miércoles, 26 de agosto de 2009

El andamiaje de la mentira




















Alfonso Aguiló
www.interrogantes.net


Descubrir los motivos de la mentira para poner remedio


Piensa en cuáles pueden ser los motivos de insinceridad en cada uno de tus hijos, y piensa en su posible remedio:

Puede mentir por temor al castigo, porque le horroriza pensar en lo que sucederá cuando se sepa la verdad: revisa tus métodos persuasivos, que, además, probablemente sean poco eficaces.

Quizá mienta por cobardía: enséñale a pechar con la responsabilidad de sus actos, aunque sea en cosas pequeñas.

O puede que mienta porque nunca quiere reconocer su error, porque no es capaz de decir he sido yo: no le consientas excusarse de todo, justificarse siempre.

A lo mejor miente por jactancia, por presumir. Es de esos chicos o chicas capaces de llevar a cabo mil hazañas estupendas, y que cuenta a su amigos y compañeros historias asombrosas y atrevidas..., que ha soñado: hazle ver lo poco elegante de ese deseo suyo de convertirse siempre en el centro de la atención de todos; explícale cómo esa inclinación obsesiva a quedar bien ha llevado ya a muchos por la calle de la amargura.

Piensa si miente por encubrir mentiras anteriores. Como sabes, la vergüenza para confesar el primer error hace cometer muchos otros. Una mentira siempre necesita ser apoyada por otras para mantenerse en pie: por eso es tan importante facilitar la sinceridad a los hijos, no hacer un drama de lo que no lo es, y no irritarse tanto si descubres una mentira.

— Pero habrá que ponerse serio para acabar con las mentiras, ¿no?

Si tiene el vicio de mentir y tú eres excesivamente riguroso, tu hijo tendrá que apuntalar cada mentira con otras nuevas y será cada vez peor. Si, por ejemplo, el miedo a tu reacción ante las calificaciones académicas le asusta mucho, retendrá cuanto pueda el boletín inventándose cualquier excusa, te mentirá respecto a las fechas de los exámenes o no te dirá la verdad sobre lo que hace, con quién va, o adónde.

Es mala señal que alguien acompañe sus declaraciones con juramentos o promesas: cuando es habitual recurrir a eso como garantía de lo que dice, suele ser porque la verdad brilla por su ausencia.

Mira si miente para conseguir ventajas, si es tramposo, si se adorna con plumas que no son suyas, si se le va la lengua cuando narra sus aventuras, si maljuzga por envidia o por celos, y haz todo lo posible por inculcar en él una auténtica repugnancia por la mentira, el doble juego, la astucia y la falsedad.

— Supongo que en esto es también fundamental el ejemplo de los padres.

Ciertamente resulta muy doloroso escuchar de un adolescente frases como mi padre es un hipócrita, o me han tenido engañado, u otras semejantes. Y a veces se escuchan, y lo peor es que no siempre carecen de fundamento.

Finalmente la mentira no funciona

Porque a veces lo dicen y tienen razón. Mira si das ejemplo como padre o como madre de fidelidad plena a la verdad.

La verdad nunca traiciona, y con ella te ahorrarás muchos cálculos y equilibrios absurdos. No uses de la astucia o la mentira para lograr obediencia, para evitarte una molestia, para no quedar mal. Para nada. Además de ser inmoral, la mentira siempre acaba por traicionar.

No daremos un solo paso efectivo en la educación si el chico percibe doblez, falsedad o fingimiento en lo que decimos o en lo que hacemos. Enséñale, por ejemplo, a:

Saborear la alegría de saber rectificar, de mejorar su criterio, de decir cuando sea preciso tienes razón, no había caído en eso, o perdona, me equivoqué, o cosas semejantes.

Que sepa pedir perdón y aceptar la culpa, o admitir los propios fallos.

Que comprenda que cuando consigue algo por medio de la mentira, lo ha pagado demasiado caro.

Que cuando escapa de un mal gracias a una mentira, ha caído en otro mal peor.

Que cuando ha conseguido así la admiración y el honor ante los demás, ha perdido el honor ante el tribunal de su propia conciencia.

domingo, 28 de junio de 2009

Cómo pasar unas vacaciones realmente espantosas






















Enrique Monasterio

1. Haz como las grullas. Únete a la bandada migratoria más numerosa que encuentres, y huye de todo, menos de la multitud. Haz siempre lo que haga la mayoría, que la mayoría no se equivoca jamás. No renuncies al placer de las aglomeraciones ni de los atascos. ¿Por qué vas a privarte del entrañable tufillo del metro?

