martes, 28 de abril de 2009

¡Me gusta ir de boda!



Remedios Falaguera
ConoZe.com

Aunque pretendan otra cosa

Estamos rodeados de casos de roturas familiares dolorosos que producen graves heridas en todos sus miembros, nos pretenden vender el matrimonio como una realidad que anula el libre desarrollo de nuestra personalidad. Vivimos una época marcada por el hedonismo y la inmediatez de satisfacciones que nos lleva irremediablemente a rechazar el compromiso, trivializar la sexualidad y, disociar matrimonio y descendencia haciendo que cada vez sea más difícil encontrar modelos que nos sirvan de referencia.

Aun así, ¡me gusta ir de boda! Ver a una pareja joven traspirando por todos los poros de su piel la ilusión de regalarse al otro, la alegría y coraje en el compromiso de «querer quererse» el resto de sus días, me llena de satisfacción. Mirarles a los ojos y darme cuenta de que no solo se casan porque se quieren, sino que se casan porque se querrán más aun en el futuro es como un remanso de aguas limpias en la profundidad de la charca sucia y maloliente en la que muchos pretenden que vivamos.

Para muchos, este maravilloso reto de darse y unirse en matrimonio para toda la vida, se presenta como un ideal inaccesible, como un deporte de alto riesgo, aparentemente peligroso y bajo unas condiciones especiales. Pero si nos planteamos el verdadero significado del matrimonio, y lo que de él se deriva, las responsabilidades que asumimos y la aventura que supone el «siempre te volvería a escoger a ti», sabremos que con mucho esfuerzo y una preparación adecuada somos capaces de hacer rafting, o mejor dicho, somos capaces de amar.

La adecuada disposición

Dicen los expertos en este tipo de deportes, que no necesitas mucha preparación física. Únicamente hay que tener en cuenta una serie de precauciones antes de realizar este tipo de actividades: «Es preciso realizar un cursillo, que se suele impartir por el monitor poco antes de iniciar el descenso. Además deberemos elegir trayectos adaptados a nuestro nivel. Pero lo más importante es mantener la calma en las situaciones difíciles, pensando que es un deporte de equipo y que la coordinación con los demás componentes del grupo es fundamental».

¡Me gusta ir de boda! Me gusta porque me recuerda que en este nuevo proyecto, que en mi caso solo dura 23 años, no es facil mantener el equilibrio y requiere un poco de esfuerzo. Por lo tanto, no podemos perder nunca el asombro por la naturaleza creada y antes de tomar impulso cada día, deberemos revisar los materiales y comprobar la fuerza de las aguas para adecuarnos a ellas. Una vez hecho todo esto, lanzarse a esta locura por hacer con nuestro «otro yo» es el deporte de alto riesgo más ...recomendable para la salud.

sábado, 25 de abril de 2009

“Cuando abortas sientes abandono y silencio, nadie quiere escucharte”


Entrevista con Esperanza Puente, sobre su libro-testimonio sobre aborto.

Se acaba de publicar en España "Rompiendo el silencio" (Editorial LibrosLibres), escrito por Esperanza Puente, que abortó hace quince años y hoy cuenta su experiencia de dolor y soledad. Además, la autora relata también casos de hombres y mujeres que ha conocido y que, al igual que ella, han sufrido el síndrome post-aborto. Un testimonio en primera persona de una terrible realidad oculta hasta la publicación de este libro.
MADRID, lunes 6 de abril de 2009 (ZENIT.org)

Rompiendo el silencio: testimonios de mujeres que sufrieron un aborto provocado
Esperanza Puente


¿Por qué escribir un libro contando tu propia experiencia de aborto? ¿Ayuda a cerrar la herida o a reabrirla?

Lo he escrito para dar a conocer a la opinión pública una realidad social oculta y que se sepa lo que una mujer sufre cuando aborta. Los 23 años que lleva la ley del aborto funcionando en representan un fracaso y una lacra para la sociedad española. También he querido que, además de mi testimonio, aparecieran otros de hombres y mujeres que forman parte de mi vida y cuyo caso me afectó especialmente. Son casos además representativos de distintos ámbitos y circunstancias. Pero, insisto, lo he escrito sobre todo para expresar esta realidad: lo que se vive y se sufre antes, durante y después de un aborto provocado.

¿Y qué se sufre?

