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miércoles, 28 de enero de 2009

Carta de Satanás


Una "felicidad" compartida

Te vi ayer cuando comenzabas tus tareas diarias. Te levantaste sin siquiera orar a tu Dios, en todo el día no hiciste nada de oración. De hecho ni recordaste bendecir tus alimentos. Eres muy desagradecido con tu Dios, y eso me gusta de ti.

También me agradaba la enorme flojera que demuestras siempre en lo que se refiere a tu crecimiento cristiano. Rara vez lees la Biblia y cuando lo haces estás cansado. Oras muy poco y muchas veces sólo recitas palabras que no meditas. Por cualquier pretexto llegas tarde o faltas a tus reuniones de formación.

¡Qué decir de tu tacañería al cooperar en la evangelidezación o diezmo! Todo eso es útil para mí. No puedo describirte como me alegra que en todo este tiempo en que estás siguiendo a tu Dios, no hayas cambiado tu manera de comportarte. Tantos años y sigues como al principio, crees que no tienes nada que cambiar… me encantas.

Recuerda que tú y yo hemos pasado muchos años juntos y aún te detesto. Es mas te odio porque odio a tu Padre. Solamente te estoy usando para molestarlo. El me echó del cielo y yo voy a utilizarte mientras pueda para vengarme de El.

Mira ignorante, Dios te ama y tiene grandes planes preparados para ti, pero tú eres tan idiota que me has cedido tu existencia y yo voy a hacer que vivas un verdadero infierno en vida. Así estaremos juntos doblemente y esto sí va a dolerle a tu Dios. Con tu cooperación voy a mostrar quien es realmente el que gobierna tu vida. Con todos los momentos rendidos que nos hemos pasado ….

Hemos disfrutado juntos muchas películas XXX, y ¡qué decir de las veces que hemos ido a los "espectáculos artísticos en vivo!" Aquel día de tu debilidad con aquella personita simpática, qué bien nos la pasamos. Pero más me agrada que no te arrepientes, sino que reconozcas que eres joven y tienes derecho a gozar la vida, no hay duda: eres de los míos.

Disfruto mucho los chistes colorados que dices y que escuchas, tú te ríes por lo gracioso de ellos, yo me río de ver a un hijo de Dios participando en eso. El hecho es que ambos la pasamos bien.

La música vulgar y de doble sentido que escuchas me encanta. ¿Cómo sabes cuales son los grupos que me gusta escuchar?

Las "ocasiones" propicias

También disfruto mucho cuando difamas y te revelas contra tu Dios, me siento feliz cuando te veo bailando y haciendo ese tipo de movimientos que tanto fascinan, ¡cómo lo disfruto! Ciertamente cuando vas y te diviertes sanamente, me desilusionas, pero no hay problema siempre habrá otra oportunidad.

Hay veces que me haces servicios increíbles cuando das malos ejemplos a los niños o cuando les permites que se desvíen de su inocencia, por medio de la televisión o cosas por el estilo. Son tan perceptivos que fácilmente imitan lo que ven. Te lo agradezco mucho.

Lo que más me agrada es que rara vez tengo que tentarte, casi siempre caes por tu cuenta. Tú buscas los momentos propicios, tú te expones a situaciones peligrosas, tú buscas mis ambientes. Si tuvieras algo de sesos cambiarías de ambiente y compañías recurrirías a los sacramentos y entregarías realmente tu vida al que dices llamar "tu Dios" y así vivirías el resto de tus años bajo la guía del Espíritu Santo.

No acostumbro enviar este tipo de mensajes, pero eres tan conformista espiritualmente que no creo que vayas a cambiar. No me malentiendas, aún te odio y no me interesas en lo más mínimo. Si te busco es porque me agrada como tu manera de comportarte hacer quedar en ridículo a Jesucristo.

Tu enemigo que te odia,

Satanás.

P.D. Si realmente me amas no muestres esta carta a nadie.

domingo, 26 de octubre de 2008

"Las sombras y los miedos"



Alfonso Aguiló
www.interrogantes.net

Fracasos buenos y fracasos malos

Es muy interesante la historia de Bucéfalo, aquel caballo que solo Alejandro Magno era capaz de montar. Todos los que lo intentaban eran incapaces de mantenerse a su grupa más allá de unos pocos segundos. El animal caracoleaba, se encabritaba, y enseguida daba en el suelo con todos sus jinetes. Alejandro supo observarlo con atención y enseguida descubrió el secreto de aquel indómito corcel. Entonces se acercó, agarró las riendas y lo puso frente al sol. Lo acarició, soltó su manto, y de un salto montó sobre él y lo espoleó con energía. Controló los corcoveos, sin dejarle apartarse de la dirección del sol, hasta que el animal se calmó y siguió su marcha a paso lento y tranquilo. Sonaron los aplausos, y dicen los historiadores que al verlo Filipo, su padre, vaticinó que el reino de Macedonia que él poseía se quedaría pequeño para la gloria a la que estaba llamado su hijo.

