Mostrando entradas con la etiqueta misericordia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta misericordia. Mostrar todas las entradas

lunes, 19 de octubre de 2009

“Nadie ha sobrevivido a este cáncer. Esta enfermedad se la llevará”


Gracias a este milagro, el Apóstol de los Leprosos será canonizado este domingo.
Hawaiana curada de un cáncer por intercesión del padre Damián de Molokai
“Nadie ha sobrevivido a este cáncer. Esta enfermedad se la llevará”. Estas fueron las palabras del doctor Walter Chang a Audrey Toguchi en 1997. Científicamente no había nada qué hacer por ella.
HONOLULU, lunes 5 de octubre de 2009 (ZENIT.org)


Le dieron tres meses de vida

Su curación fue el milagro decisivo para la canonización de padre Damian de Veuster, que tendrá lugar el próximo 11 de octubre, en una ceremonia presidida por el Papa Benedicto XVI en la Plaza de San Pedro en el Vaticano.

El padre Damian, miembro de la congregación de los Sagrados Corazones, conocido también como el Apóstol de los leprosos, nació en Bélgica en el año de 1840. A los 33 años se trasladó a la isla de Molokai (Hawaii), donde vivían los leprosos de manera aislada.

Privándose de todo, el sacerdote permaneció allí sirviendo, catequizando y administrando sacramentos a quienes habían contraído esta enfermedad. Fue contagiado de lepra y murió en 1899. El Papa Juan Pablo II lo beatificó en 1995.

Cáncer terminal

En 1996 Audrey, original de la Isla Oahu en el archipiélago de Hawaii, tenía 69 años. “No tenía ni idea que tenía cancer.”, testimonia en diálogo con ZENIT.

”Mi esposo me notó un bulto después de una caída –había resbalado días atrás, mientras limpiaba el piso de su casa–. El doctor de la familia dijo que se trataba de un hematoma”.

Al año siguiente, el hematoma no había desaparecido. Al contrario, había crecido. Se sometió a nuevos exámenes y le descubrieron un liposarcoma en el muslo izquierdo. Se trataba de un cáncer maligno.

Se sometió un año después a una cirugía pero el cáncer ya se había esparcido. “Fue el cirujano quien descubrió, al extirparlo, que resultaba ser un cáncer terminal muy raro y agresivo”, comenta esta mujer.

“Otros oncólogos que estudiaron el caso dijeron que no había en el mundo ningún registro médico sobre una persona que hubiera sobrevivido a este tipo de enfermedad”, asegura.

Durante otro control, realizado en septiembre de 1998, las radiografías revelaron que el cáncer había hecho metástasis en los pulmones. Los médicos le diagnosticaron tres meses de vida.

Se sentía débil. No quiso quimioterapias ni más intervenciones médicas. Acudió así a una devoción que tiene desde niña, como buena hawaiana: “Siempre he querido al Padre Damian”, dice.

Devoción al Padre Damián y curación

“Le he rezado toda mi vida. Por eso visité Kalawao (donde se encuentra su tumba), Molokai y nuestras iglesias durante muchos años”.

En noviembre de 1998, Adruey comenzó a sentir una gran mejoría. Los exámenes médicos demostraron que el cáncer estaba disminuyendo. Seis meses más tarde, según una exploración con rayos X, había una completa regresión de la metástasis sin haber usado ninguna terapia. El cáncer desapareció en un cien por ciento.

Mientras que para los médicos no hay explicación –lo dice su mismo doctor, que no es católico– para Audrey no hay duda que fue la mano de Damian desde el cielo, intercediendo ante Dios. Fueron muchas las plegarias que durante, años tanto ella como sus familiares hicieron al beato apóstol.

“Cuando quedé completamente curada por el amor del Señor y la intercesión del padre Damian, me sentí muy honrada y agradecida”, dice esta mujer.

El 18 de octubre 2007, los Peritos Médicos de la Congregación para la Causa de los Santos examinaron los documentos clínicos. Como se procede siempre cuando se busca una canonización, creyentes y no creyentes concluyeron con certeza moral que la curación no es solo excepcional sino “extranatural”.

Hoy tiene 82 años Después, la Comisión de Teólogos determinó que se trataba de un milagro, alcanzado por la intercesión de Damián, requisito indispensable para que reciba el título de santo.

Toguchi habla de cómo el testimonio del padre Damian todavía hace mella en su pueblo: “Abandonó Bélgica cuando era muy joven. Era el pastor de los hawaiianos de todas las religiones, porque todos somos hijos de Dios. Aprendió y respetó la cultura hawaiana. Su figura es muy venerada entre nosotros. Ahora, después de 120 años, aún es muy querido aquí”.

Audrey Toguchi tiene hoy 82 años. De cabello blanco y lentes, muestra un rostro y una voz serenas, está llena de vitalidad. Asegura que, obviamente, viajará en Roma para la ceremonia de canonización.

Y concluyó su diálogo con ZENIT asegurando: “el presidente Abraham Lincoln, en 1860, dijo que Dios amaba a las personas corrientes porque se hizo una de ellas”.