Antes del aborto, cuando una mujer está embarazada, sigue sintiéndose sola, indefensa y desamparada. Nadie le explica qué opciones tiene, que abortar no es una solución sino un gran problema, que hay gente que le puede ayudar en sus preocupaciones...

Durante el propio aborto se siente dolor y desgarro. Es como una herida mortal que te deja devastada por dentro, física y mentalmente.

Después de acabar con tu embarazo, lo que sientes es abandono, silencio y soledad. A nadie le interesa escuchar a la mujer e intentar ayudarle en su problema, lo cual es una losa añadida al síndrome post aborto que de por sí sufre. En mi caso, sufrirlo en silencio me llevó a ser un "muerto viviente": tenía ansiedad, pesadillas, culpabilidad, me autolesionaba mirando niños... Llegué a pegar a mi propio hijo, momento en el que decidí que tenía que buscar ayuda. Y mi caso no es algo aislado, cada día hablo con mujeres a las que les pasa lo mismo. Por esto mismo tenía que contarlo en un libro.

Ante esto, ¿qué deberíamos hacer todos y qué debe hacer el Gobierno?

La sociedad debería tomar conciencia, adquirir formación en este tema para no dejarse engañar con eufemismos sobre la vida y muerte.

El Gobierno, por su parte, también debe tomar conciencia de lo que significa un aborto provocado para la mujer, y tiene que realizar un ejercicio de honestidad moral y admitir que no existe una demanda social para esta medida. La realidad del aborto está ahí, las consecuencias las vemos todos. Espero sinceramente que no apruebe esta nueva Ley que tiene tanto interés en sacar adelante.

¿Por qué?

El problema de este proyecto de ley es que se ha hecho sin consenso, porque comenzó creándose un comité de expertos pro-aborto. Ante la crítica unánime de todos, que pedíamos un comité en el que se pudiera oír la voz pro-vida y pro-mujer, el Gobierno creó una subcomisión para que cada grupo parlamentario presentara a sus expertos y se sacaran conclusiones. Pero la única conclusión es que ha sido un paripé, yo he participado y nadie del Gobierno tuvo la educación o la decencia de escuchar mi testimonio. Además, una vez que se ha sabido qué es lo que el Gobierno quería aprobar, se comprende que no ha tenido en cuenta a todos los que participamos en esa subcomisión. Creo que ha sido un escándalo.

¿A qué te dedicas actualmente? ¿Has entregado todo tu tiempo a esta causa?

Soy portavoz de la Fundación REDMADRE, una red solidaria de apoyo a la mujer que se enfrenta a un embarazo inesperado con dificultades. Informamos completa y verazmente, y además ofrecemos opciones porque creemos que la información da libertad. Si la mujer no está informada, se le aboca a sufrir un aborto, como cordero llevado al matadero.

¿Te ayuda personalmente a superar tu propio síndrome post-aborto escuchar a otras mujeres que pasan por lo mismo?

Sí, para mí es como una segunda liberación. Es cierto que cuando empecé a colaborar ya lo tenía superado, pero psicológicamente me ha ayudado.

miércoles, 22 de abril de 2009

Arantza Quiroga


Juan Manuel de Prada
ABC

Por ser libre

LOS voceros del Mátrix progre han reaccionado como la niña del exorcista ante unas declaraciones de la nueva presidenta del parlamento vasco, Arantza Quiroga, en las que se atreve a formular sin ambages su defensa de la vida desde la concepción y su acuerdo con las declaraciones recientes del Papa que solicitaban una humanización de la sexualidad. Pero la frase de Arantza Quiroga que más pataletas ha causado en el Mátrix progre es aquella en la que, sin juzgar lo que cada quisque haga con su vida, afirma: «Yo nunca usaría el preservativo». Lo cual, considerando que Arantza Quiroga es una mujer casada, significa algo tan simple como que aboga por la fidelidad conyugal; pero algo tan simple como abogar por la fidelidad conyugal constituye, por lo que se ve, un pecado gravísimo en el Mátrix progre, que se ha apresurado a calificar a Arantza Quiroga de ultraconservadora, ultracatólica y no sé cuántas soplapolleces más.