2. Sé fuerte. Que nadie te aparte de tu firme propósito de no pegar golpe hasta septiembre. Sigue el ejemplo del podargo australiano, el ave más perezosa del planeta, que no se mueve ni para comer: se limita a tumbarse sobre una rama, abre su inmensa boca, y se deja alimentar por los insectos suicidas, que entran hasta su estómago para echar una ojeada. Haz tú lo mismo: toma tu bolsa de ruffles, y mimetízate en la arena.

3. Aíslate. Nada como una buena multitud para lograrlo sin esfuerzo. Tápate los oídos con los cascos del mp3, y masajéate los tímpanos con el estruendo de la música a tope. Y no te olvides de la consola de video-juegos.

4. No leas nada. No aprendas nada. Deja tu cerebro en reposo letárgico durante todo el verano. Con un poco de suerte, en septiembre padecerá una atrofia total e irreversible.

5. Acapara el mayor número de vídeos: menos de doscientos sería peligroso; podrías caer en la perniciosa tentación de hacer deporte, o, lo que es peor, de leer un libro.

6. Despiértate tarde por las mañanas. Piensa que, cuanto más duermas, más corto te parecerá el tormento de las vacaciones. Lo ideal sería que permanecieras en estado de duerme-vela todo el verano; pero, como no es posible, levántate despacito; no corras riesgos, que el infarto acecha donde menos se espera.

7. A la playa no vayas a bañarte, ni mucho menos a nadar, sino a freírte en aceite bronceador. Es doloroso -los antiguos ascetas del desierto no soportaban penitencias tan duras-; pero todo sea por el pellejo.

8. Al anochecer, imita de nuevo a los podargos, que, como bien saben los ornitólogos, entran en acción a esas horas: devoran toda clase de larvas e insectos, y terminan su jornada entre gritos lastimeros. Según los nativos, esos gemidos anuncian catástrofes, pero más bien parecen producto de la mala digestión.

9. En resumen: no niegues nada a tus sentidos, ni concedas nada a tu inteligencia. Que la nevera sea tu amiga inseparable; la televisión, tu alimento y tu punto de mira; el mp3, tu comecocos... Y los demás, la familia, los amigos, meros puntos de referencia, objetos para usar y tirar.

10. No te olvides de aprovechar el verano para cotillear con todo el mundo. Nada te amargará tanto la existencia como descargar un poquito de veneno sobre tus enemigos/as íntimos/as. Y no pienses que el cotilleo es cosa de mujeres. Estamos en una sociedad igualitaria. Todos tenemos derecho a la libertad de expresión.

11. ¿Y Dios?... Lo siento: no soy capaz de llevar la ironía hasta sus últimas consecuencias. Ni en broma puedo aconsejarte que pongas a Dios en naftalina y lo guardes con la ropa de invierno. Pero si, de verdad, quisieras pasar las más tristes vacaciones de tu vida, bastaría con seguir el ejemplo de tantos miles de personas que, en estas fechas, huyen descaradamente de Dios. Se parecen a esos otros que, de vez en cuando, escapan de lo que en teoría más quieren de su mujer, de sus hijos, en busca de un "desahogo", de un descanso.

A éstos, y a los que piensan que el verano puede ser un paréntesis en su fe, habría que recordarles que, quien necesite descansar de sus amores, es que no sabe amar. El amor es el mejor descanso para alma y para el cuerpo. Y Jesucristo quiere encontrarse con nosotros, también en la playa, donde ya tomó pescado a la brasa con sus discípulos, o en la montaña, donde organizó una tarde la gran merienda de los panes y los peces.

lunes, 22 de junio de 2009

¡Ojalá que nos fuese dado lavar tantos crímenes con nuestra propia sangre!


Remedios Falaguera


Amor, mucho amor

Me acabo de sentar frente al ordenador con la intención de escribir mi desconsuelo y tristeza por la llegada, a orillas de la capital del Turia, del "Langenort", bautizado como el barco de la muerte. Pero, tengo un problema; para ser más exactos, varios problemas.

Primero, porque como ya he dicho en muchas ocasiones, el hecho de ser madre y haber experimentado en varias ocasiones lo que es sentir a tu hijo dentro de ti es lo máximo que se puede esperar del amor humano, y por tanto, me resulta desgarrador hablar de este tema.