¿Cuál era aquel secreto que sólo Alejandro supo descubrir? Se dio cuenta de que aquel animal se asustaba de su propia sombra. Bastaba con no dejarle verla, con enfilar sus ojos hacia el sol para que aquel atormentado caballo se olvidase de sus miedos.

El mundo está lleno de personas a las que pasa quizá algo parecido. Personas en apariencia normales y desenvueltas, pero que esconden en su interior toda una serie de miedos y complejos que les encadenan a fracasos y malas experiencias que han sufrido. Muchas de sus energías están paralizadas por esa valoración negativa que tienen de sí mismas. Son rehenes de su propio pasado, hombres o mujeres cuyos temores les impiden enfilar decididamente el futuro, les frenan para llegar a ser lo que están llamados a ser.

Nunca me ha gustado la ingenuidad y la vehemencia con que algunos hablan de la autoestima. Pero sí estoy de acuerdo en que se trata de un problema creciente en nuestros días. Educarse a uno mismo es algo parecido a educar a otro. Para educar a otro hay que exigirle (si no, saldrá un mimado insufrible), pero también hay que tratarle con afecto, hay que verle con buenos ojos. De la misma manera, para educarse a uno mismo también hay que exigirse, pero a la vez hay que tratarse a uno mismo con afecto, y verse con buenos ojos. Sin embargo, hay demasiada gente que se maltrata a sí misma, que se recrimina áspera y reiteradamente sus propios errores, que se juzga a sí misma con demasiada dureza y se considera incapaz de superar sus errores y defectos.

Triunfos y derrotas

Es verdad que los que no recuerdan sus fracasos del pasado están abocados a repetirlos. Pero hay que saber hacerlo con equilibrio y sensatez. Porque el fracaso puede tener un valor fructífero, igual que puede haber éxitos estériles. Un fracaso fructífero es el que conduce a nuevas percepciones e ideas que aumentan la experiencia y el saber. Es muy famosa aquella anécdota de Thomas Watson, el legendario fundador de IBM, que llamó a su despacho a un ejecutivo de la empresa que acababa de perder diez millones de dólares en una arriesgada operación. El joven estaba muy asustado y pensaba que iba a ser despedido de modo fulminante. Sin embargo, Watson le dijo: "Acabamos de gastar diez millones de dólares en su formación, espero que sepa usted aprovecharlos".

No se puede vivir obsesionado por las sombras y asustándose de ellas. Fracasos tenemos todos, todos los días. Lo malo es cuando uno considera que el potro de su vida es imposible de dominar, cuando arroja la toalla en vez de fijarse en cuáles son las verdaderas causas de sus cansancios e inhibiciones. Si examinamos las cosas con cuidado, quizá concluyamos que, como Alejandro, hemos de tomar las riendas con decisión y mantener la mirada de cara hacia el ideal que alumbra nuestra vida.

jueves, 31 de julio de 2008

¡No me apetece!