Arantza Quiroga reclama que se respete su opción de vida, como ella respeta otras formas de vida, sin que se la moteje de friqui. Arantza Quiroga encarna una opción de vida que, en efecto, el Mátrix progre escarnece y denigra incansablemente, señalando a las personas que la practican como peligrosos subversivos. ¿Y por qué lo hace, si a fin de cuentas esa opción de vida constituye una elección personal que no anhela imponerse sobre otras? Por una sencilla razón: el Mátrix progre persigue la virtud, pues sabe bien que la virtud es una formidable coraza contra su dominio; pero a la vez que la persigue la envidia, porque, en su fuero íntimo, las personas sin valores codician los valores que no alcanzan, como la zorra de la fábula codicia el racimo de uvas. Pero como esos valores le resultan inalcanzables, el Mátrix progre empieza por desdeñarlos rencorosamente, como hace la zorra de la fábula, convenciéndose de que las uvas están agraces. Más tarde, el Mátrix progre odia esos valores, los odia con minuciosidad y encono, y finalmente trata de invertirlos, retratando caricaturescamente a las personas virtuosas como seres repelentes o hipócritas.

El atractivo de la inmundicia

Una prueba de este proceso mental -ampliamente estudiado por la psicología-, que hunde sus raíces en el resentimiento más infame y cochambroso nos la ofrecía la semana pasada el gran estadista Pepiño Blanco, cuando afirmaba que las personas que encabezaban la manifestación contra el aborto son las mismas que luego abortan de tapadillo. Como el gran estadista Pepiño Blanco es incapaz de alcanzar el bien que movía a las personas que se manifestaban contra el aborto, necesita rencorosamente ensuciar ese bien, inalcanzable para él, e invertirlo, echando mano si es necesario de la infamia más burda y rastrera. Y una explicación psicológica semejante requiere la furiosa reacción del Mátrix progre ante las declaraciones de Arantza Quiroga. Nada consuela tanto al Mátrix progre como respirar una atmósfera donde la gente chapotea en los lodazales de la corrupción, convertida en piara; una atmósfera donde hasta las personas nobles se avergüenzan de su nobleza. Y nada le subleva tanto al Mátrix progre como una persona noble que desafía ese mandato de silencio, proclamando sin ambages su opción de vida.

Arantza Quiroga ha tenido valor para desafiar ese mandato de silencio. Y, para más inri, es inteligente, desenvuelta y hermosa: no concuerda con ese arquetipo de friqui lerdo, reprimido y más feo que Picio que el Mátrix progre ha impuesto caricaturescamente para caracterizar a las personas nobles. Auguro que Arantza Quiroga será perseguida con minuciosidad y encono por el Mátrix progre; pero también auguro que se convertirá en un espejo gozoso para muchas personas huérfanas de un modelo de nobleza. Zorionak, Arantza!

sábado, 18 de abril de 2009

La educación en positivo


Itxaso Valdajos
Licenciada en magisterio Educación Infantil (UPV).
Master en educación y asesoría familiar
Profesora del Colegio Erain-Txiki

La decisiva importancia del optimismo

El objetivo final en la educación de un niño consiste en que termine por encauzar su vida por sí mismo. Una buena estrategia para conseguirlo, consiste en reforzar las buenas actitudes, es decir, alabar la parte positiva del comportamiento del niño en vez de recriminarle todo el día sus malas acciones.

Los niños necesitan saber que nosotros, tanto padres como profesores, estamos satisfechos con ellos. Es su gran triunfo y recompensa.

Con esta actitud conseguiremos que el niño por ejemplo sea generoso, en vez de estar recalcándole todo el día lo “egoísta” que es. Si alabamos a un niño cuando hace bien las cosas, se sentirá estimulado para continuar su buen comportamiento, se sentirá feliz y lleno de satisfacción. Si el niño nota que sus padres y/o profesores están contentos cuando obedece, en su subconsciente rechazará la actitud de la desobediencia.

Es preferible emplear más tiempo en alabar los buenos comportamientos en los niños que castigar sus malas acciones.

Pero, ¿qué podemos hacer nosotros, padres y profesores para contribuir a mejorar el comportamiento y actitud de nuestros niños?. Adoptar actitudes positivas, por ejemplo:

Sonreírles a menudo y contagiarles nuestro buen humor. Para ello dejaremos el cansancio acumulado o nuestros problemas fuera de la clase o de casa.

Procurar ver el aspecto positivo de las cosas.

Cuando no podamos más contar hasta diez.

No ver problemas donde no los hay.

Ir por delante de ellos dándoles ejemplo. No podemos exigir a un niño que haga lo que nosotros no somos capaces de hacer.