Segundo, porque al recordar la emoción que una mujer siente al participar de este maravilloso y mágico regalo de la vida, no puedo más que lamentar la situación de todas aquellas mujeres que han pedido cita a 'Mujeres sobre las olas' para arrancar de sus entrañas la vida que llevan dentro.

Y tercero, porque con cada dato, informe y testimonio que leo para documentarme sobre la situación actual, me quedo sin palabras. Y ya no digamos si me pongo a ver imágenes. Entonces, es como si arrancaran de mis entrañas a esos niños. Y siento dolor, un dolor intenso, que tarda mucho tiempo en desaparecer y que, mucho me temo, no se alivia con medicamentos.

Dios mío, ¿cómo se han llegado a corromper y a endurecer tanto nuestros corazones?

No sé en que parte del Cielo estarán todos esos niños que no han llegado a nacer, pero si de algo estoy segura es que daría todo lo que tengo por estar junto a ellos para poder besarlos, achucharlos, darles grandes abrazos, hacerles cosquillas, jugar, correr, hacerles mil carantoñas, decorar con alegres pinturas sus cunitas y su casa,… hasta conseguir de ellos una sonrisa auténtica y feliz, que les borre la sensación de culpa, que no tienen, pero que sienten; que les quite el estigma de haber sido víctimas de unas sociedades egoístas y crueles.

Por el momento, creo haber encontrado el remedio ante tanto dolor: ¡Amor! Mucho amor, muchísimo amor, para poder aliviar a todas esas madres que, como solución a todos sus problemas y angustias, piensan que éste es un buen camino.

Y, por supuesto, toneladas de oraciones y mortificaciones para no conformarnos con la derrota y para reparar el daño causado contra la vida de estos inocentes sacrificados. Sabiendo que "el Señor se sirve de nosotros como antorchas, para que Su luz ilumine..". De nuestra oración y mortificación "depende que muchos no permanezcan en tinieblas". Me consuela saber que Dios los quiere muchísimo más que yo. Su Amor no tiene límites.

Oremos

Hay que rezar por esas madres embarazadas y a esos niños que están por nacer. Por ellos, para que Dios les acoja con el cariño que sólo un Padre Bueno sabe dar a sus hijos. Y por sus madres y sus asesinos, para que, sabiendo que Él no se cansa de perdonar, les conceda el arrepentimiento, la rectificación, el perdón y el recomenzar sincero. Sé qué para muchos rezar no es fácil, pero quizás esta oración por la vida nos pueda servir para estos días:

"Padre Misericordioso,
que nos has llamado a la vida
y nos das el don de la libertad para amar,
te pedimos por aquellos padres
que haciendo mal uso de esta libertad
destruyen el don de la vida
que Tú les confías en sus hijos.
Perdona también a todos aquellos
que permiten o colaboran con esta cobardía.
Divino Niño, te pedimos por los bebés
a quienes se les niega nacer,
hazlos gozar de Tu presencia eternamente,
y no permitas que el triste ejemplo de tu querida Colombia,
se difunda a otros países donde la vida es amada
desde sus inicios hasta su fin natural.
Permíteme adoptar hoy espiritualmente a un bebé por nacer
y ofrecer mis oraciones, trabajos, gozos y sufrimientos por ese pequeño,
para que pueda nacer y vivir para Tu mayor honor y gloria.
Santa María de Guadalupe, cuida y protege a todas las madres
que como tú, llevan el don de la vida en su seno.
Protectora de los no nacidos, Reina de las Américas,
ruega por nosotros".
Amén.


"¡Oh dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! Vednos postrados ante vuestro altar, para reparar, con especiales homenajes de honor, la frialdad indigna de los hombres y las injurias con que, en todas partes, hieren vuestro amantísimo Corazón".

viernes, 19 de junio de 2009

Crimen y castigo


Miguel Aranguren
ALBA


Seguramente ya está todo dicho y todo resuelto en la literatura

A mis alumnos de Excelencia Literaria, que sueñan convertirse en escritores, les suelo decir que un novelista no precisa conocimientos académicos precisos. Su Universidad está en los libros (en los buenos libros, se entiende). Si quieren de verdad aprovechar el tiempo para hacer de su vida una aventura que merezca la pena, deben hacerse con un buen listado de títulos y dejarse llevar por la magia de la lectura. Y sé que mi consejo no es palabrería vana. De hecho, estos tiempos de economías revueltas nos dicen que muchos de los responsables de la debacle financiera –así como sus peones, tan bien trajeados en tantos chiringuitos a lo largo y ancho de Occidente– no hubiesen caído en las redes de la avaricia y demás Pecados Capitales si conocieran un poco mejor el alma humana. Alma que en ningún sitio está más detalladamente explicada que en la historia de la Literatura universal. Es decir, en aquellos libros que han superado el paso de los años por seguir interpelando al lector con la misma fuerza con la que lo hicieron en el momento de su edición.

