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lunes, 10 de enero de 2011

Embriones


José Ramón Ayllón

Incluso en la duda habría que respetar

Hoy asistimos a un importante progreso en los conocimientos biomédicos sobre el origen, la naturaleza, las patologías y los tratamientos de la vida humana. Pero también constatamos el perfeccionamiento de las técnicas para manipularla y suprimirla. Conviene recordar, por ello, que la investigación biomédica y sus posibilidades técnicas no están justificadas a cualquier precio, de la misma manera que una buena investigación policial no justifica la tortura, y que la necesidad de ganar dinero tampoco justifica el robo o la venta de droga.

El problema de la manipulación y eliminación de embriones consiste en saber si son o no son personas. Quienes niegan la condición personal del embrión aducen que ser persona es tener autonomía vital y capacidad de relación inteligente. Pero eso les pone en la difícil tesitura de negar la condición personal no sólo al embrión, sino también al recién nacido, al deficiente mental profundo y al hombre que duerme. Quienes afirman la condición personal del embrión aportan el testimonio de la biología: el óvulo fecundado tiene individualidad genética y es capaz de presidir su propio destino hasta la vejez y la muerte natural. La biología pone así de manifiesto la verdad de una intuición universal: que el embrión es un ser humano en estado embrionario.

Por eso, la investigación biomédica debe renunciar a intervenir sobre embriones vivos si no existe la certeza moral de que no se causará daño alguno a su vida y a su integridad. Los embriones vivos merecen el respeto que se debe a cualquier persona humana, y tanto crearlos como mantenerlos en vida para fines experimentales o comerciales es contrario a la dignidad humana. Incluso si ponemos en duda el estatuto humano del embrión, esa misma duda tiene una enorme fuerza argumental: ¿no será el embrión una persona llamada a la autonomía y al protagonismo de su propia vida? Podrá discutirse. Habrá que sopesar los argumentos. Pero si algo está claro es que, en la duda, es obligatorio respetar: nadie puede disparar en el bosque cuando duda si lo hace sobre un hombre.

viernes, 16 de octubre de 2009

«Los nuevos hallazgos astrofísicos dejan poco sitio al ateísmo»






























El científico jesuita Robert J Spitzer asegura que son la «llave para probar la existencia de Dios»

Las últimas teorías reconocen la existencia de «singularidades» que exigen un elemento ajeno al Universo.

La Razón, 7 Octubre 09 - Mar Velasco



La astrofísica contemporánea es «la llave científica para probar la existencia de Dios, pero desafortunadamente muy pocos conocen estos hechos científicos», afirmó el físico jesuita Robert J. Spitzer durante una conferencia impartida recientemente en Denver (EE UU). El jesuita, filósofo y físico Spitzer, ex rector de la Universidad Gonzaga, se dedica actualmente a explicar las consecuencias metafísicas de los últimos descubrimientos astrofísicos: «La existencia de un Creador se puede explicar a través de la ciencia contemporánea y la filosofía moderna hoy mejor que nunca, pero es particularmente interesante lo que está sucediendo en el campo de la astrofísica, hasta el punto de que no puedo comprender por qué el agnosticismo y el ateísmo siguen siendo todavía populares», reconoció el científico.
Spitzer explicó que lo que sabemos según las pruebas científicas más recientes es que «el Universo no es infinito, sino finito, comenzó en un cierto punto (estimado aproximadamente en trece mil millones de años),y está en constante expansión. «La complejidad del Universo se basa en un equilibrio increíblemente delicado de 17 constantes cosmológicas. Si cualquiera de ellas se modificara una décima a la tetragésima potencia, estaríamos muertos y el Universo no sería el que es», explicó.

Fuera del espacio y del tiempo
«Cada modelo del Big Bang muestra lo que los científicos llaman una singularidad, y la existencia de cada singularidad exige que exista un elemento externo al Universo», explicó Spitzer, que recordó que Roger Penrose, el famoso matemático y físico inglés, corrigió alguna de las teorías de su amigo y colega Stephen Hawking, concluyendo que todas las teorías del Big Bang, incluso la llamada «teoría cuántica», confirma la existencia de estas singularidades. Todas las explicaciones nos llevan «a una fuerza que es previa e independiente al Universo. Puede sonar a argumento teológico, pero realmente es una conclusión científica», aseguró.
«No se puede no aceptar la existencia de esta singularidad. Esta teoría es tan sólida que el 50 por ciento de los astrofísicos están “saliendo del armario” para aceptar una conclusión metafísica: la necesidad de un Creador, fuera del espacio y del tiempo», concluyó.

miércoles, 11 de marzo de 2009

¿Evolución, azar, creación?