Explicarles las cosas en el momento oportuno.

No caer en la tentación de pensar que los niños son demasiado pequeños para entender las cosas. Ellos entienden más de lo que imaginamos. A los niños hay que enseñarles a escuchar.

Sin amenazarles, ya que no siempre cumplimos esas amenazas. Los niños no nos tomarán en serio y perderemos toda credibilidad.

jueves, 19 de marzo de 2009

'La decisión de Iñigo'



Hacía ya un tiempo que había notado un cambio importante en él. Su perenne sonrisa ya no era la misma: reflejaba una felicidad envidiable. Me preguntaba qué o quién podía habérsela contagiado. No solíamos guardarnos ningún secreto. Mi primo Iñigo y yo hemos sido inseparables desde pequeños.

Beatriz Jiménez Castellanos
16 años (Colegio La Vall, Barcelona)


le iba bastante bien

No obstante, por primera vez, no lograba imaginarme qué era aquello que llevaba entre manos. Pronto pensé que habría conocido a la mujer de sus sueños. Pues, a pesar de su éxito entre las chicas, nunca se había decantado por ninguna en concreto. Iñigo no es guapo, pero su tez morena, sus ojos color miel y su configuración atlética por jugar a hockey, le hacen muy atractivo. Además, sabe combinar su fuerte carácter con afabilidad. Todo el mundo se encuentra a gusto a su lado. Tiene la risa constantemente a flor de piel, lo que le hace soltar carcajadas por cualquier tontería.

De chico, repetía que quería ser pintor. Tiene gran facilidad para el dibujo. Sin embargo, a medida que crecía, se daba cuenta de que, a causa de su alta capacidad para las matemáticas, podía dar mucho más de sí en el ámbito de las ciencias. Por eso, el curso pasado, empezó a estudiar Arquitectura.

Su vida estaba completa: una carrera apasionante, una buena familia, centenares de amigos y un futuro prometedor. Eso creía yo, aunque más tarde me confesó que se sentía vacío, que notaba que le faltaba algo.

Temor al principio

Asistir a clases en la universidad por la mañana, entrenar a hockey, practicar con los del grupo de música que había formado un par de años antes, estar con los amigos, salir de fiesta, esquiar durante el invierno y trabajar en una librería por las tardes, con tal de ahorrar dinero para pagarse un verano en Estados Unidos, y de esta forma mejorar, aun más, su nivel de inglés, configuraba sus días.

Si bien, su corazón generoso le impulsó a dejar atrás los cálculos y a abrazar, con generosidad, algo completamente diferente. Tomó una decisión valiente y crucial, no sin cierto temor a equivocarse, miedo que se disipó en poco tiempo, cuando comprobó que lo que antaño le llenaba no podía siquiera compararse con la felicidad que ahora disfrutaba.

En una cena de cumpleaños, la recuerdo como si fuera ayer, se levantó para brindar. Entonces nos sorprendió a todos los presentes con una frase que me heló el corazón y me hizo sentir algo extraño y alegre a la vez.

— Si Dios no lo cambia –anunció con una sonrisa–, en unos años tendréis un amigo sacerdote.

miércoles, 18 de marzo de 2009

«ES QUE YA RALLAS» (II)


Javier Laínez

SER VIRGEN A LOS 20.

De Laura ya he contado en otra ocasión. Es la chica a la que su noviete dejaba volver sola a casa porque a él le dejaban sus padres una hora más de "movida". Hemos vuelto a encontrarnos cuando ella es una aplicada universitaria con dos carreras a cuestas. Sigue tan guapa, tan ilusionada y tan soñadora como siempre. Por desgracia, también ella ha notado el zarpazo de “la circunstancia” y piensa que su fe se ha ido a hacer gárgaras desde hace un par de años. ¡Vaya, como Iker! Lo que pasa es que Laura es de otra pasta. Tiene mucho dentro -tierra buena- y pelea como una leona para que su interior no se desmorone. Lloraba hasta provocar ternura porque a sus veinte años sigue conservando su pureza y su integridad virginal.

En los ambientes medio bohemios en los que se mueve -una de sus carreras es Arte Dramático- no deja de ser una provocación comportarse así. Se le saltan las lágrimas (¡Nunca tengo kleenex a mano!) porque empieza a no entender en qué narices se fundamenta su actitud. Intenté animarla, le hablé de la hermosura de la castidad, del amor verdadero con el que sueña y llegué a decirle aquello de ser “un lirio en medio del estercolero”. Esto último no pareció convencerla del todo. No le gusta singularizarse.