En suma, ofrezco la literatura como analgésico, como preventivo, como vacuna y hasta antibiótico contra las necedades del siglo. Los errores y los horrores del siglo XXI están ya descritos y hasta resueltos por la pluma de los grandes autores. Las bondades y maravillas del ser humano, también. Por ejemplo, otro gallo nos cantaría a los cristianos si antes de comenzar la jornada dedicásemos unos minutos a conocer de primera mano lo que fueron las jornadas de Jesucristo. Esto es, a leer su biografía. Es decir, los santos Evangelios. Tenemos la suerte de que nuestra religión es una revelación personal, la revelación del propio Cristo, que no es un mito sino un personaje histórico bien detallado hasta por cuatro testigos de sus primeros días. En ellos se cuenta, por ejemplo, que en el cielo tendrán preferencia las meretrices. Lo dijo porque entre sus primeros discípulos habría alguna. Convertida, eso sí. Y su conversión debió despertar el escándalo de más de un puritano que, en el fondo y en la forma, no creía en la capacidad de Dios para perdonar.

Dostoievski hace una radiografía del alma perturbada en “Crimen y castigo”. Al joven Raskólnikov le persigue el peso de la culpa después de haber asesinado a una vieja prestamista y a su inocente hermana. Y es precisamente una prostituta de aquel paupérrimo San Petesburgo, la miserable Sonia que compra con el precio de su virtud el alimento para su familia, quien le narra la resurrección de Lázaro como muestra de que Dios es capaz de vivificar hasta la carne podrida. La piedad de una ramera conmueve el alma enferma del asesino y el corazón del lector, que descubre el sello indeleble de la misericordia a través de las páginas de una novela imperecedera.

domingo, 14 de junio de 2009

La "movida"


Alfonso Aguiló
www.interrogantes.net

Es al menos para pensar

"No sé si está bien o mal... –me decía en cierta ocasión un genuino representante de la movida–, pero me gusta y lo hago.

"Después de la paliza de toda la semana de clases, lo que te apetece es estar con la gente, ver a los amigos..., y no me voy a comer el coco con más.

"La movida es imprevisible. Sales por la noche con la gente y nunca sabes bien qué harás, ni con quién, ni a qué hora acabarás, ni dónde, ni cómo..., pero eso es parte del encanto.

"A veces te aburres, y a veces bebes más de lo normal y luego te da un poco de vergüenza cuando te cuentan las cosas que hiciste...

"Eso sí, te dejas un dineral, hay que tener unas finanzas saneadas. Y al día siguiente tienes un sueño terrible y a veces te duele la cabeza. Es el precio de divertirse..."

Ante relatos como este, no se trata de abominar tontamente de la movida, sino de alentar a que cada uno analice serenamente sus modos de divertirse.

Por ejemplo, la movida impone de ordinario un estilo que con frecuencia conduce al exceso de alcohol, a las drogas de diseño, a la ansiedad por mantener relaciones sexuales en un marco de consumo de alcohol o pastillas, etc. Además, para muchos lleva a una notable incomunicación, y es fácil que en vez de salir enriquecidos salgan empobrecidos, más aislados y solitarios, a pesar de que hayan podido alcanzar algún que otro logro hedónico tras la larga noche de vigilia.

Un chico o una chica, a las once de una noche de un viernes o un sábado, o de un día cualquiera de verano, cuando sale a la movida, no suele ir con una idea clara de lo que quiere. Tampoco sabe si tomará cinco o seis whiskyes, diez cubatas, o tal vez sólo un zumo de limón. No sabe si probará el porro del que se sienta a su lado, o si se empastillará en una discoteca, o si no probará ni un cigarrillo negro. No sabe si acabará en el nido del listillo de turno, o si acabará tomándose una paella a las siete de la mañana en un restaurante a la salida de la ciudad.

Sin perder las riendas

— Tampoco se trata de que la diversión tenga que estar totalmente programada...

Por supuesto, pero si uno habitualmente no ejerce un cierto control sobre lo que quiere hacer a la hora de emplear su tiempo libre, acabará en manos de lo que le ofrece el ambiente a cada momento, y eso no es lo más inteligente (al menos en determinados ambientes).