Juan Cruz, Catedrático de Filosofía
Universidad de Navarra

19 de febrero de 2009, La Gaceta de los Negocios (Madrid)

Que el mundo existe, está claro; y también el hombre con él. Pero, ¿cómo ha surgido? ¿Se debe a un acto inteligentemente planificado o a un puro azar?

Las teorías que se inclinan por el azar, advierten que se ha de contar con ingentes cantidades de tiempo para que al azar “le dé tiempo” de combinar todos los elementos que darían lugar al Universo. Claro que antes tendrían que existir “los elementos” combinables y que todavía no formarían un mundo. ¿Cómo surgirían esos elementos previos? También por azar, diría la teoría aludida. ¿Y el tiempo, en cuyo curso quedarían tales elementos combinados? También por azar. Todo por azar, elementos iniciales, tiempo necesario, mundo y hombre. A principios del siglo XX el astrónomo Arthur Eddington propuso, para ilustrar la teoría del azar, un ejemplo: si cien mil chimpancés se pasaran tecleando al acaso una máquina de escribir durante un tiempo muy amplio, acabarían escribiendo las obras del Museo Británico. Pero ocurre que en la actualidad, los matemáticos cuentan con potentes ordenadores capaces de abrir y seguir el ámbito de lo probable. Es interesante lo que dice el matemático Michael Starbird, un experto en teoría de las probabilidades. Supongamos que hay mil millones de chimpancés tecleando al azar una vez por segundo una combinación de 18 letras durante 13.700 millones de años —desde el inicio del Universo—: ¿Qué probabilidad habría para que en el momento actual surgiera por acaso la primera frase del Quijote “En un lugar de la Mancha”? Sería una entre mil millones. Algo enormemente improbable. ¡Cuánta menos probabilidad habrá para que surja por azar la complejidad maravillosa del organismo humano!

Es matemáticamente incomprensible una evolución ciega, por azar, suponiendo solamente la combinación de elementos y mutaciones al acaso. Tendríamos que contar con una cantidad cien mil veces mayor del tiempo ya transcurrido para el surgimiento de media página del Quijote, tecleada por mil millones de chimpancés. Pero ese tiempo no ha existido. El matemático Antony Flew, inicialmente ateo, en 2004 acabó diciendo que los resultados obtenidos mediante los complejos análisis de probabilidades en proyecciones informáticas hechas con ayuda de computadoras permiten deducir con evidencia que si no hay una inteligencia divina que pone en marcha, o crea, las partes y el todo del Universo, queda absolutamente inexplicada la existencia misma del hombre. Su libro se titula There Is a God. En él no se plantea el problema de la inmortalidad. Pero en lo relativo a la existencia misma del mundo por creación, sus datos son elocuentes.

viernes, 28 de noviembre de 2008

EL MUNDO NO ES ORIGINADO POR EL CAOS; ES UN COSMOS



CIUDAD DEL VATICANO, 31 OCT 2008 (VIS).-El Papa recibió hoy a los miembros de la Pontificia Academia de las Ciencia, que celebran su sesión plenaria del 31 de octubre al 3 de noviembre sobre el tema: “Perspectivas científicas sobre la evolución del universo y de la vida”.

El Santo Padre afirmó al inicio de su discurso que tanto Pío XII como Juan Pablo II pusieron de relieve que “no existe una oposición entre la comprensión por la fe de la creación y la evidencia de las ciencias empíricas. La filosofía, en sus primeras etapas, había propuesto imágenes para explicar el origen del cosmos sobre la base de uno o más elementos del mundo material. Este génesis no se consideró una creación, sino más bien una mutación del origen del mundo”.

“Para desarrollarse y evolucionar, el mundo debe ser en primer lugar, y por tanto tiene que proceder de la nada para poder ser. Es decir, debe ser creado por el primer Ser, que es tal en esencia”.

“Señalar que la fundación del cosmos y su evolución es la sabiduría providente del Creador, no significa -continuó Benedicto XVI- que la creación tiene que ver solo con el inicio de la historia del mundo y de la vida. Implica más bien que el Creador funda esa evolución, la respalda y sostiene continuamente”.

Tras recordar que Galileo “concibió la naturaleza como un libro cuyo autor es Dios, del mismo modo que Dios es el autor de la Escritura”, el Papa subrayó que “esta imagen también nos ayuda a comprender que el mundo, lejos de ser originado por el caos, se parece a un libro ordenado; es un cosmos”.

“La distinción entre un simple ser vivo y un ser espiritual que es “capax Dei”, indica la existencia del alma intelectiva de un sujeto libre y trascendente. Por eso -terminó-, el Magisterio de la Iglesia ha afirmado constantemente que “toda alma espiritual es creada inmediatamente por Dios -no es “producida” por los padres- y también que es inmortal”. Esto indica la peculiaridad de la antropología e invita al pensamiento moderno al estudio de ella”.