Pensaba en algo que he leído en el Catecismo[1]. El yo del que venimos hablando se identifica con lo que en la Biblia se llama corazón, y se describe como “la morada donde yo estoy, donde yo me adentro. Es nuestro centro escondido (...) es el lugar de la decisión, en lo más profundo de nuestras tendencias psíquicas. Es el lugar de la verdad”. Lo que Laura intuye -aunque no lo sepa- y lo que Iker ha decidido ignorar, es que el corazón es insondable. Nadie puede llegar a su fondo, ni nuestra razón ni la de otros. Salvo Dios. Por eso, dejar que “la circunstancia” malbarate ese tesoro no deja de ser una gran pérdida.

LA REVOLUCIÓN CULTURAL.

No creo que haya muchos estudiantes del bachiller actual que sepan lo que fue la Revolución Cultural de la China de Mao. Tampoco es que yo sepa mucho, pero me impresionó vivamente lo que cuenta Jung Chang en su libro “Cisnes salvajes”. Cuando ella era una adolescente, vulnerable e insegura, se vio empujada a formar parte de la Joven Guardia Roja. Se les entregó un lema: “Destruid primero; la reconstrucción llegará por sí misma”. ¡Qué luchas tremendas en su corazón cuando la obligaban a apalear a viejecillos -calificados de burgueses y contrarrevolucionarios- por el grave delito de tomar el té en los pocos locales públicos que iban quedando! ¡Qué desconcierto al hacer lo que le repugnaba! Un mundo de indignación hervía contra esa destrucción colectivizada de su yo. Pero Jung Chang peleó -como espero que sepa hacerlo Laura- y venció. Aquella patraña no se comió su corazón.

En una revista universitaria he tropezado con los versos de un poeta chileno, Pablo de Rocka. Estremecedores: “Soy la multitud y estoy solo”/ Cantaba en la adolescencia, / Solo, y definitivamente solo, / No adentro de la multitud, / Sino con la multitud adentro”. Hay en lo más íntimo de lo que yo soy un ansia de expandirse que nunca podrán comprar los mercaderes de lo efímero. Hay mundos enteros, multitudes, que quieren enriquecer al mundo y no diluirse en el triste anonimato de los que simplemente miran escaparates. Y ya que hablamos de poetas chilenos, he aquí otro -Ibáñez Langlois- con la solución al acertijo: “A los buscadores del infinito por cuenta propia / se les hace saber / que el objeto de sus nobles y erráticas exploraciones / ha sido ya encontrado en una cruz / el viernes de Nisán en las afueras de Jerusalén”. Laura, guapa, toma nota.

CHRIS O’DONNELL, ATTICUS FINCH Y JUAN PABLO II.

Recomendaría sin dudarlo a muchos universitarios que vieran la película Esencia de mujer. La trama principal es toda de Al Pacino, pero la secundaria es un dilema impresionante en el que el joven Charlie (Chris O’Donnell) pelea para no dejar que “la circunstancia” (chivarse de unos compañeros -imbéciles, por otra parte- a cambio de una beca) se meriende su yo (no soy un soplón ni cedo al chantaje). A quien le guste más lo clásico, puede deleitarse con los diálogos de Atticus Finch y su hija Scout en la maravillosa Matar a un ruiseñor. Una perla: Cuando la chica le pide a su padre que transija ante una injusticia para poder vivir en paz con los vecinos, su padre le espeta: “No deseo enemistarme con nadie, Scout, pero la primera persona con la que tengo que convivir es conmigo mismo”.

Y así podríamos seguir. Desde Sócrates hasta ayer mismo hemos encontrado en la historia quienes nos han enseñado que el valor de la persona y de su interioridad tiene algo de sagrado. Y es precisamente ese terreno sagrado en el que es posible encontrar a Cristo. Es Él quien de verdad conoce nuestro yo y puede hacer que cada uno lo descubra en la hondura de su propio corazón, redimido con la sangre de la cruz.