Habría que alentar la creatividad de todos para que haya muchos modos de ocupar esas horas libres sin tener que recurrir a sistemas de divertirse que se acaban imponiendo simplemente porque lo hace todo el mundo y no se ofrece otra cosa. Es preciso hacer un derroche de imaginación para buscar alternativas válidas. Hay infinitas posibilidades relacionadas con el cine, el teatro, el deporte, la lectura, o lo que sea. Se pueden organizar tertulias, viajes, fiestas, excursiones, aficionarse a tocar un instrumento musical con otros, cultivar hobbies diversos, conocer otros tipos de lugares o diversiones, etc. Pienso que hay muchas opciones interesantes, y que en cualquier caso es decisivo llevar uno mismo las riendas de su modo de emplear el tiempo libre.

jueves, 7 de mayo de 2009

En el bicentenario de Darwin


Alejandro Navas
Profesor de Sociología
Universidad de Navarra
Diario de Navarra

"Hasta el sol tiene manchas"

"Los temerarios, los degradados y los miembros viciosos de la sociedad tienden a multiplicarse en proporción más rápida que los virtuosos y de buenas costumbres". Esta contraposición que lleva a cabo Darwin no se aplica tan sólo a las razas inferiores frente a las superiores, sino que vale también para el interior del Reino Unido: "El negligente, escuálido irlandés, exento de ambiciones, se multiplica como los conejos; el frugal, previsor escocés, respetuoso de sí mismo, severo en su moralidad, espiritual en su fe, cauto y disciplinado en su inteligencia, pasa sus mejores años en lucha para resolver su existencia futura, se casa tarde y deja pocos hijos". En consecuencia, Darwin teme que si no se pone freno a esa previsible evolución natural, el elemento celta acabe desplazando al sajón.

Estamos celebrando con gran relieve el bicentenario de Charles Darwin, y sin duda que nos encontramos ante una figura genial, que ha conformado como pocos nuestra visión del mundo. Tanto en los ambientes científicos como en los medios de comunicación se multiplican los elogios. Me parecía oportuno llamar la atención sobre alguna faceta menos positiva y que no está siendo mencionada por los hagiógrafos y comentaristas en general. El editor francés del Origen del hombre (1981), que es la obra de la que están tomadas mis citas, se plantea esta cuestión en el prefacio, y como buen darwinista, intenta lavar la cara a su maestro: "Lo repetimos: Darwin no ha sido un racista militante. Sí que es un victoriano, un inglés convencido de la superioridad de su nación y de su raza. Y sin ánimo malicioso ha dado (y sigue dando) numerosos argumentos a los partidarios del racismo". Lo mismo se podría decir del machismo: Darwin considera a la mujer como un ser inferior, y no cuenta con que esa desigualdad vaya a remediarse en un futuro próximo.

Su influencia en diversos países

El racismo y la eugenesia que se deriva de él no constituyen algo meramente anecdótico en la visión darwinista del mundo. Darwin se hace eco e incorpora a su pensamiento las tesis de H. Spencer, que aplica el evolucionismo a la vida social, y de W. Galton, que pasa por ser el padre de la eugenesia. Se trata de intervenir activamente, desde el gobierno y la ciencia médica, para mejorar la calidad de la raza e impedir que grupos o individuos defectuosos se reproduzcan. En el final del s. XIX y primer tercio del XX ésa era la opinión dominante en los países occidentales. Estados Unidos es pionero en la legislación y la puesta en práctica de políticas eugenésicas. En la sentencia del Tribunal Supremo sobre el famoso caso "Buck contra Bell" (1927) escribía el juez Holmes: "Es mejor para todo el mundo que la sociedad impida que se reproduzcan los que son claramente incapaces". De todos modos, pronto surgieron reparos, y poco después ese mismo tribunal declaró inconstitucional la esterilización forzosa de ladrones de gallinas y bandidos en general. Esa mentalidad entra en Europa a través de Suiza, de donde se exporta entre otros a la Alemania nazi. De modo paralelo, Stalin –gran lector y admirador de Darwin– crea en los años veinte la "Sociedad Rusa de Eugenesia", uno de cuyos proyectos estrella debía ser la producción de un híbrido hombre-gorila, llamado a suministrar mano de obra para la industria y soldados para el ejército.