Deja que te cuente la historia de una vida real, de un hombre que:
-Fracasó en los negocios cuando tenía 31 años.
-Fue derrotado, a los 32, como candidato para unas legislativas.
-Sobrellevó el fallecimiento de su novia a los 35. -Sufrió un colapso nervioso a los 36.
-Perdió en unas elecciones a los 38 años.
-No consiguió ser congresista a los 43. Tampoco fue elegido a los 46 ni a los 48 años.
-No alcanzó su ilusión cuando pretendió ser elegido senador a los 55.
-Fracasó a los 56 en el intento de ser vicepresidente. -De nuevo fue derrotado, y no salió senador a los 58.
-¡A los 60! fue elegido presidente de los Estados Unidos.
Nuestro hombre era Abraham Lincoln. Y se pregunta el autor: ¿Habría llegado a ser presidente si hubieran considerado como fracasos sus derrotas electorales?
Es todo un ejemplo de cómo, sin achantarnos por las derrotas, debemos recomenzar una y otra vez, cada dia con más brío. Los fuertes se crecen ante los contratiempos; los pusilánimes se encogen y encogidos se quedan sin dar un paso.
Si el término lucha no nos espolea sino que nos deprime, estamos perdidos. Los engorros y embrollos se presentan a diario entre las 6,15 de la mañana y las 11,10 de la noche.
La vida cristiana es muy alegre con el gozo insuperable que emana de la filiación divina; pero esta alegría, ya se sabe que "tiene sus raíces en forma de cruz". Así nos lo ha expuesto multitud de veces San Josemaría Escrivá.
Y junto a la cruz, Dios pone siempre la luz; junto al decaimiento la superación y siempre la Gracia. Te leo, escucha: "Cuando Dios Nuestro Señor concede a los hombres su gracia ( ... ) es como si les tendiera una mano, una mano paterna llena de fortaleza, repleta sobre todo de amor ( ... ). Espera el Señor que hagamos el esfuerzo de coger su mano, esa mano que Él nos acerca"2.
Y te añado yo: ¡Ojo!, que toda esa fuerza de la gracia se vendría abajo si no hallara el soporte recio, fuerte, toroso (mira el Diccionario) de una vigorosa voluntad.
¿Vale como criterio de valoración mis gustos y mis apetencias? No.
NO VALE EL Me agrada o me disgusta, me atrae o me repele, me desalienta o me conforta, me alivia o me abruma.
Sí VALE EL Fomentar el sentido del deber, como medida de comportamiento.
La ley del capricho puede hacer de nuestra tierra un mundo lleno de tontos, de "blanditos". Si sigues el "me apetece" como regla de conducta no darás un solo paso en firme. Serás un inútil para Dios y para el mundo.
Soltad a un muchacho mapetece, chuchumeco, en un ambiente consumista, hedonista, y ... ya me contarás cómo sale de la refriega.
¡Esforzaos!, es el grito de Dios.
Abre el Evangelio por aquella página del espontáneo que pregunta:
-¿Son pocos o son muchos los que se salvan?
El Señor no quiso fomentar la desesperanza ni el engreimiento. Hoy, rodeados de estadísticas, alguien podría puntualizar:
-¿Cuántos se salvan: un 23% o más bien un 77%?
Y Dios, ahora como entonces, no responde a los cuántos sino al cómo:
-Esforzaos para entrar por la puerta angosta (Lc 13)
Cristo contesta apelando a la conducta, poniendo el acento en el esfuerzo. Las comodidades, las perezas, las omisiones, nunca han abierto las puertas de nada, como no sea las del Infierno.
En ese ambiente que invita a la debilidad y a la dejadez, sed fuertes, es el grito de Juan Pablo II: "Ni la droga, ni el alcohol, ni el sexo, ni un resignado pasi- vismo acrítico -eso que vosotros llamáis 'pasotismo'- son una respuesta frente al mal. La respuesta vuestra ha de venir desde una postura sanamente crítica; desde la lucha contra una masificación en el pensar y en el vivir que a veces se os trata de imponer; que se ofrece en tantas lecturas y medios de comunicación social. La ley del ¡Jóvenes! ¡Amigos! Habéis de ser vosotros mismos, sin dejaros manipular; teniendo criterios sólidos de conducta. En una palabra: con modelos de vida en los que se pueda confiar, en los que podáis reflejar toda vuestra generosa capacidad creativa, toda vuestra sed de sinceridad y mejora social, sed de valores permanentes dignos de elecciones sabias. Es el programa de lucha, para superar con el bien el mal"3.

Jesús Urteaga

1 A. Robbins, Poder sin límites, citado por J. Martínez, Las caras de la vida. Ediciones Palabra. 2 Es Cristo que pasa, 17. 3 Juan Pablo 11, Alocución a losjóvenes. Madrid 3.XI. 1982.

lunes, 23 de junio de 2008

Allí estabas tú (XIV)


16. La intensidad del set-ball

Ahí están los viejos olivos. Dicen que viven muchos años, siglos. Dicen que hoy día hay en aquel huerto olivos que son retoños nietos de aquellos que vieron a Jesús en la agonía.

Pero el tiempo pasa. Los siglos pasan y hasta los olivos centenarios desaparecen. Ellos han visto pasar generaciones, porque la vida del hombre en la tierra es mucho más fugaz de lo que él se cree. Nuestra vida dura tres segundos comparada con la vida de las estrellas y la de las galaxias. Lo que sucede es que nos parece muy larga porque la vivimos a cámara lenta.

Pasa el primer segundo, y uno ya ha cumplido los treinta años. Entonces uno vive a fondo, pero sin darse cuenta ha pasado el segundo segundo y ya tiene sesenta años. Y a los noventa ¿cuántos llegan?

El tiempo pasa inexorable. Siempre vamos de ida, nunca volvemos. Porque hasta el recordar es ir de ida. Este es el tiempo cronos que decían los griegos, el tiempo de las estaciones, de los años, de las glaciaciones.

Cada uno tiene un tiempo cronos, el tiempo que Dios le ha dado para que realice libremente aquello que Dios tiene previsto para él. Unos tienen más y otros menos.

Pero este tipo de tiempo no es el importante, o por decirlo de otra manera, lo que importa es el kairós, el momento importante, el tiempo con contenido, lo que sucede en él.