El verano de 2000 el mundo asistía estupefacto al espectáculo de un anciano Papa rodeado por dos millones de jóvenes en Tor Vergata (Roma). Él también tenía la solución al enigma y no parecía que a los oyentes les “rallase” su mensaje: “En realidad, es a Jesús a quien buscas cuando sueñas con la felicidad. Él te está esperando cuando no te satisface nada de lo que encuentras. Él es la belleza que tanto te atrae. Él es quien hace nacer en ti esa sed de radicalidad que te impide ser un conformista. Él es quien te está pidiendo que te quites esas máscaras que falsean tu vida. Él es quien sabe leer en tu corazón las decisiones más hondas, esas decisiones que otros querrían sofocar dentro de ti. Es Jesús quien suscita en ti ese deseo de hacer algo grande con tu vida; ese afán por seguir un ideal; ese rechazo a dejarte atrapar por la mediocridad; esa valentía que te lleva a comprometerte, con humildad y perseverancia, para mejorar: en primer lugar a ti mismo; y luego, a la sociedad, haciéndola más humana y fraterna. Querido joven del siglo que comienza: ¡decir sí a Cristo es decir sí a tus ideales más nobles!”. Pues eso.

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[1] Catecismo de la Iglesia Católica, n. 2563

lunes, 16 de marzo de 2009

«ES QUE YA RALLAS» (I)


Javier Láinez

En un mundo en el que han desaparecido casi todos los indicadores de los caminos...“Mil policías controlando el tráfico no pueden decirte de dónde vienes ni a dónde vas”.

En el diccionario, rallar es sinónimo de molestar. Hoy se entiende que un tío que ralla es un tío que marea con su rollo. La tragedia de algunos jóvenes es que te dicen que les ralla la insistencia que pones en que no se dejen arrastrar por el ambiente. Y todo porque llegan a creer que su yo no vale por sí mismo, sino por el valor que le dan los otros o, peor aún, por el imperio voraz de la circunstancias.

LOS DILEMAS DE GUSTAVO.

La barbaridad que Gustavo le había dicho a la camarera de aquel pub era tan bestia que sus amigos alucinaron. Se quedaron bocas, por decirlo en su lenguaje. Ninguno dudaba que era absolutamente incapaz de cumplir su parte en aquella proposición obscena. Y eso sin contar con que la chavala le sacaba más de diez años. Los que le conocen, saben que Gustavo está atado por un montón de prejuicios sociales y familiares, que acude a un colegio de pago, que se curra a tope cada evaluación y que en el fondo de su alma es un inocente con cuerpo de oso fondón. Pero la memez ya estaba dicha y las risas corrieron a la par que se extendía -exagerada- la narración de la hazaña por otros grupetes de coleguillas.

Uno de sus amigos, más noblote que él, le echó más tarde en cara aquella salvajada. “Me estás rallando, tío”, fue toda la respuesta de Gustavo. Una traducción de urgencia vendría a querer decir algo así como: “Me aburre que me recuerdes lo que ya sé”. Pero su amigo en aquella ocasión no se anduvo con chiquitas. Le arrinconó contra la pared y después de darle un par de galletas -no fuertes, pero sí bien dadas- le obligó a volver al bar y pedir perdón a la chica de la barra. Gustavo es muy cobardón y terminó haciéndolo. La camarera sonrió al ver el agobio del petimetre, arrugó un poco la nariz y le dio un cachetito en la mejilla mientras le sugería: “Madura, ¿vale?”

“Me tienen que dar dos tortas para que me caiga del guindo” -me contaba él mismo unos días después- “porque hasta ese momento estaba como en una nube. Cuando salgo por ahí me dejo la conciencia en casa. No sé ser yo mismo. Tengo que hacer la gracieta para no desentonar”.

YO Y MIS CIRCUNSTANCIAS.

Tengo un amigo -profesor de Filosofía- que se enfada un poco porque muchos de los que en su día tuvieron tiempo de estudiar a su admirado Ortega y Gasset en el ya extinto COU, no recuerdan a la vuelta de los años sino aquella frasecilla célebre: “Yo soy yo y mi circunstancia”. “Es de agradecer, asevera, que sean capaces de decirlo en singular y no el triste “mis circunstancias” que sueltan alegremente algunos paletos ilustrados que dominan los magazines de la radio”. A raíz de este chascarrillo, me ha dado por pensar que me vengo encontrando últimamente con muchos jóvenes talentos a los que “su circunstancia” les ha comido el “yo” con el mismo frenesí con el que el Cookie Monster se comía las galletas de todos en Sesamo Street.