Hoy como ayer

Los horrores del régimen nazi no significaron, ni mucho menos, el final de esas políticas. Al cabo de cincuenta años hemos sabido que las naciones más avanzadas y democráticas del mundo –los mismos Estados Unidos, Suiza, Canadá, Suecia y Japón, entre otras– habían seguido aplicando esas prácticas. Los escándalos fueron más que notables y las autoridades se sintieron en la obligación de pedir perdón y anunciar el final de esa praxis, pero esos mismos gobiernos se han negado en general a indemnizar a las víctimas que se han atrevido a denunciar sus casos, invocando la legalidad de esas intervenciones.

¿Y qué sucede al día de hoy? Pienso que no hay motivo para la autocomplacencia. Ana Peláez, la portavoz del Comité de la ONU para la Discapacidad, denunciaba recientemente el carácter discriminatorio del aborto eugenésico. Considero especialmente grave el que a las políticas más o menos solapadamente eugenésicas que siguen aplicando algunos gobiernos se sume una eugenesia desde abajo, de la gente de la calle: "Sólo quiero a mi bebé si está completamente sano", sería el lema. De ahí a la eliminación de los que no cumplen los niveles de calidad deseable no hay más que un paso. Y ahora no son monstruos como Hitler o Stalin quienes dictan la sentencia de muerte, sino padres que quieren "lo mejor" para sus hijos.

viernes, 1 de mayo de 2009

El sida, en África como en Washington. Y lo que el Papa dijo en África.


Ignacio Aréchaga
La Gaceta

La más alta de Estados Unidos

Hay un tipo de periodista occidental que cuando va en el avión del Papa a África ya tiene una pregunta preparada, que a su juicio resume todo el viaje: ¿Por qué la Iglesia no bendice el preservativo para luchar contra el sida que causa tantas muertes en África? Si el Papa da una respuesta con matices, en la que hace ver que la prevención del sida exige cambios de conducta más profundos sin los cuales el mero uso del preservativo no mejorará la situación, este periodista sólo retendrá una idea: la Iglesia rechaza el preservativo para combatir el sida, y a partir de ahí ejercerá su derecho a escandalizarse en titulares.

La escena ha vuelto a repetirse en el viaje de Benedicto XVI a Camerún y Angola. Lo que el Papa dijo es que “no se puede resolver este flagelo simplemente con la distribución de preservativos; al contrario, existe el riesgo de aumentar el problema. La solución sólo se logrará actuando en dos frentes. El primero es una humanización de la sexualidad. En segundo lugar, una verdadera amistad, sobre todo con las personas enfermas. Estos son los factores que ayudan a progresos visibles”. Y señaló cómo la Iglesia católica está absolutamente presente en esta lucha contra el sida, con su servicio a los enfermos. Para los críticos de esta postura, todo lo que no sea distribuir condones es “irrealista y poco eficaz”. Pero no da la impresión de que sean condones lo que más escasee en África.

Tampoco en Washington los preservativos han sido la panacea para la prevención del sida. Según un informe, un 3% de los habitantes está infectado por el VIH, lo que supone haber sobrepasado el umbral del 1% que define una “generalizada y severa” epidemia. “Nuestra tasa es superior a la de África Occidental”, ha dicho Shannon L. Hader, directora del programa sobre el sida en el distrito. Washington D.C. tiene la tasa más alta de infección de EEUU.

Es el mismo problema

Tampoco en Washington el problema parece ser el acceso a los preservativos. De hecho, hay un programa de distribución gratis de condones, que el año pasado proporcionó 1,5 millones de unidades. Según el informe, el sexo entre homosexuales sigue siendo la principal fuente de contagio. Según otro estudio sobre las relaciones heterosexuales en el distrito hecho por la Escuela de Medicina de la George Washington University entre 750 participantes, casi la mitad de los encuestados reconocen haber tenido varias parejas sexuales simultáneas en los últimos doce meses. Tampoco queda lejos el contagio por drogas intravenosas.

Cabe pensar que sería muy sano en Washington lograr esa “humanización de la sexualidad”, que propugna Benedicto XVI. La situación de Washington indica también que la lucha contra el sida va muy unida a la lucha contra la pobreza. Entre los encuestados el 60% dice ganar menos de 10.000 dólares anuales, un porcentaje similar no ha estado nunca casado y un 43% están desempleados. Son situaciones que, como en África, no se arreglan con preservativos.

Cuando el único cambio que se propugna es el uso de preservativos, puede ser la excusa para soslayar los cambios de conducta que exige una vida sana. Es un criterio que sirve tanto para África como para Washington.

Lo que no se entiende es por qué le preguntan al Papa por el sida cuando viaja a África y no cuando va a EEUU.