“Yo soy una persona muy corriente. En su compasiva misericordia Dios me sanó y el padre Damian, que mostró un gran amor a los más rechazados de la humanidad, intercedió por mí”.

viernes, 19 de junio de 2009

Crimen y castigo


Miguel Aranguren
ALBA


Seguramente ya está todo dicho y todo resuelto en la literatura

A mis alumnos de Excelencia Literaria, que sueñan convertirse en escritores, les suelo decir que un novelista no precisa conocimientos académicos precisos. Su Universidad está en los libros (en los buenos libros, se entiende). Si quieren de verdad aprovechar el tiempo para hacer de su vida una aventura que merezca la pena, deben hacerse con un buen listado de títulos y dejarse llevar por la magia de la lectura. Y sé que mi consejo no es palabrería vana. De hecho, estos tiempos de economías revueltas nos dicen que muchos de los responsables de la debacle financiera –así como sus peones, tan bien trajeados en tantos chiringuitos a lo largo y ancho de Occidente– no hubiesen caído en las redes de la avaricia y demás Pecados Capitales si conocieran un poco mejor el alma humana. Alma que en ningún sitio está más detalladamente explicada que en la historia de la Literatura universal. Es decir, en aquellos libros que han superado el paso de los años por seguir interpelando al lector con la misma fuerza con la que lo hicieron en el momento de su edición.

En suma, ofrezco la literatura como analgésico, como preventivo, como vacuna y hasta antibiótico contra las necedades del siglo. Los errores y los horrores del siglo XXI están ya descritos y hasta resueltos por la pluma de los grandes autores. Las bondades y maravillas del ser humano, también. Por ejemplo, otro gallo nos cantaría a los cristianos si antes de comenzar la jornada dedicásemos unos minutos a conocer de primera mano lo que fueron las jornadas de Jesucristo. Esto es, a leer su biografía. Es decir, los santos Evangelios. Tenemos la suerte de que nuestra religión es una revelación personal, la revelación del propio Cristo, que no es un mito sino un personaje histórico bien detallado hasta por cuatro testigos de sus primeros días. En ellos se cuenta, por ejemplo, que en el cielo tendrán preferencia las meretrices. Lo dijo porque entre sus primeros discípulos habría alguna. Convertida, eso sí. Y su conversión debió despertar el escándalo de más de un puritano que, en el fondo y en la forma, no creía en la capacidad de Dios para perdonar.

Dostoievski hace una radiografía del alma perturbada en “Crimen y castigo”. Al joven Raskólnikov le persigue el peso de la culpa después de haber asesinado a una vieja prestamista y a su inocente hermana. Y es precisamente una prostituta de aquel paupérrimo San Petesburgo, la miserable Sonia que compra con el precio de su virtud el alimento para su familia, quien le narra la resurrección de Lázaro como muestra de que Dios es capaz de vivificar hasta la carne podrida. La piedad de una ramera conmueve el alma enferma del asesino y el corazón del lector, que descubre el sello indeleble de la misericordia a través de las páginas de una novela imperecedera.

martes, 10 de junio de 2008

"Jolanta" ha muerto



"No se plantan semillas de comida. Se plantan semillas de bondades. Traten de hacer un círculo de bondades, éstas las rodearán y las harán crecer más y más". Irena Sendler

Por Remedios Falaguera

2500 con riesgo de su vida

No conocía nada de la vida de Irena Sendler hasta que hace no mucho tiempo un amigo me envió un PowerPoint sobre esta maravillosa mujer.

La vida de Irena Sendler, la madre de los niños del Holocausto, es sin duda un ejemplo de humildad y de coraje digno de admiración y respeto.

Esta mujer valiente –que no se reconocía una heroína porque, según decía, "podría haber hecho más, y este lamento me seguirá hasta el día en que yo muera"–, arriesgó su vida durante la ocupación nazi para salvar la vida a más de dos mil quinientos niños judíos. Gracias a su estatus de enfermera se las ingenió para rescatar a los niños del gueto judío de Varsovia en cubos de basura, en ataúdes, con supuestas enfermedades contagiosas como el tifus,… y los repartía por familias y conventos católicos de Europa. Para llevar el control y al acabar la guerra, poder devolverles a sus autenticas familias, Irena escondía los nombres de los niños y la identidad de sus nuevos padres en botes de conserva, que luego enterraba bajo un manzano frente a los barracones de los alemanes cercanos a su casa.

Torturada por la GESTAPO, ella nunca reveló el paradero de los niños. Cuentan que lo único que le mantenía con vida en esa situación fue una estampita ajada de Jesús Misericordioso con la leyenda: "Jesús, en vos confío"; la conservó consigo hasta el año 1979, momento en que se la obsequió a Juan Pablo II. Y seguramente el rostro del Señor lo veía en las caritas de esos niños hambrientos y asustados.

Las gracias del más allá

Ella siempre prefirió mantenerse en el anonimato, porque como decía: "Yo no hice nada especial, sólo hice lo que debía, nada más".

Pero años más tarde, gracias al trabajo de investigación de unos jóvenes estudiantes norteamericanos, su historia apareció en los periódicos. Al ver su foto muchos de esos niños reconocieron a Jolanta y no tardaron en ponerse en contacto con ella para decirle: "Recuerdo tu cara… soy uno de esos niños, te debo mi vida, mi futuro y quisiera verte…".

Hoy, sin duda, Jolanta habrá sido recibida con miles de besos a las puertas del cielo. Cientos de padres y madres le habrán abierto las puertas de par en par por haber salvado la vida de sus hijos arriesgando la suya propia.

Y seguramente todos ellos junto a Jolanta , hoy, también toman prestadas las palabras de Juan Pablo II en su saludo a los participantes del 60° aniversario de la insurrección de Varsovia : "Pido a Dios que, con su gracia, haga cada vez más noble el corazón de todos los polacos, para que el recuerdo de las gestas heroicas de nuestros antepasados no sea sólo una evocación de la historia remota, sino también un ejemplo estimulante de amor a la patria que, incluso en tiempos de paz, se exprese poniendo el bien común por encima de los intereses personales".