Lo del pobre Gus no deja de ser una macarrada de tardoadolescente que sólo busca dar la nota. “Si hago las cosas como sé que debo hacerlas -argumentaba Gustavo- no tendré prestigio entre los demás. Tengo que decir cosas sucias a las camareras, hacer patochadas en clase, hablar mal de mis padres y aparentar que lo único que me importa son las pelas”. Lo que de verdad me aflige es la respuesta -”me estás rallando, tío”- a la llamada de la conciencia.

IKER YA NO CREE EN NADA.

Hace poco comí con Iker. Compartimos aulas y tardes de música durante un buen puñado de años. Era uno de mis catequistas más solventes. Ahora es un ejecutivo de prometedor futuro. Tras hablar de nuestros respectivos trabajos y de años de no vernos, llegamos a la almendra de la conversación. Se había desembarazado de su fe como si fuera ropa vieja. La apertura mental de la universidad, los atractivos modelos de pensamiento y de vida de los amigos, el despertar de un agudo sentido crítico y algo de comodidad -para qué engañarse-, le hicieron abrir los ojos.

Es curioso, pensaba yo más tarde, lo que se ha sembrado en este chico es mucho más de lo corriente. Tanto en su familia como en el colegio y en la universidad, la semilla que caía en los surcos de su alma era una semilla profundamente cristiana. A la vuelta de pocos años, cuando sale por fin de los confortables invernaderos en los que se ha formado, la semilla no sólo no ha dado fruto sino que ha desaparecido como por ensalmo.

He de reconocer (hay, lo siento, un deje de melancolía en esto) que la historia de Iker la he visto repetida, con mil acentos diferentes pero igual en sustancia, en muchos -demasiados- antiguos alumnos míos. Jesucristo habla de este tipo de situaciones en una parábola preciosa que puede encontrarse con explicación incluida en el Evangelio de San Lucas (8, 4-15). Jesús contempla dos resultados de la misma acción: sembrar, y el misterio se centra en dar fruto o no darlo. La simiente siempre es la misma mientras lo que cambia es el terreno. Tierra buena, esponjosa y fértil, de un lado. De otro, el suelo endurecido de un camino, el campo asfixiado por la malahierba o la baldía vaciedad de los pedregales.

El de Iker pretendía pasar por un proceso de conversión intelectual. ¿Qué te queda ahora?, le pregunté yo. “La gente, los amigos, las personas... Cada cual es un mundo y cada uno tiene un modo de interpretarlo”. -¿Y el tuyo?, seguí indagando. Me refería a su mundo y a su interpretación. Hubo como un destello de sonrisa en sus ojos claros. Lanzó desafiante su respuesta como quien exhibe una tarjeta de visita de esas modernas: mucho coco y mucho diseño en una cartulina de ocho por cuatro: “Mi mundo es mirar”. Debí suponerlo. No en vano se dedica al cine. A vender cine, ojo, no a crearlo.

MIRAR LOS ESCAPARATES.

El programa de vida que se reduce a mirar al escaparate sin sentirse protagonista de nada y la estética del video-clip, con su desenfado insustancial, son un peligroso sucedáneo de la interioridad. En un mundo en el que han desaparecido casi todos los indicadores de los caminos, si al final no somos más que una pieza perdida del puzzle social sin brújula alguna para orientarnos, no es de extrañar que nos “rallen” los sherpas voluntariosos que señalan alguna ruta segura. Y ni siquiera ellos solos, como bien señala el poeta T.S. Eliott: “Mil policías controlando el tráfico no pueden decirte de dónde vienes ni a dónde vas”.

Me preocupa la desaparición de la conciencia individual. Si, a fin de cuentas, la circunstancia se traga mi yo o lo políticamente correcto aventa de mi cerebro cualquier atisbo de originalidad, ¿cómo voy a saber quién soy yo? Dos guapas triunfadoras, Marta y Marilia, nos han hecho llegar ese mismo mensaje en su último disco: “Si nada es tuyo, nada es mío, ¿cómo repartimos los amigos? ¿cómo repartimos los recuerdos de este amor?” ¡Bien por las chicas de Ella Baila Sola! Y me atrevo a añadir: ¿Cómo voy a ser capaz de encontrar a Cristo, el único capaz de mostrarme, en su rostro, el mío?