día siguiente en el Oasis de la Paz, estaba lleno de gente. Yo llego a las 6:20 p.m. y había gente que llevaba 2 o 3 horas esperando. Y yo decía: para qué llegar tan temprano, de todas formas no la veo. Llego al Oasis, pasa Marija, me toma por el brazo y me lleva con ella dentro de la capilla del Oasis. Y empieza la aparición. Me hizo arrodillarme, ella estaba al lado de mí. Yo veía a todos los peregrinos, y decía: "¡qué buenos, como rezan!", pero mi corazón estaba cerrado.

Por otro lado pensaba, no se podía estar al lado a un personaje como Marija y no verse afectado. De repente la observaba y veía que movía sus labios de vez en cuando, y en ese momento ¿saben cuál era mi preocupación? ¿Pero ella con la Virgen habla en italiano o en croata? Quince días después le hice esta pregunta y me dijo que hablaba en croata.

Contacto con lo divino

Pero en cierto momento sucedió una cosa, y se lo dice la persona más racional que existe. Empecé a sentir un calor en el cuerpo, era un calor que me envolvía, era como si algo me abrazara, pero lo más increíble era como si fuera un transplante de corazón y subrayo la palabra transplante porque no era un corazón reparado, era un corazón nuevo…

Termina la aparición, y yo continuaba repitiéndome, Ángela no ha pasado nada. Y entre más lo decía mejor me sentía. Marija se levanta e hizo lo que hace siempre, explica lo que ha sucedido. Delante a todos dice: "He presentado a la Virgen todas las intenciones de oración, la Virgen ha orado por ustedes, los ha bendecido" y después delante a todos me observa y me dice: "La Virgen hace suyo el dolor que llevas, pero a partir de hoy sólo Ella será tu Madre".

Marija de mi historia no sabia absolutamente nada. Salí de la capilla, Marija me toma por el brazo y nos vamos a casa. Y aún sin convencerme le hago una pregunta: ¿Marija, estabas ahí, tú en la capilla me viste? Y ella sonriendo me respondió: "Yo no, pero la Virgen sí". Y desde aquel día he sentido a María en mi vida.

He descubierto que cada vez que tengo el rosario en las manos es María quien me toma de la mano. Aquella tarde aprendí otra cosa, que era cierto que hasta ese día había trabajado para Dios. Pero que María quería que trabajara con Dios. Y otra cosa bellísima es que si yo quería llegar a ser santa, debería tomar a María como modelo de santidad. Y para un carácter como el mío no era fácil. No era fácil vivir la obediencia de María. No era fácil vivir la humildad de María. No era fácil vivir el silencio de María. El silencio de María bajo la cruz. María estaba bajo la cruz.

Un profundo en inexplicable cambio

Fue una experiencia bellísima. Porque descubrí que el dolor, puede ser transformado en amor por la humanidad. Cuando el Padre Ljubo me llamó, a través de Chiara, porque si hoy yo les hablo es porque me han autorizado a hacerlo, me imagino en el paraíso. Me imagino la Santísima Trinidad, con Maria, y los santos. ¡Cuantos se están formando en este momento!

Porque si aquella tarde yo dije que Dios no existe, después de 12 años puedo decirles que Dios existe. Por 8 años, viví en el silencio. Viví escondida. Pero hace 2 años, durante un capitulo general de la familia salesiana, Chiara y otras personas importantes me pidieron contar mi historia. Al principio tuve miedo. Pero cuando aprendes que la vida no te pertenece a ti, que la vida es un regalo..., hice este pacto con Jesús: "Jesús te ruego, si mi vida, mi historia, sirve a un solo joven a encontrar tu misericordia, daré mi vida por esto".

Seguridad en medio de la indigencia

Queridos Jóvenes: no tengan miedo al sufrimiento. El sufrimiento existe. El mundo nos enseña que no existe. El mundo nos enseña a cubrir el sufrimiento. Pero Jesús nos ha enseñado a vivirlo con Él. Lo que tiene clavado a Jesús a la cruz no son los clavos sino el amor especial que tiene por cada uno de nosotros… Les ruego, como decía San Francisco, no permitan que el amor de los amores no sea amado. Llevemos el amor de Dios a todo el mundo. La Madre Teresa decía: somos gotas en el mar, pero tantas gotas hacen un océano.

Queridos Jóvenes: como decía San Pedro, yo no tengo oro ni plata. Queridos Jóvenes: todo lo que tengo me llega de la Providencia, ni siquiera este rosario, me lo han dado. Queridos Jóvenes: yo no tengo nada. A diferencia de San Pedro, yo no hago milagros. Pero les puedo decir una cosa: que hay un Dios que ha dado la vida. Que hay un Dios que nos ama. Que debemos experimentar la alegría. La alegría de Cristo resucitado. Ese pedazo de pan que nosotros adoramos, ese pedazo de pan con el que nos nutrimos. Ahí está realmente el cuerpo de Jesús. Y lo digo con un gran dolor, porque los satanistas creen más que nosotros que ahí está el cuerpo de Jesús. Nosotros tenemos que empezar a creer. Tenemos que empezar a vivir a Jesús. San Pablo decía, no soy yo quien vivo, es Jesús quien vive en mí.

Entonces jóvenes, ya saben donde está la verdadera libertad. Está en una sola palabra, la verdadera libertad está en la obediencia. Y lo repito, no escapen al sufrimiento. Llévenlo con Jesús, y entonces ese sufrimiento se transformará en amor. Me despido con una frase de Edith Stein. Cuando Edith Stein se convirtió le preguntaron: ¿por qué te convertiste a la religión católica? Y ella respondió: "Porque busqué el amor y encontré a Jesús".