¡Qué distintas son las horas para un estudiante en el mes de octubre y en el mes de mayo! ¡Qué distinta la intensidad del primer juego en un partido de tenis que la que puede ser la última bola del partido: el set-ball! Concentración, interés, cuidado de no fallar el saque, amarrar bien... Cabeza y músculos en tensión, porque uno se juega mucho, tanto si va ganando como si va perdiendo.

Hay gente que aprende a vivir en el set-ball de su vida, cuando el tiempo cronos ya lo ha agotado. Se dan cuenta de que, entonces, hay que llenarlo de esas cosas que se cotizan en el Cielo. ¡Porque hay tantas cosas -preocupaciones, fiestas, cosas materiales- que en la otra vida carecen de interés...!

En cambio, uno se afana en hablar con Dios, en acudir a los Sacramentos, en arreglar las cosas, en desprenderse de objetos superfluos...

Sí, es el momento de hacer todo eso. Pero esa última hora no es distinta cronológicamente que las de hacía dos años. ¿Por qué, entonces, no poner interés, contenidos de vida eterna cada día?

Uno tiene su vida en sus manos y hace con ella lo que le da la gana. Es verdad que quien peca y se olvida de Dios hace lo que le da la gana. Pero también lo hace el sabio, el que ha ido a Misa también los días que no estaba obligado a ir, el que se preocupó de los demás, el que se confesaba con frecuencia y huía del pecado,...

Quizá sea bueno pensar ahora, en la mitad de nuestro primer segundo de vida, qué estamos haciendo con nuestro tiempo cronos. Si nuestra vida vale según los criterios de Dios o no. Echar una mirada a los libros sapienciales de la sagrada Escritura -el libro de la Sabiduría, el Eclesiástico, el Eclesiastés,...- nos darán mucha luz para aprender a vivir en sabiduría y no como los necios.

Sí, échales una ojeada porque dicen muchas cosas. Vale la pena aprender a vivir -y vivir- ahora como desearíamos al final haber vivido: llenándonos los bolsillos de esas cosas eternas.

¡Ahora!, el instante presente es el momento en que nos podemos hacer santos, porque es el instante en el que el tiempo cronos coincide con la eternidad.

Ahora es el momento de vivir como Dios quiere -quizá de rectificar-. Ya lo decía San Pablo: "Os exhortamos a que no recibáis en vano la gracia de Dios, porque dice: «En el tiempo propicio te escuché y en el día de la salvación te ayudé». Éste es el tiempo propicio, éste es el día de la salvación" (2 Co 6,1-2).

miércoles, 18 de junio de 2008

Allí estabas tú (IX)


11. ¿Quieres ser santo?

Si por parte de Dios no hay impedimento; es decir, que nos ha dado todos los medios –el Espíritu Santo, los Sacramentos, La Santísima Virgen, etc.-, todo depende de nosotros, de que queramos.

Ser santo no es difícil, sin embargo requiere una decisión continuada durante toda la vida, como decía Santa Teresa a sus religiosas: "Los que quieren beber de esta agua de vida y quieren caminar hasta llegar hasta la misma fuente, cómo han de comenzar, y digo que importa mucho y el todo una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella, venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabaje lo que trabajare, murmure quien murmurare, siquiera llegue allá, siquiera se muera en el camino o no tenga corazón para los trabajos que hay en él, siquiera se hunda el mundo" (Santa Teresa, Camino de perfección, 35).

Si Cristo te preguntara si quieres ir a Cielo, contestarías sin vacilar que sí, lógicamente. Pero si te mirara fijamente y te volviera a hacer la pregunta despacio, captarías lo que ese compromiso encierra: poner los medios, todos los medios; abandonarte totalmente como San Pedro. Estar dispuesto a que el Señor te diga como a Simón: "Cuando eras joven, tú te ceñías e ibas adonde querías; cuando seas mayor extenderás tus manos y otro te ceñirá y te llevará adonde no quieras" (Jn 21,18), es decir, dejarse conducir por Él.

¡Ah, entonces la pregunta cambia! Y es que, a lo mejor, uno desea ganar el premio eterno, pero sin poner los medios, sin empeñar lo que cuesta, y quedarse con la sonrisa de marioneta de cartón como el joven rico.

Piénsalo.

"Me dices que sí, que quieres. -Bien, pero ¿quieres como un avaro quiere su oro, como una madre quiere a su hijo, como un ambicioso quiere los honores o como un pobrecito sensual su placer? -¿No? -Entonces no quieres" (San Josemaría Escrivá, Camino, 316).

Si alguien desea nuestra felicidad más que nosotros mismos ese alguien es Dios. Para eso nos ha facilitado los medios necesarios pasa ir al Cielo -que ya Le costó, ¡eh!-. Todo depende de nosotros. Precisamente para eso estamos de visitantes en esta tierra.

¿Quieres ser santo? ¿De verdad?